La emperatriz

El símbolo debe expresar la idea de generación, de corporización en todos los
mundos.
RELACIONES:
JEROGLÍFICO PRIMITIVO: La mano en la acción de asir.

CÁBALA: Binah
ASTRONOMÍA: Venus
DÍA: Viernes
LETRA HEBRAICA: Ghimel (doble)

SIGNIFICACIONES
Dios el Espíritu Santo “Horus”
LA FUERZA ANIMATRIZ UNIVERSAL
iod de vau
vau-vau
Adán-Eva
LA HUMANIDAD
hé de vau
vau-vau
El Mundo
vau de vau
vau-vau
2° hé de vau
vau-vau

UNA MUJER VISTA DE FRENTE
Es en los costados de la mujer que el ser humano se reviste de su cuerpo, se corporifica.
La mujer aparece con alas, o bien en el centro de un sol radiante.
“Idea de la espiritualidad del principio animador de los seres.”
Aprisiona un águila en su mano derecha.
“El águila es el símbolo del alma y de la vida (Espíritu Santo).”
En su mano izquierda ostenta un cetro, signo astrológico de Venus.
“El cetro está sostenido por la mano izquierda para indicar la influencia
pasiva que ejerce la naturaleza, Venus-Urano, o la mujer durante la
generación de los seres.”
Está coronada por una corona de doce puntas o también de doce estrellas.
“Signo de la difusión del principio animador a través de todos los mundos y
del sol a través del zodíaco.”
La tercera lámina del Tarot muestra el resultado de la acción recíproca de los dos
primeros términos que se neutralizan en un mismo principio. Es éste el “elemento
neutro” de Wronski, base de cualquier sistema de realidad.
La fuerza creadora u Osiris y la fuerza conservadora o Isis se neutralizan en la
fuerza equilibrante, que resume en ella las propiedades, tan diferentes, de las dos
primeras formas.
En Dios será el equilibrio del padre y del hijo, o:
Dios el Espíritu Santo
HORUS
La fuerza animatriz universal
En el hombre será el equilibrio de Adán-Eva o la humanidad:
Adán-Eva
La humanidad
En el Universo será el equilibrio de la naturaleza naturante y de la naturaleza
naturada:
El Mundo (concebido como un ser)
El principio creador y el principio receptor, habiendo producido por su acción
recíproca el principio transformador, crea una entidad completamente nueva. Esta
entidad corresponderá a la “segunda hé” del nombre sagrado, y, en
consecuencia, indicará la transición de una serie a otra.

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El Elemento Tierra

La Tierra es estabilidad; es todas las cosas que nos traen nutrición, plenitud, y fertilidad.
Es nuestra base y nuestra necesidad básica. La Tierra es el terreno bajo nuestros pies, la
fundación sobre la que construimos nuestra vida. Es el centro de nuestro sentido común,
nuestra sensualidad, y nuestros sentidos. Por ella tocamos, saboreamos, olemos, vemos y
oímos con nuestros ojos y orejas. La Tierra es verde. Danza en las hojas, en los
campos, y en los setos. Colorea las plantas que surgen a la vida desde los fundamentos
de la estabilidad. La Tierra es su fuente raíz, como lo es para nosotros.
La Tierra es la media noche. Una oscuridad eterna, donde no podemos ver, pero somos
obligados a percibir. Es calurosa, bochornosa y silenciosamente protectora. Es la
confiabilidad y la vulnerabilidad de la vejez. El tiempo de conocer y comprender – la parte de
nuestra vida donde el crecimiento empieza y finaliza.
Es el disco de la materialidad; circular, significando la redondez y plenitud de la
naturaleza; el ciclo continuo de la vida; el fénix levantándose de las cenizas, el renacer
anual de la tierra. La Tierra es invierno, donde todo aparenta
morir, pero sigue viviendo bajo la superficie, debajo de la sólida corteza y en el moderado
calor de la tierra. La promesa de un nuevo nacimiento por venir con la primavera,
cuando la savia sube por las raíces de todas las cosas vivientes.
La Tierra es confiable. Comprende la vida. Es la solidez del futuro, construido sobre los
fundamentos del pasado. Es rica y oscura, fuerte e inmóvil.
Contiene la sal de nuestras lágrimas y construye desde su refresco, pero puede
quedar mustia por el calor de nuestro deseo. Ella nutre la raíz, le da sustento a la felicidad
que requerimos. Siente su textura en tus manos. Siente la energía que penetra por las
plantas de tus pies, cuando corres descalzo por el césped.
La Tierra es estar en casa con uno mismo,
integrado, sin obsesiones, fecundo y preparándose para todas las cosas.
La Tierra es la Madre de la Fuerza, de la Justicia y de la Ley, la base del mundo físico y
el habitáculo del Espíritu en manifestación.

