El Elemento Tierra

La Tierra es estabilidad; es todas las cosas que nos traen nutrición, plenitud, y fertilidad.
Es nuestra base y nuestra necesidad básica. La Tierra es el terreno bajo nuestros pies, la
fundación sobre la que construimos nuestra vida. Es el centro de nuestro sentido común,
nuestra sensualidad, y nuestros sentidos. Por ella tocamos, saboreamos, olemos, vemos y
oímos con nuestros ojos y orejas. La Tierra es verde. Danza en las hojas, en los
campos, y en los setos. Colorea las plantas que surgen a la vida desde los fundamentos
de la estabilidad. La Tierra es su fuente raíz, como lo es para nosotros.
La Tierra es la media noche. Una oscuridad eterna, donde no podemos ver, pero somos
obligados a percibir. Es calurosa, bochornosa y silenciosamente protectora. Es la
confiabilidad y la vulnerabilidad de la vejez. El tiempo de conocer y comprender – la parte de
nuestra vida donde el crecimiento empieza y finaliza.
Es el disco de la materialidad; circular, significando la redondez y plenitud de la
naturaleza; el ciclo continuo de la vida; el fénix levantándose de las cenizas, el renacer
anual de la tierra. La Tierra es invierno, donde todo aparenta
morir, pero sigue viviendo bajo la superficie, debajo de la sólida corteza y en el moderado
calor de la tierra. La promesa de un nuevo nacimiento por venir con la primavera,
cuando la savia sube por las raíces de todas las cosas vivientes.
La Tierra es confiable. Comprende la vida. Es la solidez del futuro, construido sobre los
fundamentos del pasado. Es rica y oscura, fuerte e inmóvil.
Contiene la sal de nuestras lágrimas y construye desde su refresco, pero puede
quedar mustia por el calor de nuestro deseo. Ella nutre la raíz, le da sustento a la felicidad
que requerimos. Siente su textura en tus manos. Siente la energía que penetra por las
plantas de tus pies, cuando corres descalzo por el césped.
La Tierra es estar en casa con uno mismo,
integrado, sin obsesiones, fecundo y preparándose para todas las cosas.
La Tierra es la Madre de la Fuerza, de la Justicia y de la Ley, la base del mundo físico y
el habitáculo del Espíritu en manifestación.

La Tierra dentro de nosotros

La Tierra es más contenible y más segura que el Fuego, porque ella es el sustento de la
vida, así como nuestra propia estabilidad; puede sostener la vida de una idea, de un
deseo o un sueño. Sin este elemento dentro de nuestra naturaleza, no habría fruición de
nada, puesto que sin acción, todo quedaría en los reinos de la imaginación.
De todos los elementos, es el más fidedigno. Muchas personas buscan seguridad o
compañía en animales, pero el tacto de la tierra bajo nuestros pies es la cosa más sólida
y fiable que hay. La llamamos la Madre Tierra, por su hermoso
Ser verde y fecundo no es una esfera inanimada de roca y piedra, sino el sustento
de nuestras vidas. Y así como una madre, a menudo la tomamos por garantizada. La
arrasamos, la quemamos y la aramos, pero siempre permanece.
Toma un puñado de tierra después de la lluvia, y toca la humedad en su textura. La
tierra necesita del agua para evitar que se vuelva yerma y seca, y el agua es emoción,
compasión y amor. Requerimos amor y emoción para permanecer estables y evitar
que nos sequemos por dentro. La combinación es buena pero, mezclada con
demasiada agua, se puede convertir en río de barro, ocasionando que nuestra
estabilidad resbale. Compara las diferentes texturas de la piedra,
la madera, el carbón de leña y la tierra y las diferentes fases desde el polvo al barro, o el
fresco campo recién sembrado con otro sin parar y sin sembrar. Hay mucho que podemos
deducir sobre nosotros mismos a partir de todas estas cosas, al vincular la Tierra con los
otros elementos.
Los zapatos son una de las cosas más difíciles del hombre civilizado. Quítatelos alguna vez,
y percibe tu fuerza y buen humor regresando cuando caminas sobre el césped y atraes
energía de la tierra. ¡No tienes que creer que esto sea verdad – sólo ensáyalo!
¿Cuánta tierra hay en ti? ¿Eres confiable, sólido, fidedigno? ¿O estás acosado con
preocupaciones emocionales, o deseos obsesivos? ¿Piensas demasiado, dejando que
esto altere tu seguridad? ¿Sabes verdaderamente cuan fuerte y capaz eres?
Demasiada cantidad de cualquiera de los otros elementos perturbará nuestra
estabilidad; pero demasiado poco de ellos para atemperar la Tierra, ocasionará que nos
volvamos inertes, aburridos e incapaces de adaptarnos al cambio.

