Entrevista a Andras Corban Arthen

Andras Corban Arthen fue adoptado en las prácticas tradicionales de una familia de brujas escocesas en 1969. Es líder (Cunningman) de los brujos de Glenshire, y además es un iniciado de alto rango en otras tres ramas de brujería contemporánea. También ha servido como oficial de la junta directiva del Covenant of the Goddess (Alianza de la diosa), un consejo internacional de brujas, y es reconocido a través de los Estados Unidos como uno de los fundadores y ancianos del movimiento pagano en este país.
Andras forma parte de una familia internacional de brujas que residen en Glenwood, un centro pagano para conferencias y también un área de conservación natural, ubicado en 60 hectáreas en las montañas Berkshires en la parte occidental de Massachusetts. Es uno de los directores de la Comunidad “Alma de Tierra” (EarthSpirit Community), una organización pagana fundada a fines de los años 70 que se dedica a la preservación y el desarrollo de la espiritualidad, la cultura, y la comunidad pagana, y que cuenta con más de cinco mil miembros a través de los Estados Unidos y en otros países.
Fue escogido para ser el representante de las tradiciones paganas en la Conferencia Interreligiosa de las Naciones Unidas en el 1991. En octubre del 2006 fue elegido como miembro del comité de directiva del Parlamento de las Religiones del Mundo, la organización interreligiosa más grande y más antigua que existe. Como parte de su trabajo interreligioso, Andras fue uno de los presentadores principales en los Parlamentos de Chicago en el 1993, y de Barcelona en el 2004, y fue el único representante pagano en el Encuentro Mundial Interreligioso en Monterrey, México en el 2007. Entre sus otras actividades de esta índole, Andras fue uno de los creadores y oficiantes de la ceremonia interreligiosa que tuvo lugar ante de 250,000 personas para inaugurar el vigésimo aniversario del Día de la Tierra en Boston.
Ha sido entrevistado para libros como “Witches and Witchcraft” (Las brujas y la brujería), “Fire in the Head” (Fuego en la cabeza), “Never Again the Burning Times” (Nunca jamás los tiempos de las Hogueras), “Being a Pagan” (Ser pagano), “A Community of Witches” (Una comunidad de brujas), “Modern Pagans” (Los paganos modernos), y en el premiado programa televisivo “Smithsonian World” (Mundo del museo Smithsonian). En el 2007, él contribuyó con un capítulo para el libro “Soul Companions” (Compañeros del alma), que fue publicado en el Reino Unido. Andras ofrece clases y discursos en talleres, conferencias e instituciones académicas a través de los Estados Unidos y en el extranjero.
Es un músico folklórico, narrador de cuentos y poeta. Junto con Deirdre Pulgram Arthen, ha grabado “We Believe” (Creemos), una colección de canciones bárdicas, y actualmente está elaborando una grabación de cuentos mágicos. También canta e interpreta con MotherTongue (LenguaMadre), el grupo de artes rituales de EarthSpirit, el cual ha sido elogiado internacionalmente.

Entrevista realizada por Unai Bilbao

Quizás lo mejor es comenzar por el principio, así que debería preguntarte qué fue primero para ti, la brujería o el paganismo. ¿Cómo te introduciste en este mundo? Si no me equivoco, fue durante tu juventud cuando hiciste tu acercamiento a la brujería. ¿Cómo fue y cómo recuerdas ese primer encuentro?

Bueno, comenzando por el verdadero principio, mi familia paterna fue de España (de Galicia, para ser más preciso); mi abuela materna fue vasca; y mi madre y mi abuelo materno fueron cubanos. Me crié en España, en Cuba y en Puerto Rico, pero he vivido la gran parte de mi vida en los Estados Unidos. Tuve mis primeras experiencias mágicas, si así podemos llamarlas, a una edad muy temprana. Durante mi niñez yo padecí de unos episodios ocasionales de fiebre muy intensa, durante los cuales se me aparecían unos seres brillantes que me cuidaban, me enseñaban cosas y me proporcionaban experiencias muy fascinantes. No voy a meterme en más detalle porque ya he escrito bastante a fondo sobre eso en el libro Soul Companions (si a alguien le interesa leerlo, puede encontrar una versión en castellano en http://www.earthspirit.com/espagnol/andras_brillantes.html), pero te lo comento aquí porque esas experiencias influenciaron mucho mi acercamiento a la brujería y mi encuentro con mis maestros.