La Tierra dentro de nosotros

La Tierra es más contenible y más segura que el Fuego, porque ella es el sustento de la
vida, así como nuestra propia estabilidad; puede sostener la vida de una idea, de un
deseo o un sueño. Sin este elemento dentro de nuestra naturaleza, no habría fruición de
nada, puesto que sin acción, todo quedaría en los reinos de la imaginación.
De todos los elementos, es el más fidedigno. Muchas personas buscan seguridad o
compañía en animales, pero el tacto de la tierra bajo nuestros pies es la cosa más sólida
y fiable que hay. La llamamos la Madre Tierra, por su hermoso
Ser verde y fecundo no es una esfera inanimada de roca y piedra, sino el sustento
de nuestras vidas. Y así como una madre, a menudo la tomamos por garantizada. La
arrasamos, la quemamos y la aramos, pero siempre permanece.
Toma un puñado de tierra después de la lluvia, y toca la humedad en su textura. La
tierra necesita del agua para evitar que se vuelva yerma y seca, y el agua es emoción,
compasión y amor. Requerimos amor y emoción para permanecer estables y evitar
que nos sequemos por dentro. La combinación es buena pero, mezclada con
demasiada agua, se puede convertir en río de barro, ocasionando que nuestra
estabilidad resbale. Compara las diferentes texturas de la piedra,
la madera, el carbón de leña y la tierra y las diferentes fases desde el polvo al barro, o el
fresco campo recién sembrado con otro sin parar y sin sembrar. Hay mucho que podemos
deducir sobre nosotros mismos a partir de todas estas cosas, al vincular la Tierra con los
otros elementos.
Los zapatos son una de las cosas más difíciles del hombre civilizado. Quítatelos alguna vez,
y percibe tu fuerza y buen humor regresando cuando caminas sobre el césped y atraes
energía de la tierra. ¡No tienes que creer que esto sea verdad – sólo ensáyalo!
¿Cuánta tierra hay en ti? ¿Eres confiable, sólido, fidedigno? ¿O estás acosado con
preocupaciones emocionales, o deseos obsesivos? ¿Piensas demasiado, dejando que
esto altere tu seguridad? ¿Sabes verdaderamente cuan fuerte y capaz eres?
Demasiada cantidad de cualquiera de los otros elementos perturbará nuestra
estabilidad; pero demasiado poco de ellos para atemperar la Tierra, ocasionará que nos
volvamos inertes, aburridos e incapaces de adaptarnos al cambio.

Cuando has perdido tu camino…

Camina por el campo. Estudia los diferentes colores y texturas alrededor tuyo. Siente el
secreto mundo oculto de los animales, la tierra bajo tus pies, y la abundante belleza de
la vida. Es sólida y confiable, inclusive en medio del cambio.
Escucha los sonidos de la floresta, percibe el olor de las flores, y date cuenta de la fuerza
que se puede conseguir al caminar siendo uno con la plenitud de la naturaleza. Ninguna
otra persona puede darte verdadera seguridad – únicamente puedes lograrla tú
mismo. La Tierra es sobre la estabilidad. Trata sobre el reconocimiento y la aceptación de las leyes
naturales de esta tierra que nos proveen la nutrición. La Tierra nos da dignidad, respeto,
y fuerza de voluntad. Proporciona comprensión, y sobre todo comprensión y aceptación propias.