Cuando has perdido tu camino…

Camina por el campo. Estudia los diferentes colores y texturas alrededor tuyo. Siente el
secreto mundo oculto de los animales, la tierra bajo tus pies, y la abundante belleza de
la vida. Es sólida y confiable, inclusive en medio del cambio.
Escucha los sonidos de la floresta, percibe el olor de las flores, y date cuenta de la fuerza
que se puede conseguir al caminar siendo uno con la plenitud de la naturaleza. Ninguna
otra persona puede darte verdadera seguridad – únicamente puedes lograrla tú
mismo. La Tierra es sobre la estabilidad. Trata sobre el reconocimiento y la aceptación de las leyes
naturales de esta tierra que nos proveen la nutrición. La Tierra nos da dignidad, respeto,
y fuerza de voluntad. Proporciona comprensión, y sobre todo comprensión y aceptación propias.

ELEMENTALES DE TIERRA- GHOB

Si estás de pie al borde de un silencioso claro herboso en una noche de invierno, y miras
profundamente en el bosque más allá, puede que captes un resplandor fugaz de una figura
como de duende en cuclillas, que te devuelve la mirada en el brillo de la luz de la luna entre
los helechos. Este es Ghob, y su Reino queda en los bosques y las pasturas de la tierra,
pues él es Señor del Elemento Tierra, y reside, con los animales, bajo la jurisdicción
del Arcángel Uriel, su Amo. Cuando quiera que se invoque la protección
de Uriel, Ghob está de pie silenciosamente a su lado en las sombras, esperando para hacer
lo que se le solicite. Juntos dirigen y comandan la masa de tierra, las plantas, y la
estabilidad de este mundo en el cual todos vivimos. Se dice, por quienes cuentan con
experiencia, que Ghob es un ser solemne, oscuro, con ojos cautos de afilado cristal, y
delicada ropa de helecho laminado, cosido con brillantes hilos de rocío por ocupadas
manos de elfos. Sus entristecidos rasgos puntiagudos muestran las cicatrices
profundas de los rigores de la vida, causados por entrometidos no invitados: la jungla de
hostiles vecinos humanos que comparten su Reino Terrenal.
Este Rey Elemental es mucho más tímido y menos accesible que los otros. Su poder es
indomable, y su fuerza no tiene comparación, pero él permanecerá normalmente oculto en
los prados secretos y en los bosquecillosdonde los humanos no van. Sin embargo, si
buscamos muy cuidadosamente, y si ganamos su confianza, puede ser que se
muestre, a veces asomándose desde la maleza, o quizá casi inmóvil con su espalda
contra un tronco de árbol en un bosque al borde de una quebrada.
Hay muchas caras y formas elementales que se pueden ver entre el verdor de la
naturaleza, si nos tomamos sólo un momento para sentarnos y fijar la mirada. Se nos dice
que si alguna vez captamos la mirada de Ghob, por un punzante momento, estaremos
irresistiblemente atrapados por el fantasmal desconcierto en sus ojos almendrados. Y de
algún modo saborearemos el amargo fruto de la responsabilidad personal que nos incumbe
por la ignorancia de nuestra raza, que está tan deseosa de desarraigar y profanar los
tesoros ocultos de la tierra de Ghob. Este silencioso y sombrío ser, puede ser tan
gentil y protector como un árbol umbrío, o tan protector y pesado como un bosque por
la noche. Si escoge hablarnos, su voz es tan quebradiza como el chasquido de una ramita,
y es a través de estas órdenes abruptas que indica a los Gnomos – los seres elementales
en miniatura de su Reino – para que se reúnan a su lado. Estas tímidas y diminutas
criaturas más a menudo aparecen ante nosotros en la semblanza de forma humanaa
veces delgados como un elfo, o delicados como un hada, y a veces pequeños, gruesos
y pesados.
Se arrastran de fuera de las formas sin tiempo del roble y la ceniza, del helecho y del
arbusto, deslizándose de los pétalos de flores, musitando debajo de un helecho,
asomándose desde dentro de los setos, saltando y correteando precipitadamente,
caminando y esparciéndose alrededor de su Rey a medida que acumulan confianza y
exuberancia. Se nos dice que, si estamos de pie en el
campo a la hora de la media noche, y escuchamos atentamente, podemos poder oír
la charla y la risa de sus vocecitas chillonas cuando trepan por la noche, sus diminutas
linternas balanceándose ante ellos, y el zumbido de su cháchara atravesando el aire
como una colonia de abejas, atrapadas en un panal, muy lejos, en los bosques distantes.

Fuente: Orden del León Blanco.