Los conocí en Boston, a donde me había mudado para hacer mis estudios universitarios. Ya para entonces yo había dejado el catolicismo unos años atrás, pero estaba buscando algo diferente, porque me había quedado con un ansia espiritual que no se apagaba, así que me había dedicado a estudiar y a explorar todas las diferentes religiones y sendas espirituales que pudiera encontrar, pero sin que ninguna me encajara. También había adquirido un ligero interés en temas esotéricos.

A fines del 1968, a poco de cumplir yo los diecinueve años, un compañero de trabajo me notó leyendo un libro sobre la brujería y me preguntó casualmente si me interesaría conocer a una pareja de brujos que eran amigos suyos. Por esa época, como casi todo el resto del mundo, yo asociaba a la brujería con la veneración del diablo, pero también la veía como una tontería anticuada — después de todo, estábamos en pleno siglo veinte, ¿no? Yo pensaba que los únicos que se las darían de ser brujos en aquellos años sería gente inmadura, inadaptada, aferrándose a cualquier cosa que le elevara un poco su autoestima. Pero bueno, me picó la curiosidad y le dije que sí, y unas semanas más tarde al fin nos juntamos.

Ese primer encuentro, en un café en Cambridge, me cambió la vida completamente. Me había imaginado todo tipo de estupideces sobre cómo ellos serían, pero en cambio los encontré muy amables, muy inteligentes y cultos, muy atractivos, y con un maravilloso sentido del humor. Me explicaron que ellos eran miembros de una familia de brujas que se había originado en las Tierras Altas de Escocia desde hacía muchísimas generaciones, pero que había tenido que emigrar hacia el sur durante los desalojos forzados del siglo XIX, y por varias horas hablamos sobre la brujería con el resultado de que, poco a poco, mis prejuicios y mis nociones erróneas se fueron disipando.

Una de las cosas que me fascinó fue que la brujería que ellos practicaban estaba muy enraizada en la cultura gaela de la Tierras Altas, y yo hacía poco que había empezado a interesarme por las tradiciones celtas de mis antepasados gallegos (y antes de que se me olvide contestar parte de tu pregunta, mis maestros se definían como brujos y no como paganos, aunque describían a la brujería como una práctica que se había desarrollado dentro de culturas paganas precristianas). Pero lo que más me encantó y a la vez me desconcertó fue encontrar que las respuestas que ellos me daban a las preguntas que yo había estado haciendo por varios años eran muy diferentes, y me daban mucho más sentido, que las respuestas que otros me habían ofrecido. Y aún con ciertas cosas que yo había comenzado a entender intuitivamente, pero que todavía no llegaba a poder expresar, cosas que — dada mi juventud — yo no imaginaba que nadie más en el mundo hubiera concebido, ellos no solo las expresaban con gran claridad, sino que podían ponerlas dentro del contexto de tradiciones muy antiguas que yo desconocía.

En suma, que me quedé con una extraña mezcla de euforia, de confusión y de miedo, porque sentía que me estaba pasando algo profundo y completamente inesperado dentro de mi, que no llegaba a entender — como si algo se estuviera rompiendo, como si me fuera a morir. Y nuestro segundo encuentro, un par de semanas después, me dejó incluso más agitado, porque descubrí una conexión entre ellos y esos seres que se me aparecían durante mi niñez. Nos juntamos varias veces más, hasta que al fin no tuve más remedio que hacer lo que jamás me había imaginado, y les pedí que me enseñaran, y así comenzó mi aprendizaje.

Es fácil asegurar que de no haberte encontrado con tus maestros tu vida hubiera sido totalmente diferente. Y que el aprendizaje con ellos y la posterior práctica han marcado tu vida. ¿Qué te aportó en su momento y que te aporta hoy en día esta práctica personal?