ELEMENTALES DE TIERRA- GHOB

Si estás de pie al borde de un silencioso claro herboso en una noche de invierno, y miras
profundamente en el bosque más allá, puede que captes un resplandor fugaz de una figura
como de duende en cuclillas, que te devuelve la mirada en el brillo de la luz de la luna entre
los helechos. Este es Ghob, y su Reino queda en los bosques y las pasturas de la tierra,
pues él es Señor del Elemento Tierra, y reside, con los animales, bajo la jurisdicción
del Arcángel Uriel, su Amo. Cuando quiera que se invoque la protección
de Uriel, Ghob está de pie silenciosamente a su lado en las sombras, esperando para hacer
lo que se le solicite. Juntos dirigen y comandan la masa de tierra, las plantas, y la
estabilidad de este mundo en el cual todos vivimos. Se dice, por quienes cuentan con
experiencia, que Ghob es un ser solemne, oscuro, con ojos cautos de afilado cristal, y
delicada ropa de helecho laminado, cosido con brillantes hilos de rocío por ocupadas
manos de elfos. Sus entristecidos rasgos puntiagudos muestran las cicatrices
profundas de los rigores de la vida, causados por entrometidos no invitados: la jungla de
hostiles vecinos humanos que comparten su Reino Terrenal.
Este Rey Elemental es mucho más tímido y menos accesible que los otros. Su poder es
indomable, y su fuerza no tiene comparación, pero él permanecerá normalmente oculto en
los prados secretos y en los bosquecillosdonde los humanos no van. Sin embargo, si
buscamos muy cuidadosamente, y si ganamos su confianza, puede ser que se
muestre, a veces asomándose desde la maleza, o quizá casi inmóvil con su espalda
contra un tronco de árbol en un bosque al borde de una quebrada.
Hay muchas caras y formas elementales que se pueden ver entre el verdor de la
naturaleza, si nos tomamos sólo un momento para sentarnos y fijar la mirada. Se nos dice
que si alguna vez captamos la mirada de Ghob, por un punzante momento, estaremos
irresistiblemente atrapados por el fantasmal desconcierto en sus ojos almendrados. Y de
algún modo saborearemos el amargo fruto de la responsabilidad personal que nos incumbe
por la ignorancia de nuestra raza, que está tan deseosa de desarraigar y profanar los
tesoros ocultos de la tierra de Ghob. Este silencioso y sombrío ser, puede ser tan
gentil y protector como un árbol umbrío, o tan protector y pesado como un bosque por
la noche. Si escoge hablarnos, su voz es tan quebradiza como el chasquido de una ramita,
y es a través de estas órdenes abruptas que indica a los Gnomos – los seres elementales
en miniatura de su Reino – para que se reúnan a su lado. Estas tímidas y diminutas
criaturas más a menudo aparecen ante nosotros en la semblanza de forma humanaa
veces delgados como un elfo, o delicados como un hada, y a veces pequeños, gruesos
y pesados.
Se arrastran de fuera de las formas sin tiempo del roble y la ceniza, del helecho y del
arbusto, deslizándose de los pétalos de flores, musitando debajo de un helecho,
asomándose desde dentro de los setos, saltando y correteando precipitadamente,
caminando y esparciéndose alrededor de su Rey a medida que acumulan confianza y
exuberancia. Se nos dice que, si estamos de pie en el
campo a la hora de la media noche, y escuchamos atentamente, podemos poder oír
la charla y la risa de sus vocecitas chillonas cuando trepan por la noche, sus diminutas
linternas balanceándose ante ellos, y el zumbido de su cháchara atravesando el aire
como una colonia de abejas, atrapadas en un panal, muy lejos, en los bosques distantes.