Traducción por Artemidoros: artemidoros_x@yahoo.com

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El elemento Aire

El Aire es pensamiento. Es movimiento, contacto, comunicación, y los impulsos de la
mente. Es la flexibilidad de acción – lo rápido, lo alerta, lo chispeante y lo nuevo. Se estira
hacia afuera y hacia arriba, hacia abajo y hacia adentro. Es flotante, flexible, cede ante
el estado de ánimo, y sin embargo es aún fuerte y persistente.
El Aire es primavera, la inocencia y la vibración del principio de una nueva estación,
el brote de las hojas desde las semillas de la mente, y la fe en uno mismo, y la creencia en
el propio destino. El Aire toca el color del Sol, y capta el pensamiento de la vida.
Es la respiración del ser vivo. Si pudiéramos verlo, sería de color Amarillo.
El Aire es hijo de la Sabiduría, nuevo en la vida, de ojos abiertos, expectante y
apresurándose precipitadamente a la luz. A veces tormentoso, sopla, baila, fastidia,
busca, pregunta, desarrolla y respira. Se esfuerza en aprender y enterarse. Puede
rugir, aullar y atormentar.
Es el suave toque de la inspiración – la fresca brisa primaveral de la razón, danzando en
nuestros cabellos cuando caminamos por el valle del descubrimiento. Tiene la inocencia
de los corderos retozando en la colina, y el estallido súbito de la luz encima de la
oscuridad del horizonte.
El Aire es la Espada de nuestra protección, un valiente retador a la voz de la emoción y del deseo. Crece, y en su crecimiento da nacimiento una y otra vez, lanzándose,
arrastrando, haciendo olas en las aguas, ondula en los árboles de la tierra y
abanicando el fuego del hogar en nuevas llamas. También puede cabalgar en la
tormenta de su propia hechura. Sopla polvo en la cara de la estabilidad, convierte las
ascuas en un furioso infierno y castiga las peñas en el mar, blanco con el rocío del
ventarrón aullante de un amargo viento del este – la razón convertida en un disturbio.
El Aire es una idea, un pensamiento objetivo, una llamarada de inspiración e ingeniosidad.
Es el brillo del genio, o la inquieta agonía de una mente atormentada. Es el nacimiento de
la comunicación, que yace en el Este, donde la fe y el día empiezan. El Aire es el alba de la
conciencia a través de las brumas de la inocencia, y es el heraldo de la Inteligencia
del Espíritu cuando respira sobre la tierra.

El Aire dentro de nosotros
¿Alguna vez te han perseguido las hojas en otoño, y te has reído cuando saltaron sobre
tus pies? ¿O has ofrecido la cabeza al viento mientras caminabas en los abiertos espacios
del campo? El Aire tiene que ver con nuestro pensamiento y nuestra razón, y para
expresarlo necesitamos comunicarnos, lo mismo que una brisa juguetea con nuestros
cabellos, luminosa, brillante y fácil.
Como elemento, es casi totalmente incontenible pues no podemos verlo. No es
sólido como la Tierra, o ardiente como el Fuego, o fluido como el Agua. Si tratamos de
cogerlo, obtenemos un manojo de nada, lo mismo que si tratamos de coger un
pensamiento, que se resbala de nuestro agarre. Los pensamientos y las palabras no
nos pertenecen, así como el Aire no está bajo nuestro control. Probablemente todos hemos experimentado el sentimiento de “tener la mente en blanco”, o haber “quedado sin palabras.”
A menudo hablamos de salir a tomar aire fresco para “despejar las telarañas,” pero
¿cuantos de nosotros nos hemos tomado un momento para estudiar el viento y su acción, para luego compararlo con nosotros? Asimila el proceso de comunicación al elemento Aire, y verás cómo el contacto es refrescante y ligero, continuamente en movimiento y cambiable.

El Aire no le debe nada a ninguno de los otros elementos, pues él es el amo de su
propio destino; sin embargo, cuando está atrapado en bolsillos de agua o de tierra,
puede volverse pesado y opresivo por falta de movimiento. El Aire nació para ser libre, así como nuestras mentes deben permanecer claras y ágiles, sin ser nubladas por la
emoción o el prejuicio.
Demasiada estabilidad puede amortiguar la alerta y la originalidad, pero demasiadas
preguntas pueden cegarnos a la simplicidad del sentido común. Compara el viento en las
diferentes estaciones del año, desde la ligereza de una brisa primaveral hasta los
vientos helados de pleno invierno, y mira cómo pueden afectar a los otros elementos, y
a ti y tu naturaleza.
¿Cómo usas tus pensamientos? ¿O tus pensamientos te usan, dominan tu vida? ¿Por
qué no comenzar a llevar un diario de lo que percibes sobre ti mismo, y comenzar a buscar
quien eres verdaderamente?