Efectivamente, los años de mi aprendizaje marcaron el período más formativo de mi vida, y también sin duda el más difícil. De lo que puedo decirte, la brujería de mis maestros no era una religión en ningún sentido, no tenía nada que ver con creencias o la veneración de dioses. Era esencialmente animista, y, como llegué a entender varios años más tarde, probablemente representaba la supervivencia de algo así como una forma de chamanismo celta escocés (aclaro que mis maestros nunca usaron ese término). Sus prácticas estaban enfocadas en la experiencia de lo que ellos llamaban el Mundo Invisible, que es una dimensíon de la existencia que trascende el mundo físico ordinario, pero que a la vez se interpenetra con él en diversas maneras. Según mis maestros, la labor del brujo esencialmente consiste en hacer incursiones por medio de trance a ese Mundo Invisible, a experimentar lo más que pueda de sus infinitas posibilidades, a ser “formado” por las diferentes entidades y fuerzas que se encontrara, y a traer esas experiencias al mundo ordinario cuando fuera deseable o necesario. Para ellos, lo que realmente definía a un brujo no eran ritos de iniciación, o títulos, o libros que hubiera leído, o cosas por el estilo, sino que la verdadera “iniciación” yacía totalmente en la cantidad, la calidad, y la naturaleza de las experiencias que el brujo tuviera durante sus incursiones a ese Mundo Invisible.

Mi entrenamiento fue individual (mis maestros tenían otros tres aprendices, pero casi nunca nos juntaban) y muy práctico, enfocado casi completamente en técnicas para ganar acceso al Mundo Invisible y poder explorarlo; también fue muy arduo, porque si bien las prácticas eran fundamentalmente simples, se hacía muy difícil ejecutarlas. Ellos me enseñaban una técnica, y entonces esperaban que yo la practicara y la practicara hasta que no solo alcanzara resultados concretos, sino cierto nivel de maestría, y no me enseñaban nada nuevo hasta que pudiera demostrarles mis logros de manera concluyente. Eso me requirió que pasara varias horas casi todas las noches practicando, cosa que hice por varios años; por supuesto, por esa época yo no solo era muy joven, sino que carecía de cometidos serios en mi vida y podía dedicarme casi por completo a mi aprendizaje.

Pero lo más duro fueron las experiencias que tuve como resultado de esas prácticas. El proceso de acceder al Mundo Invisible, y, aún más, de mantenerse uno allí con suficiente conciencia para poder asimilar lo que se encuentre, no solo es muy difícil, sino que también es peligroso, porque no es cuestión de juegos o de cosas imaginarias. Hacer eso requiere que nos desatemos de los vínculos más fuertes que tenemos con el mundo ordinario, que abandonemos la necesidad de sentirnos en control, que nos rindamos frente a lo desconocido — es, en realidad, una muerte, una muerte en vida, la cual produce un desequilibrio muy profundo y angustioso que dura hasta el punto que uno logre encontrar un equilibrio nuevo y diferente. En mi caso, ese proceso fue intensificado a través de varios encuentros, bajo el tutelaje de mis maestros, con una entidad botánica que posee una habilidad muy afinada para catalizar ese tipo de transformación.

En resumen, a través de varios años pasé por una serie de experiencias extraordinarias e intensas, y aunque muchas de ellas fueron maravillosas y me dejaron extasiado, muchas otras fueron aterrorizantes, y me desmoronaron completamente el mundo que yo conocía, incluyendo mi sentido de mi mismo, y como que me volvieron de dentro para fuera, y de arriba para abajo. Pasé casi un año entero convencido de que me había vuelto loco, porque muchas de las cosas que me estaban pasando eran ejemplos modélicos de psicosis aguda, y un par de veces hasta llegué a contemplar el suicidio, porque la carencia de control y la angustia era tan profunda y abrumadora. Durante el transcurso de todo eso, mis maestros me guiaron, me apoyaron, me empujaron cuando lo necesité, y me cuidaron hasta que al fin pasé por ese período y me pude equilibrar de nuevo.

Esas experiencias me transformaron por completo — mi conciencia, mi personalidad, mi apariencia física, mis intereses. No puedo decirte, con toda franqueza, que me hayan “mejorado” la vida; en realidad, me la hicieron bastante más difícil y complicada, porque me arrancaron ciertas ilusiones convenientes que le permiten a la mayoría de la gente a convencerse de que sus vidas son felices, cómodas y seguras. Pero, por encima de todo, me liberaron de ciertos temores que ni siquiera sabía que tenía, y me abrieron las puertas a una dimensión espiritual que ha definido mi existencia desde entonces.

Perteneces a una orden denominada Brujas de Glenshire. Hablanos un poco sobre la historia de las Brujas de Glenshire y su tradición, por favor. Al menos aquello que puedas, o que consideres oportuno, sobre vuestras creencias, celebraciones y práctica.