Fuente: Orden del León Blanco.

Traducción por Artemidoros: artemidoros_x@yahoo.com

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El elemento Aire

El Aire es pensamiento. Es movimiento, contacto, comunicación, y los impulsos de la
mente. Es la flexibilidad de acción – lo rápido, lo alerta, lo chispeante y lo nuevo. Se estira
hacia afuera y hacia arriba, hacia abajo y hacia adentro. Es flotante, flexible, cede ante
el estado de ánimo, y sin embargo es aún fuerte y persistente.
El Aire es primavera, la inocencia y la vibración del principio de una nueva estación,
el brote de las hojas desde las semillas de la mente, y la fe en uno mismo, y la creencia en
el propio destino. El Aire toca el color del Sol, y capta el pensamiento de la vida.
Es la respiración del ser vivo. Si pudiéramos verlo, sería de color Amarillo.
El Aire es hijo de la Sabiduría, nuevo en la vida, de ojos abiertos, expectante y
apresurándose precipitadamente a la luz. A veces tormentoso, sopla, baila, fastidia,
busca, pregunta, desarrolla y respira. Se esfuerza en aprender y enterarse. Puede
rugir, aullar y atormentar.
Es el suave toque de la inspiración – la fresca brisa primaveral de la razón, danzando en
nuestros cabellos cuando caminamos por el valle del descubrimiento. Tiene la inocencia
de los corderos retozando en la colina, y el estallido súbito de la luz encima de la
oscuridad del horizonte.
El Aire es la Espada de nuestra protección, un valiente retador a la voz de la emoción y del deseo. Crece, y en su crecimiento da nacimiento una y otra vez, lanzándose,
arrastrando, haciendo olas en las aguas, ondula en los árboles de la tierra y
abanicando el fuego del hogar en nuevas llamas. También puede cabalgar en la
tormenta de su propia hechura. Sopla polvo en la cara de la estabilidad, convierte las
ascuas en un furioso infierno y castiga las peñas en el mar, blanco con el rocío del
ventarrón aullante de un amargo viento del este – la razón convertida en un disturbio.
El Aire es una idea, un pensamiento objetivo, una llamarada de inspiración e ingeniosidad.
Es el brillo del genio, o la inquieta agonía de una mente atormentada. Es el nacimiento de
la comunicación, que yace en el Este, donde la fe y el día empiezan. El Aire es el alba de la
conciencia a través de las brumas de la inocencia, y es el heraldo de la Inteligencia
del Espíritu cuando respira sobre la tierra.

El Aire dentro de nosotros
¿Alguna vez te han perseguido las hojas en otoño, y te has reído cuando saltaron sobre
tus pies? ¿O has ofrecido la cabeza al viento mientras caminabas en los abiertos espacios
del campo? El Aire tiene que ver con nuestro pensamiento y nuestra razón, y para
expresarlo necesitamos comunicarnos, lo mismo que una brisa juguetea con nuestros
cabellos, luminosa, brillante y fácil.
Como elemento, es casi totalmente incontenible pues no podemos verlo. No es
sólido como la Tierra, o ardiente como el Fuego, o fluido como el Agua. Si tratamos de
cogerlo, obtenemos un manojo de nada, lo mismo que si tratamos de coger un
pensamiento, que se resbala de nuestro agarre. Los pensamientos y las palabras no
nos pertenecen, así como el Aire no está bajo nuestro control. Probablemente todos hemos experimentado el sentimiento de “tener la mente en blanco”, o haber “quedado sin palabras.”
A menudo hablamos de salir a tomar aire fresco para “despejar las telarañas,” pero
¿cuantos de nosotros nos hemos tomado un momento para estudiar el viento y su acción, para luego compararlo con nosotros? Asimila el proceso de comunicación al elemento Aire, y verás cómo el contacto es refrescante y ligero, continuamente en movimiento y cambiable.