Cuando has perdido tu camino…

Sal y camina en la brisa o en el viento. Siente como acaricia tus cabellos. Es fresco y
calmante. Respira profundamente, y date cuenta de la paz que se puede lograr al
permitir que tus pensamientos fluyan libres.
Nadie tiene el poder de controlar estos pensamientos excepto tú.
El Aire es acerca de la libertad y la verdadera paz mental. Trata de la fe en ti mismo y de
creer en este gran universo que te ha dado la vida. Es acerca de la verdad- y sobre todo, la
verdad que eres tú.

ELEMENTALES DEL AIRE- PARALD

Si estás de pie en la bruma mañanera y miras hacia el cielo, justo cuando el sol se eleva,
puede que tengas la suerte suficiente para captar un resplandor fugaz de una forma
brumosa y oscura de azul neblinoso saltando entre las nubes en el borde del viento. Este
es Paralda, y su Reino está alrededor nuestro, pues él es el Señor del Elemento Aire, y
reside bajo la jurisdicción del Arcángel Raphael, su Amo.
Cuando quiera que se invoque la protección de Raphael, se puede ver a Paralda
emergiendo al lado de él, listo para desempeñar su papel; juntos dirigen y
comandan el movimiento del Aire y los esquemas del pensamiento alrededor de la
tierra. Quienes ven a este Rey Poderoso, dicen que surca por los cielos con alas de
telaraña, sus ondulantes cabellos con rayas de luz del sol, y sombreados con la blancura
grisosa de las nubes que lo rodean. Sus ojos son de plata, rayos de luna rasgados,
danzantes y alertas; la forma tenue de su cuerpo desmiente su fuerza, pues aunque
puede parecer tan suave como el toque de la primavera en tu mejilla, su poder es tan
salvaje e imprevisible como un aullante viento del este.
Se nos dice que, con solo una mirada, puede captar los secretos de nuestros pensamientos
más profundos en el momento fugaz de su fija mirada penetrante, y cuando habla lleva
en su voz el sonido arrullador de los breves ventarrones de verano, o de las leves brisas
otoñales. Es por el aliento de las órdenes de Paralda que controla a los seres elementales
diminutos de su reino, conocidos como los Silfos. Prontos y graciosos, se reúnen para
rodearlo, con sus plateadas formas etéreas e indefinidas de duendes.
Se dice que se los puede oír a menudo susurrar en las copas de los árboles, mientras
que circulan por los cielos con los pájaros del aire. Pero tenemos que ser rápidos para
darles un vistazo, pues siempre están en movimiento, siempre cambiando de forma,
subiendo y deslizándose, surcando y bajando en picada, delgados bailarines sin esfuerzo,
tremando en la respiración del viento.

Fuente: Orden del Leon Blanco

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El Elemento agua

El Agua es emoción, sentimientos, sueños y alimento del corazón. Refresca, enfría, es
húmedo, fluido, pesado y misterioso, toma la forma de cualquier cosa que lo contiene. El
Agua es el alimento de la vida, y esencial para la vida, puesto que todas las cosas
emergieron del mar. El Agua apaga la sed de la Tierra hecha estéril por el Fuego y el Aire.
El Agua es serenidad. Es azul, claro y pasivo, pero se cuela por las grietas de nuestras
defensas. Fluye con nuestro humor, y no se puede agarrar, ya que se resbala por las
manos. Es la rápida corriente de una tormenta en ciernes, la pesada espuma a
lomos de las mareas del océano. Puede corroer y ahogar. Empero también es la
apacibilidad de las ondas en una piscina de cristal. Mueve, mengua, fluye, limpia, alivia.

Es el brillo del Santo Grial, sostenido en alto y desbordando con amor, o repentinamente
volcado para sofocar con lágrimas. Es el lamento de la alegría o el sollozo de la
angustia.
“Camina cuidadosamente con tu corazón, pues te atreves a caminar sobre el Agua”.
El Agua es crepúsculo – el Sol, sombreado en el oeste, y la líquida luna de plata, escalando
lentamente para reclamar el cielo oscurecido de las sombras. Es otoño – el temblor de las
hojas a medida que pasa el ánimo del verano.
El Agua es Madurez, la hermana de Sentimiento. Cambia. Ajusta. Es el azul jade de la depresión,
y el tinte sutil, pasivo de la alegría. Es nuestro ser astral. Forma nuestros pensamientos, pero los
pensamientos pueden darle forma. Es empujado e inspirado por los vientos del aire,
absorbido en la plenitud de la Tierra, pero en una tormenta amenaza con ahogar el
Espíritu, la energía, el deseo de la vida. Porque el Agua escupe en la cara del Fuego.
Sólo el Agua puede traer la santidad del amo verdadero, el balance de la armonía. Es
engañoso, sutil y huidizo. Tiene fuerza y poder, ritmo y ciclo, caridad y compasión. Es
el espejo brumoso de los instintos subconscientes de nuestro pasado, y nuestra
necesidad consciente del futuro.
El Agua es el murmullo secreto de nuestro corazón, y la reflexión gentil del Espíritu en
manifestación.