La orden de Glenshire representa una adaptación de las enseñanzas que recibí de mis maestros, y supongo que eso la hace “mi rama” de esa forma de brujería (aclaro que “Glenshire” no es el nombre de un lugar o de una persona, sino la transliteración fonética de una forma de magia gaélica con la que trabajamos, y que de otra manera a la gente le sería muy difícil de pronunciar…) Comenzó a desarrollarse cuando al fin llegué al punto donce decidí aceptar mis primeros aprendices. Yo, claro está, intenté enseñarles individualmente, de la misma manera que a mi me habían entrenado, pero encontré ciertos problemas que no había anticipado. Por un lado, como yo carecía del nivel de experiencia que mis maestros habían tenido, en realidad no había comprendido la abrumadora responsabilidad que había asumido con el papel de maestro, especialmente siendo yo el único apoyo de mis aprendices. Por el otro lado, sus vidas eran bastante más complicadas que como fue la mía durante los años de mi aprendizaje; se les hacía mucho más difícil practicar las técnicas con un enfoque tan total como el que yo había tenido, y eso les impedió alcanzar buenos resultados. Pero más que nada, cuando comenzaron a tener experiencias similares a las que yo tuve, se encontraron en un estado de crisis muy grande, porque estaban a riesgo de perder ciertas cosas — relaciones, familias, carreras profesionales — que yo no había arriesgado.

Ya hacía un tiempo que mis maestros se habían mudado de Boston, pero me dieron varias sugerencias a la distancia, y también recibí consejos de uno de los brujos locales que ellos me habían recomendado. En fin, que gradualmente implementé ciertos cambios para hacer que el entrenamiento fuera más pausado, y para que esas experiencias ocurrieran más gradualmente y así pudieran ser asimiladas con más facilidad. Uno de los cambios principales fue elaborar un método para que el entrenamiento se pudiera llevar a cabo en grupos, en vez de ser exclusivamente individual. De esa manera, cada aprendiz podía contar no solo con mi apoyo, sino con el de todos los miembros de su grupo.

Nosotros no nos “propagamos” como las diferentes ramas de la Wicca, por ejemplo, que crecen progresivamente con la creación de nuevos grupos, sino que funcionamos más bien como una familia extendida — hemos estado conectados por muchísimos años, y algunos de nosotros hasta vivimos juntos. Lo que llamamos “covens” son más bien configuraciones que existen entre nosotros y que están definidas por vínculos mágicos, familiares o geográficos.

Nosotros hacemos una distinción muy clara, y mantenemos una línea muy firme, entre nuestra práctica interna y externa. Aquí en los Estados Unidos, la gran mayoría de los grupos wiccanos y eclécticos están relativamente abiertos, mientras que los grupos tradicionales están casi totalmente cerrados. La práctica de las brujas de Glenshire sigue las formas tradicionales que se enfocan en la magia y que son completamente privadas; ni tan solo una vez hemos tenido un invitado de afuera presente en alguna de nuestras reuniones. Por el otro lado, para nosotros es muy importante usar nuestras prácticas para beneficiar al mundo de alguna manera, y eso lo hacemos a través de la Comunidad Alma de Tierra, que es la organización pagana que coordinamos, y que es mucho más abierta y pública que la gran mayoría de grupos paganos.

Actualmente hay mucho interés por la brujería. ¿Crees que cualquiera puede ser brujo o hay, como dicen muchos brujos tradicionales, una herencia para ciertas personas señaladas por nacimiento o familia? ¿Qué diferencias marcarias entre brujería y paganismo?

La idea de que cualquiera puede ser brujo es una cosa moderna y reciente que viene de Gerald Gardner y su invención de la Wicca, y que en realidad no se llegó a popularizar sino hasta los sesentas o setentas, cuando la Wicca finalmente comenzó a diseminarse. Hasta entonces, y desde siempre antes, los brujos eran vistos como individuos que estaban dotados de ciertos poderes especiales, de habilidades mágicas o psíquicas que generalmente se manifestaban desde la niñez — habilidades para curar, para predecir el futuro, para interpretar sueños, para manipular fuerzas paranormales y lograr ciertos resultados, etc. Y los brujos no eran considerados “personas normales,” sino que existían generalmente al margen de la sociedad, y no tan solo por miedo de ser perseguidos, sino más bien por la naturaleza de sus experiencias mágicas que los diferenciaban del resto de la gente.