El Aire no le debe nada a ninguno de los otros elementos, pues él es el amo de su
propio destino; sin embargo, cuando está atrapado en bolsillos de agua o de tierra,
puede volverse pesado y opresivo por falta de movimiento. El Aire nació para ser libre, así como nuestras mentes deben permanecer claras y ágiles, sin ser nubladas por la
emoción o el prejuicio.
Demasiada estabilidad puede amortiguar la alerta y la originalidad, pero demasiadas
preguntas pueden cegarnos a la simplicidad del sentido común. Compara el viento en las
diferentes estaciones del año, desde la ligereza de una brisa primaveral hasta los
vientos helados de pleno invierno, y mira cómo pueden afectar a los otros elementos, y
a ti y tu naturaleza.
¿Cómo usas tus pensamientos? ¿O tus pensamientos te usan, dominan tu vida? ¿Por
qué no comenzar a llevar un diario de lo que percibes sobre ti mismo, y comenzar a buscar
quien eres verdaderamente?

Cuando has perdido tu camino…

Sal y camina en la brisa o en el viento. Siente como acaricia tus cabellos. Es fresco y
calmante. Respira profundamente, y date cuenta de la paz que se puede lograr al
permitir que tus pensamientos fluyan libres.
Nadie tiene el poder de controlar estos pensamientos excepto tú.
El Aire es acerca de la libertad y la verdadera paz mental. Trata de la fe en ti mismo y de
creer en este gran universo que te ha dado la vida. Es acerca de la verdad- y sobre todo, la
verdad que eres tú.

ELEMENTALES DEL AIRE- PARALD

Si estás de pie en la bruma mañanera y miras hacia el cielo, justo cuando el sol se eleva,
puede que tengas la suerte suficiente para captar un resplandor fugaz de una forma
brumosa y oscura de azul neblinoso saltando entre las nubes en el borde del viento. Este
es Paralda, y su Reino está alrededor nuestro, pues él es el Señor del Elemento Aire, y
reside bajo la jurisdicción del Arcángel Raphael, su Amo.
Cuando quiera que se invoque la protección de Raphael, se puede ver a Paralda
emergiendo al lado de él, listo para desempeñar su papel; juntos dirigen y
comandan el movimiento del Aire y los esquemas del pensamiento alrededor de la
tierra. Quienes ven a este Rey Poderoso, dicen que surca por los cielos con alas de
telaraña, sus ondulantes cabellos con rayas de luz del sol, y sombreados con la blancura
grisosa de las nubes que lo rodean. Sus ojos son de plata, rayos de luna rasgados,
danzantes y alertas; la forma tenue de su cuerpo desmiente su fuerza, pues aunque
puede parecer tan suave como el toque de la primavera en tu mejilla, su poder es tan
salvaje e imprevisible como un aullante viento del este.
Se nos dice que, con solo una mirada, puede captar los secretos de nuestros pensamientos
más profundos en el momento fugaz de su fija mirada penetrante, y cuando habla lleva
en su voz el sonido arrullador de los breves ventarrones de verano, o de las leves brisas
otoñales. Es por el aliento de las órdenes de Paralda que controla a los seres elementales
diminutos de su reino, conocidos como los Silfos. Prontos y graciosos, se reúnen para
rodearlo, con sus plateadas formas etéreas e indefinidas de duendes.
Se dice que se los puede oír a menudo susurrar en las copas de los árboles, mientras
que circulan por los cielos con los pájaros del aire. Pero tenemos que ser rápidos para
darles un vistazo, pues siempre están en movimiento, siempre cambiando de forma,
subiendo y deslizándose, surcando y bajando en picada, delgados bailarines sin esfuerzo,
tremando en la respiración del viento.

Fuente: Orden del Leon Blanco

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