Aniversario de Plata – Wicca: La antigua religión de la Nueva Era

T2eC16VHJF0E9nmFRo44BRVqCSzweg_35 Por : Vivianne Crowley  Traducción : Rvda Harwe Tuileva Este mes hace veinticinco años de la publicación de mi libro Wicca: La antigua religión de la nueva era. Desde entonces, Wicca ha sido reeditado con dos subtítulos diferentes y ha sido traducido al alemán, inglés, holandés, noruego e italiano, estando traduciéndose a más idiomas. Ahora, habiendo pasado un cuarto de siglo, podemos reflexionar sobre cómo está evolucionando el camino espiritual que es la Wicca. Un libro de “tercera generación” La primera generación de libros sobre la religión de la brujería inspiró la Wicca contemporánea que muchos de nosotros practicamos hoy día. Las obras de Charles Leland, Margaret Murray y Gerald Gardner reflejaban el anhelo por los dioses antiguos. Sin esos pioneros la Wicca no existiría tal y como existe actualmente. En la década de los 70 y los 80 surgieron los autores de la segunda generación, tales como Doreen Valiente, y Stewart y Janet Farrar, que desarrollaron los rituales y las prácticas de la Wicca y le dieron a la gente el conocimiento que les permitió practicar el Arte por sí mismos. A partir de 1979 se sucedieron veinte años en los que se escribieron muchos libros, confeccionados por una tercera generación, que ampliaron aun más los horizontes del Arte. La visión feminista y centrada en la Tierra de Starhawk en La Danza en Espiral: el renacimiento de la antigua religión de la Gran Diosa inspiró el eco-activismo y a las brujas feministas. Wicca: una guía para el practicante solitario de Scott Cunningham sirvió de inspiración a quienes no podían o no querían pertenecer a un grupo. Mi libro Wicca se basó en mis conocimientos de Psicología junguiana para mostrar cómo la Wicca iniciatoria podía ser un camino de transformación personal y espiritual. El Libro de las Sombras, un viaje para la mujer moderna hacia la sabiduría de la brujería y la magia de la Diosa, de Phyllis Currot, inspiró a miles de mujeres a encontrar la realización espiritual a través de la brujería contemporánea. Cada generación ha ayudado a construir la siguiente, evolucionando a partir de las contribuciones de sus predecesores. Wicca y transformación espiritual Escribí Wicca cuando la había estado practicando durante 15 años. Lo que había visto hasta ese momento era el potencial de la Wicca para transformar a la gente. Muchos de los procesos que he observado en la gente al trabajar con sistemas iniciatorios se manifestaban a través del viaje de crecimiento que Carl Gustav Jung llamó “individualización”. Al exponer nuestro mundo interno a los Dioses y a aquéllos que comparten el viaje espiritual con nosotros, nos transformamos. Ésta no es una transformación que suceda en unos pocos años, sino que es un proceso que dura toda la vida, que la Wicca iniciatoria puede nutrir, ayudar y desarrollar. El propósito de dicho viaje es el del Gran Trabajo: la transformación del ser como punto de partida de la transformación de la humanidad; ya que, si los individuos no cambian, la sociedad no puede evolucionar. Nuestro objetivo es crecer para situarnos más cerca de los Dioses: pasar de un compromiso de naturaleza egocéntrica para con el mundo, hacia un re-posicionamiento que nos libere de nuestras preocupaciones y nos permita ver el mundo desde una perspectiva más amplia, profunda y a largo plazo. La Wicca no es perfecta La Wicca es practicada por seres humanos imperfectos y por ello somos susceptibles de fallar, de la misma forma que cualquier otra tradición espiritual. Sin embargo, la Wicca es diferente del resto. Es practicada por mujeres y hombres de igual manera. No busca las riquezas, el poder mundano ni la creación de una estructura de liderazgo sustentado por los seguidores. Se practica principalmente en los hogares y los patios de la gente, en los bosques y los parques. Su estructura se basa en los grupos pequeños, con todos los retos y exigencias que esto conlleva. A pesar de la fragilidad de su estructura y de la evolución de formas de Wicca que resultan más accesibles y extendidas, la tradición iniciatoria tal y como fue revelada por Gerald Gardner ha sobrevivido y medrado. Por el camino, también ha evolucionado. A veces comparo la Wicca con una viña. En cada país en el que esa viña es plantada, el vino que ha producido ha tomado el sabor de la propia tierra. No obstante, en todos los países por los que se ha extendido (Gran Bretaña, América, Canadá, Países Bajos, Alemania, Escandinavia, Bélgica, Italia, Polonia, Australia, y muchos otros) la Wicca iniciatoria ha permanecido más o menos igual. Los lazos entre wiccanos de diferentes países se han hecho más profundos con el paso de los años. Internet y los viajes económicos han agrandado y fortalecido a la que ya fuera una comunidad internacional. En los encuentros de la comunidad en Europa se oye a la gente saludar a los cuartos no sólo en inglés, sino también en holandés, noruego, alemán, polaco, checo, irlandés, español, italiano, ruso… cada año, la lista se hace más larga. ¿Sobrevivirá y crecerá la Wicca? ¿Es la Wicca la última floración de la Era de Piscis, el anhelo romántico por un pasado mítico que se desvanece? ¿O es una religión natural para una era post-moderna, en la que lo femenino, la individualidad, la diferencia, la autonomía y autoridad personal, la aceptación del cuerpo y sus necesidades, y la voluntad para aceptar diferentes interpretaciones de lo Divino se aúnan armoniosamente? Esto es lo que escribí al final de Wicca, y lo que aún considero acertado hoy día: En lo más profundo de la psique humana,Nuestro Señor Astado ha esperado durante siglos a que volviera su tiempo. Llegado el momento, ha tomado de un roble en mitad del bosque su cuerno de caza, que no había sido soplado en milenios, y lo ha hecho sonar tres veces. Ha despertado a la Diosa de su ensoñación y ella, en una voz que suena como un arpa de plata, Ella ha recitado “La Carga de Arianrhod” diciendo:

Soy Arianrhod,l a del castillo en espiral junto al mar de plata,

Soy la última de mi raza,

No tengo principio ni tengo final:

Porque antes de que el tiempo y el cambio acontecieran,

Mi madre, la Diosa de las Estrellas, yació con el Señor de la Oscuridad, Y así me creó.

Estoy más allá de sonido y visión,

No se me puede tocar,

Soy la que habita más allá del velo de la materia.

Se preguntan si existo,

Yo contesto que sí, y que no a la vez,

Mas al final de ciclos y estaciones,

A Lo que algunos llaman Muerte,

Pero aquellos que han levantado mi velo llaman Vida;

Sobre las orillas del mar del Tiempo me encontraréis,

Con la cabeza girada hacia el viento,

Caminando por entre las olas de los eones,

y esperando Vuestras idas y venidas.

En verdad fui, soy y seré,

Cuando todo haya desaparecido de tu recuerdo,

Soy algo que posees,

Y soy algo que buscas,

Soy la pregunta y también la respuesta;

Soy lo que ata y también lo que libera;

Soy el principio de las cosas y el final;

Búscame y conóceme, porque soy la que soy.

La Diosa y el Dios Astado se han alzado de su ensoñación y han llamado a sus devotos, del este y el sur, del oeste y el norte. Han susurrado en sueños a quienes los aman: “Buscadnos, encontradnos, conocednos: caminad el sendero que se encuentra entre los mundos”.   Podéis encontrar sus libros aquí: http://www.amazon.co.uk/Vivianne-Crowley/e/B000APA938/ref=ntt_athr_dp_pel_1   Fuente: www.patheos.com ,

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