Pero entonces por ahí viene Gardner, con una idea que se tomó de Margaret Murray, diciendo que la brujería en realidad fue una religión de la cual los brujos fueron sacerdotisas y sacerdotes, y que cualquiera se puede hacer brujo con tan solo adoptar las creencias y practicar las ceremonias de esa religión. Es cosa bastante fácil, no requiere entrenamiento arduo o dones especiales, no le va a impedir a nadie que continúe viviendo su vida muy normal, y, después de todo, en la mayoría de los países occidentales la gente tiene el derecho de practicar cualquier religión que quiera. Y esa noción wiccana de que la brujería es una religión de sacerdosio encajaba perfectamente con el concepto luterano del “sacerdosio de todos los creyentes,” que está tan diseminado en el protestantismo que predomina en los países de habla inglesa. En la Inglaterra de los cincuentas y los sesentas, esa fue una idea particularmente atractiva para gente de la clase obrera, que se veía atascada dentro de un sistema de estratificación social muy rígido, y probablemente por eso fue que de ahí salieron tantos de los primeros wiccanos. La mujer que trabajaba de día en una factoría sin mucha esperanza de ascenso, por ejemplo, de noche podía convertirse en la suma sacerdotisa de un coven de brujos. Yo creo que esa noción de una “religión de brujería” es lo que más específicamente define a la Wicca, y no cabe duda que fue una idea revolucionaria.

En las familias de brujos tradicionales que he conocido, la cosa es muy diferente. Por lo general en esas familias, no todos son brujos; como decía antes, solo aquellos que demuestran ciertos dotes especiales desde una edad temprana son entrenados como tales. Y la brujería tradicional no es (y nunca ha sido) una religión en ningún sentido común de esa palabra.

Aunque comenzaste en la brujería escocesa, has conocido a otros brujos tradicionales, has sido iniciado en otras ramas de brujería y de otras confesiones paganas ¿Qué diferencia has vivido en tu práctica personal entre la brujería tradicional escocesa que aprendiste y otras prácticas de brujería que has conocido (tanto ramas tradicionales, wicca, recensiones paganas contemporáneas como el druidismo, magia ceremonial…)

Mis maestros, antes de mudarse al fin de Massachusetts, me pusieron en contacto con dos otros brujos que mantenían prácticas tradicionales, aunque algo diferentes a las nuestras, y a su vez esos dos me presentaron a otros, y al cabo de los años llegué a conocer a muchos otros brujos tradicionales, tanto en los EEUU como en el Canadá y el Reino Unido. Hice muy buenas amistades con algunos de ellos, que continúan hasta el día de hoy, mientras que con otros nos quedamos más bien como conocidos. Pero con casi todos he tenido la oportunidad de conversar bastante a fondo sobre nuestras respectivas prácticas, y varias veces he podido contar con algunos de ellos para que me ayudaran o me aconsejaran cuando lo he necesitado.

Pero también me entró curiosidad de investigar otras sendas paganas, así que por un período de tres o cuatro años, de mediados a fines de los setentas, gradualmente hice contacto personal con diversos grupos en mis cercanías. En aquellos tiempos, casi todas las sendas paganas se practicaban en grupos, era casi imposible encontrar practicantes solitarios; y en esos grupos, la norma era que si querías conocerlos a un nivel tan siquiera un poquito más allá de una que otra visita ocasional, tenías que ser iniciado en ellos. Como resultado, llegué a ser iniciado en dos órdenes de magia ceremonial, en un grupo neodruida, y en tres ramas de la Wicca — la Galesa, la Celta Americana, y la Alejandrina.

Alrededor de ese tiempo, cuando empezé a ofrecer clases a nivel público, y especialmente desde que fundé nuestra comunidad pagana de Alma de Tierra, comencé a viajar extensamente a través de los Estados Unidos presentando talleres y participando en encuentros paganos y en conferencias. Eso me dio la oportunidad de conocer a muchísimos otros grupos paganos de todas partes de este país, y unos años más tarde, también del extranjero. No he llevado cuenta exacta, pero durante los últimos treinta y cinco años he conocido, en persona, a varios miles de paganos y he participado en cientos de ceremonias de no sé cuántas recensiones paganas.

Aclaro que mi práctica personal como brujo siempre ha sido, y continúa siendo, la que heredé de mis maestros, simplemente porque no he encontrado nada en el mundo pagano que se aproxime al nivel de profundidad y de intensidad que he experimentado con esa tradición. Pero también me he desarrollado una práctica pública como sacerdote pagano que, aunque se deriva de las enseñanzas de mis maestros, es mucho más abierta.