EL AGUA DENTRO DE NOSOTROS

Las Emociones son tan extrañas Las Emociones son tan extrañas e
inexplicables como lo es el agua. Ellos surgen dentro de nosotros, a menudo por su propia
cuenta, sin tener en cuenta la razón o el pensamiento y, sin control, pueden
conducirnos al trauma y la confusión. Muchas veces una persona podrá decir “conozco la
lógica del asunto, pero en realidad es un asunto diferente.” Cuando estamos heridos a
menudo lloramos. Cuando estamos felices a menudo lloramos, y a menos que podamos
contener nuestras emociones, podemos anegarnos y a otros con nuestras lágrimas.

El Agua necesita ser contenida porque si no corre desenfrenada y desperdiciada. Observa
el movimiento de agua cuando cae en forma de cascada, cristalina y clara encima de las
rocas de una quebrada, luego compárala con la quietud límpida de un claro herboso junto a
un remanso, y cómo se expresan ambas cosas dentro de tu propia naturaleza. Deja
correr el agua de la llave y siente su frescura deslizándose entre tus dedos, después intenta
recogerla con tus manos.
Imagina lo que pasaría si e rompieran las paredes de un dique, o si los ríos se secaran
y la temporada de lluvias no llegara nunca. Todo esto se puede comparar con los
sentimientos dentro de nosotros, tranquilos y mansos como la quietud de un remanso, o
tan furioso e incontrolable como las altas y poderosas olas de un mar tormentoso.
El Agua es el gran purificador, limpia y lava el desorden y la mugre, lo mismo que la
emoción más elevada de amor puede limpiar y revitalizar nuestro ser interno.
El Agua no es ligera y luminosa como el Aire, que representa el coqueteo, y no tiene el
calor del Fuego, que es el deseo. Es blanda, límpida, maleable, y se puede contener
fácilmente o derramar por el toque del amor. Los pensamientos pueden agitar las ondas del
agua, o batirlas en una tormenta.
Nuestro Espíritu de entusiasmo puede humedecerse severamente por la emoción
incontenida, pero la Tierra y la estabilidad dentro de nosotros se avivan y se enriquece
con el fresco y gentil toque de la lluvia.
¿Que tan emotivo eres tú? ¿Puedes contener tus sentimientos para que enriquezcan tu
naturaleza, y nutrir y reavivar a quienes están a tu alrededor? ¿O eres demasiado reactivo,
rápido en ofenderte, o quizá inmovilizado por miedos irracionales? ¿Qué significan la alegría
y la tristeza para ti? ¿Te atreves a permitirte amar verdaderamente?

CUANDO HAS PERDIDO EL CAMINO…..

Camina por una playa, nada en un límpido remanso, o toma una ducha y siente que el
agua lava y arrastra tus problemas. Limpia y sosiega. Relájate e imagina la alegría de
poder permitir que tus sentimientos fluyan a través tuyo sin restricción ni miedo. Nadie
puede tener verdaderamente tu amor a menos que en verdad te ames a ti mismo. El
Agua es acerca de la tranquilidad, la apacibilidad y la compasión, el florecimiento
de un corazón abierto. Es acerca del amor, y sobre todo el amor de dar sin pedir nada a
cambio, y sin condiciones.