Si fuera a darte mi opinión a fondo sobre las diversas sendas paganas que he conocido, esta entrevista se haría interminable y sin duda aburriría completamente a los lectores, así que me voy a limitar a un comentario general. A mi ver, el hecho de que en esta era moderna se haya desarrollado un movimiento pagano a nivel internacional es evidencia, no solo de cuánta gente ya está harta de las supersticiones y los abusos del cristianismo, sino también de la añoranza que siente por sus antiguas tradiciones ancestrales. Yo creo que en ese movimiento existe un potencial incomparable para desarrollar modelos culturales, sociales y espirituales muy diferentes, y mucho más satisfactorios, a los que encontramos en las sociedades fundamentalmente cristianas del Occidente. A la misma vez, me parece que la gran mayoría de las sendas paganas de hoy son demasiado ligeras y superficiales — esa fue una de las primeras cosas que noté con sorpresa cuando comencé a explorarlas, que, por ejemplo, no encontraba en ellas el tipo de entrenamiento o la intensidad de experiencias mágicas que yo había tenido. Hasta cierto punto, supongo que eso se debe a la escasez de modelos de paganismo auténticamente tradicional que han sobrevivido. Pero parte de esa insustancialidad también se debe a que el paganismo moderno, siendo casi completamente un fenómeno urbano, está muy “normalizado,” muy influenciado por ese urbanismo contemporáneo que define de manera dominante a nuestra cultura, y que más y más tiende a glorificar el consumerismo, la banalidad, la sobreestimulación sensorial y la adicción a la comodidad. Dado eso, y dado el eclecticismo tan extremo y diluyente que ya hace años plaga al movimiento pagano, no sé si llegaremos a profundizarnos lo suficiente para alcanzar la realización de ese potencial. El futuro dirá si el paganismo moderno tuvo algún significado sustancial, o si tan solo fue una moda pasajera.

Brujería, paganismo e internet: todo un debate abierto. ¿Ha hecho bien o mal al paganismo y la brujería esta apertura, publicación de información y globalización? ¿Y cómo se ven todo este fenómenos los brujos desde su perspectiva tradicional?

Me imagino que quizás desde cualquier punto de vista que se vea, Internet es una invención tan maravillosa como lo es pésima. En lo que se refiere al paganismo, por ejemplo, nos ha permitido ponernos en contacto los unos con los otros de una manera que, apenas hace veinte años, era inconcebible. Eso, a su vez, ha facilitado un intercambio de informacíon sin precedente. Y creo que no cabe duda que, más que nada, Internet ha popularizado al paganismo de manera exponencial.

Pero todo eso también es problemático. Los intercambios virtuales son tan fáciles y convenientes que la gente comienza a depender en ellos y a abandonar los intercambios en persona; conozco a muchos paganos aquí en los Estados Unidos, por ejemplo, que rehusan participar en los diversos encuentros que se organizan a través del país, porque les parece demasiado trabajo, demasiada complicación, prefieren mantener sus relaciones a la distancia de un nivel virtual. Pero cuando estás hablando y compartiendo con otros cara a cara, tienes una experiencia mucho más completa, mucho más profunda de quiénes son, de lo que tienes en común con ellos; ese es un nivel de comunicación, de relación, de comunidad, que aparentemente estamos perdiendo poco a poco.

Con respecto a la popularización del paganismo, lo más que se populariza cualquier cosa, lo más que se diluye — esa es una ecuación que se encuentra en todo ámbito de la sociedad. Ya para los fines de los setentas, mucho antes de que se desarrollara Internet, el movimiento pagano (por lo menos en los Estados Unidos) estaba experimentando problemas con una popularización extremadamente rápida y extensa, como resultado de la cual casi todos los grupos paganos más sólidos y experimentados cerraron sus puertas, y los demás grupos se encontraron saturados con nuevos miembros y no daban abasto. En el 1980, el número estimado de paganos en los EEUU era alrededor de 40,000; en el 1993, justo antes de que se propagara Internet, ese número había subido a los 250,000. Hoy, unos quince años después, y con la influencia de Internet, se estima que haya entre 2 y 3 millones de paganos en este país. Es un crecimiento muy impresionante, pero en realidad, ¿qué significa? ¿Qué logra? ¿Qué beneficios sustanciales ofrece?