ELEMENTALES DEL AGUA- NIXSA

Si se está de pie junto al mar en un día ventoso de otoño, y se observa a las olas
cuando chocan en la orilla, es posible que en la lejanía se vea una forma translúcida,
encorvada, estirándose desde las profundidades del lecho marino abajo. Es
Nixsa, y su reino queda en las profundidades de los océanos y los ríos de la tierra.
Es el Señor del Elemento Agua, y reside bajo la jurisdicción del Arcángel Gabriel, su Amo.
Cuando quiera que Gabriel es invocado por protección, Nixsa se elevará a su lado, fluido
y cambiante, trémulo de poder, mientras en chorros de rocío espera hacer su cometido.
Juntos dirigen y comandan el movimiento de la lluvia, el flujo y reflujo de las mareas, y las
respuestas instintivas sobre la tierra.
Quien ve a Nixsa, dice que es una figura arremolinada, majestuosa, de pujante
intensidad. Sus cabellos son largos y fluidos, tocados con el brillo húmedo de alga marina,
y salpicado como tentáculos de plata y gris.
Sus ojos son gotas luminosas, siempre en tembloroso movimiento, reflejando el eco de
un siglo de lágrimas, y a su alrededor extiende una capa, del color de alga marina,
bordeada con espuma blanca de las altas olas del mar.
Nixsa puede ser tan gentil y maleable como un límpido remanso, o danzar y emitir luz
como un río que cae en cascadas, pero también puede levantar hasta los cielos
inmensas olas oceánicas, tan salvajes e indómitas como una tormenta tenaz. Si
atrapamos su mirada, se dice que sus centelleantes ojos devolverán nuestra mirada
envueltos en misterio, éxtasis hipnótico, mientras que lentamente saca de nuestras
profundidades una desconocida y latente ternura que duerme impresa entre nuestros
sueños. Y cuando nos habla, oiremos el distante murmullo de aguas corrientes
fluyendo en su voz.
Con una persistente ternura en su mandato, Nixsa evoca de los océanos a seres
elementales diminutos, conocidos como las Ondinas de su Reino. Llueven en gotas
alrededor suyo; pequeños, plateados chorrillos de agua; delicadas y alegres
criaturas que danzan con el delfín, y giran en remolinos con las sirenas y peces del mar. Se
nos dice que si miramos cuidadosamente, podemos verlos caer en forma de cascada en
los arroyos que descienden por las laderas, durmiendo en conchas entre las piedras de
las orillas, o paseando alegremente en las espaldas de las olas espumosas de las
mareas.

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El mago

Si observamos atentamente la primera lámina del Tarot, no tardaremos en
reconocer que la disposición del mago en la figura, responde perfectamente a la
configuración de la letra aleph. Si ahora aplicamos al estudio de esta lámina los
principios que determinan el simbolismo, según lo expusimos en nuestro Tratado
Elemental de Ciencias Ocultas, recibiremos nuevas enseñanzas.
En la parte superior de la figura puede verse el signo divino de la vida universal,
situado sobre la cabeza del mago. La parte inferior representa a la tierra
ornamentada con sus productos, símbolo de la naturaleza. La parte media está
ocupada por el hombre, situado detrás de una mesa sobre la que descansan
diversos objetos.
La derecha y la izquierda de la figura está ocupada por las manos del mago, de
las cuales una señala la tierra y la otra el cielo. La posición de estas dos manos
representa los dos principios, activo y pasivo, del Gran Todo y corresponde a las
dos columnas (Jakin y Bohas) del templo de Salomón y de la Masonería.
Con una mano el hombre busca a Dios en el cielo, mientras que hunde la otra en
lo inferior para elevar el demonio hasta sí, con lo que reúne en lo humano, lo
divino y lo diabólico. Es así como el Tarot nos muestra la universal función
mediadora acordada al Adan-Kadmon. Si ahora queremos resumir el sentido
simbólico determinado en lo que precede, podremos disponerlo así:
DERECHA Parte Superior Divino Cabeza IZQUIERDA

(Brazo bajado) Parte media Humano Cuerpo (Brazo levantado)

Necesidad Libertad

Mal Parte inferior Natural Pie Bien

Mas el simbolismo de esta primera lámina del Tarot no se detiene aquí. El mago
oprime en la mano levantada la varita mágica; delante de él están colocados los
cuatro grandes símbolos del Tarot: la Copa, la Espada, los Oros o talismanes y el
Basto (figurado por la varita que el mago lleva en la mano). Estos cuatro símbolos
corresponden exactamente a las letras del tetragrama:
Bastos o iod, símbolo del principio activo por excelencia y de Dios.
Copas o hé, símbolo del principio pasivo por excelencia o del Universo.
Espadas, cruz o vau, símbolo del principio equilibrante por excelencia o del
hombre.
Oros o 2a hé, símbolo cíclico de la eternidad que reúne los tres primeros principios
en un todo único.
Desde el punto de vista humano estos símbolos corresponden a las cuatro
grandes castas sociales.
Los hombres de iod o los inventores, los productores, la nobleza de la inteligencia.
Los hombres de hé, o los depositarios de las grandes verdades descubiertas por
los hombres de iod: los sabios, los jueces, la nobleza de toga.
Los hombres de vau o los guardianes y defensores de los precedentes: los
guerreros, la nobleza de espada.
Los hombres de la 2a hé, la multitud entre la cual se reclutan en todo momento las
otras castas: el pueblo.
Los cuatro grandes símbolos están situados al azar sobre la mesa, el hombre
debe dominarlos y ordenarlos; en el arcano 22 veremos estos símbolos
ordenados en cruz.
En efecto, sabemos que la primera lámina del Tarot se completa con la 21 (21
más 1 igual a 22); vemos entonces que si la primera lámina representa el
“microcosmo”, la última representará el “macrocosmo”; y la undécima lámina que
ejerce la función de enlace universal entre todas las complementarias del Tarot,
representará la “Corriente Universal Reflejada” que sirve de enlace entre los
mundos. Mas no nos anticipemos y volvamos a nuestro primer arcano.
Este símbolo es el primero del Tarot y lleva el nombre característico de: la unidad.
La unidad-principio, cuyo origen es impenetrable para el hombre, es el comienzo
de toda cosa. No podemos alcanzar el origen de esta causa primera, que nos
contentamos con afirmar, de acuerdo a la ley de analogía, según los versos de
Eliphas Levi:
Creo en lo desconocido que Dios personifica,
Probado por el ser y por la inmensidad
Ideal suprahumano de la filosofía,
Perfecta inteligencia y suprema bondad.
Si no podemos alcanzar este desconocido en su principio, por lo menos nos es
permitido seguirlo en sus consecuencias; por lo tanto nuestro estudio se limitará al
desarrollo de la unidad-principio en creación, según lo enseña la cosmografía de
la antigua iniciación.
Dios, el hombre y el Universo serán, en consecuencia, el triple sentido de nuestra
primera lámina. Añadiremos algunas palabras respecto de la aplicación de estos
antecedentes a las otras láminas del Tarot.

EXTENSIÓN DE LOS TRES GRANDES PRINCIPIOS AL TAROT

El triple sentido de la primera lámina representa respectivamente:
El creador o iod El receptor o hé El transformador o vau
En fin, la transición a la 2a hé, que no consideraremos. Mas la primera lámina del
Tarot, considerada en su conjunto, representa al creador o iod; la segunda lámina,
considerada según el mismo punto de vista, representará entonces al receptor o
hé, y la tercera al transformador o vau. Cada una de ellas mostrará además los
cuatro aspectos en “iod, hé, vau, hé”, de la idea que expresa.
Lo que es verdadero para el ternario lo será también para el septenario, y si el
primer septenario, tomado en su conjunto, representa al creador, el segundo
septenario representará al receptor y el tercero al transformador. En fin, el ternario
transición representará el retorno de los efectos en las causas y en consecuencia
en el principio.

Resumamos todo esto diciendo:
1 septenario: Dios
2 septenario: El hombre
3 septenario: El Universo
Además cada uno de estos elementos se halla contenido en los dos restantes en
todos los puntos de su manifestación.

RESUMEN GENERAL
Nos queda por resumir las diversas acepciones de la primera lámina en un cuadro
general. Como cada una de las láminas del Tarot tendrá también su
correspondiente resumen, nos parece útil explicar el plan que seguimos en esta
exposición.

En la parte superior del cuadro se hallará el número y la letra hebraica
correspondiente a la lámina. En la parte inferior el nombre vulgar usado en el Tarot.
En la parte derecha se hallarán las significaciones en los tres mundos:
divino,
humano y
material.
Al final de estas tres significaciones se hallará la clave absoluta de cada lámina,
de acuerdo con el cuadro de transformaciones del nombre “iod hé vau hé”. Las
letras hebreas situadas sobre la línea superior de esta clave, indican el origen de
la lámina considerada; las letras hebreas situadas debajo indican el sentido
exacto de la lámina.

1- ALEPH
EL MAGO
RELACIONES:
JEROGLÍFICO PRIMITIVO: El hombre
CÁBALA: Kether
ASTRONOMÍA: (sin relaciones)
ARCHEÓMETRO: (ver el Tarot Adivinatorio)
SIGNIFICADOS:
CLAVE DE LÁMINA: iod – iod
El creador divino o Dios el padre
DIOS
El padre
OSIRIS
iod de iod
iod-iod
El conservador divino
EL HOMBRE
ADÁN
hé de iod
iod-iod
El transformador divino
EL UNIVERSO ACTIVO
LA NATURA NATURANTE
vau de iod
iod-iod

Papus: El Tarot de los bohemios (no puede faltar en tu biblioteca) 😉

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Los Reinos Elementales

Se dice que los Reinos Elementales representan las Fuerzas Internas Espirituales de los 4 elementos. Se muestran como imágenes que las gentes han construido a lo largo de muchos cientos de años y que han asumido una vida separada propia.
Algunos son sumamente visibles, y el antiguo pueblo Celta recoge muchos relatos de los Gnomos, Hadas, y Duendes, o las “Personas Pequeñas,” como los irlandeses a menudo los llaman. Todos estos son parte del elemento Tierra. Menos comúnmente conocidos son los
Silfos, las Salamandras y las Ondinas, que son parte de los elementos Aire, Fuego y Agua respectivamente. Cada Reino Elemental reside bajo la dirección
de un Rey Elemental, quien a su vez sirve a uno de los 4 grandes Arcángeles. Junto controlan los esquemas del clima del mundo.
Los elementales son criaturas traviesas, quienes se dice que son tan encantadores, que pueden conducirnos al olvido de nuestro propio destino en tierra. Pero en verdad esto
simplemente significa que la obsesión – como con cualquier cosa- puede tentarnos a vivir
en un mundo de fantasía de sueños y falsas promesas, dejándonos incapaces de
confrontar y manejar nuestras vidas cotidianas. No obstante, el contacto con ellos
no solo es inevitable, sino profundamente enriquecedor y, cuando se les trata con amor,
respeto, adecuado control, pueden reforzar la magia de nuestras vidas al habilitarnos para
verdaderamente ver y entender la imponente belleza interna y el poder de los 4 elementos
que nos dan vida; y a cambio, nosotros por nuestro contacto con estos Seres, podemos
asegurar su existencia continuada. Los poderosos elementos de Aire, Fuego,
Agua y Tierra son el dominio de los reinos Elementales tanto como lo son de nosotros, y
se dice que tan sólo con la protección de los Arcángeles, y el permiso de los Reyes
Elementales, que podemos conservar cualquier semejanza de control.
Aunque los escépticos despacharían su descripción como puros vuelos de fantasía, se
nos dice por quienes creen, que los Reyes de los Elementales y sus reinos son parte
intrínseca de nuestra herencia.Ellos comparten nuestra existencia, y su
espíritu vive dentro de nuestras propias naturalezas tan ciertamente como nosotros
experimentamos su naturaleza exterior.

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Los cuatro Elementos.

En tiempos antiguos se tomó considerable
nota para la comprensión de los elementos,
puesto que se les consideraba los ladrillos de
construcción del Universo, y muchos creyeron
que ellos eran parte también de su estructura
básica propia. Los Sabios de esos tiempos los
vieron como un reflejo del universo.
Estudiaron las estrellas y la naturaleza, y
utilizaron la información que reunieron como
un método para comprender a su Creador y sí
mismos.
Todos nosotros ahora vivimos entre
naturaleza, aún quienes viven en pueblos y
ciudades, y a la mayoría de nosotros nos
tranquiliza caminar por el campo o a lo largo
de la playa. Pocos de nosotros se toman el
tiempo para verdaderamente estudiarlos,
pero si nos interesamos en seguir estas
creencias antiguas, hallaríamos que la misma
naturaleza contiene la clave de mucho
conocimiento interno sobre nuestra propia
naturaleza, y la parte que desempeñamos en
el gran Plan Cósmico.
Cada día nos calentamos con Fuego,
Nos bañamos con Agua,
Sentimos el Viento en nuestros cabellos,
Caminamos sobre la Tierra.
Muchos se pasmarían al darse cuenta que
esos mismos elementos se pueden interpretar
como funcionando dentro de nosotros.
Estamos hechos por las mismas leyes, y estos
elementos no sólo se sienten alrededor de
nosotros, sino que muy ciertamente se
pueden expresar a sí mismos en muchas
formas dentro de nuestra naturaleza. A causa
de esto los elementos son considerados por
algunos como muy importantes y, por
analogía, se pueden comparar como sigue:

Fuego = Deseo
Agua = Emociones
Aire = Pensamiento
Tierra = Estabilidad

Hay muchos dichos que han resultado de
estos, y no es por accidente que oímos cosas
tales como:

Las Llamas de la Pasión (FUEGO)
Ahogados por la Emoción (AGUA)
La Brisa fresca de la Razón (AIRE)
Sólido como una Piedra (TIERRA)

Y hay muchas analogías más, si nos
interesamos en pensarlas. Mientras más
estudiamos la naturaleza, y la comparamos
con nosotros, más podemos saber y quizás
aprender y a entendernos, y lo especial de
nuestra propia individualidad.
¿Alguna vez deseó saber porqué decimos
“Dios el Padre,” y llamamos al mundo en que
vivimos como “la Madre Tierra”? La
naturaleza se puede considerar como la Novia
y el reflejo de la Creación. El Padre es el
Creador, la Madre es quien alimenta a todo lo
que se manifiesta en la Tierra – ambos
funcionando en polaridad perfecta.
Se nos dice que todo en la naturaleza está
hecho con los 4 elementos básicos, y vale la
pena examinar cómo esto puede afectarnos
también.

Fuente: Orden del León Blanco.

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