Y si bien la cantidad de información sobre el paganismo que se encuentra por la Red es asombrosa, la gran parte de ella (quizás hasta un 80% o más) consiste de simplismos, de errores, de tonterías, de banalidades, y hasta de desinformación intencional. Y dada la prevalencia de la anonimidad en este medio, donde cualquiera puede pretender ser suma sacerdotisa o lo que le dé la gana con impunidad, ¿cómo puede la gente — y en particular la gente nueva — diferenciar entre lo que es fiable y lo que no lo es?

A propósito de tu pregunta, un buen ejemplo de ésto es la brujería tradicional, ya que hoy se encuentran varios sitios de la Red y grupos de discusión sobre ese tema en varios idiomas. Ese fue un término que algunos de nosotros, cuyas prácticas provenían de tradiciones étnicas de brujería, comenzamos a usar en conversaciones con otros paganos a eso de los mediados de los setentas, para tratar de establecer una diferencia clara entre nuestras prácticas y la Wicca; mis maestros, por ejemplo, no se referían a si mismos como “brujos tradicionales” — eran simplemente “brujos.” La brujería auténticamente “tradicional” es, y siempre ha sido, una práctica extremadamente privada, secreta, y es debido a eso que algunas de sus recensiones hayan logrado sobrevivir. Por lo general, se ha mantenido en familias muy unidas que protegen su identidad y la privacidad de sus prácticas a todo costo, algunas hasta el punto de la paranoia.

De los brujos tradicionales que conozco personalmente, tanto de aquí como de Europa, casi ninguno tiene el vínculo más ligero con el movimiento pagano. Cuando yo decidí identificarme públicamente como brujo y como pagano, tuve largas e intensas conversaciones con muchos de ellos para explicarles mis razones, para asegurarles que iba a ser muy comedido en mis comentarios públicos, y para pedirles que me aconsejaran. Ellos conocían y respetaban a mis maestros, y ya me habían conocido a mi por unos años y creo que también había ganado su respeto, pero aún así, algunos de ellos cesaron toda comunicación conmigo desde ese punto, principalmente porque no querían correr el menor riesgo de ser identificados si de alguna manera nuestra conexión llegara a ser revelada. Te cuento todo ésto para darte una idea del nivel extremo de confidencialidad que se encuentra en el mundo de la brujería tradicional.

La idea de que cualquiera de ellos se fuera a identificar públicamente por un sitio de Red, hablara abiertamente sobre sus prácticas, y se dispusiera a entrenar y a iniciar a extraños que ni tan siquiera había conocido una sola vez en persona, es una cosa completamente ridícula y engañosa. He tenido la oportunidad de leer los textos disponibles en varios de esos sitios, y me parece que lo que describen como “brujería tradicional” no es más que una mescolanza bastante transparente de elementos demonológicos tomados de los juicios contra las brujas, combinados con conceptos y con terminologías que le deben una gran deuda a las fantasías de Tolkien, los libros de Narnia y ciertos comics, como también a diversos juegos de rol. Mis hijos tienen amigos que escriben cosas similares para sus propios juegos, así que no me sorprendería si resultara que esos sitios de Red fueran la labor de adolescentes imaginativos. Casi todas las formas de brujería tradicional auténtica que conozco son muy sencillas, no utilizan títulos grandiosos, arsenales de “herramientas mágicas,” o vocabularios neogóticos.

Actualmente hay una especie de confrontación entre ramas de wicca tradicionales y la denominada wicca eclectica. Quizás parecida a la que viviste hace años entre brujería tradicional y wicca. ¿Puedes hablarnos sobre como viviste en su día esta pugna? También en alguna ocasión te he visto estar en una posición de crítica al tradicionalismo más secreto y a la falta de abertura de las recensiones brujeriles más tradicionales, así como defender en cierta medida el eclecticismo o, al menos, no condenarlo categóricamente. Coméntanos más sobre tu postura al respecto y sobre la visión de la brujería tradicional sobre el fenómeno del eclecticismo, su repercusión en el paganismo, etc..

Me parece que es una cuestión muy relativa, y que mucho depende en el significado que se le dé a ciertos términos, por ejemplo esa palabra “tradicional,” que en el paganismo de hoy se tiende a usar con un significado tan sumamente amplio. Para mi, una tradición auténtica es algo que se desarrolla a través de muchísimo tiempo — generaciones, y hasta siglos — de una manera gradual y orgánica, y dentro de una cultura étnica específica. Desde ese punto de vista, la Wicca no cualifica como tradicional porque apenas ha existido por un par de generaciones y, lo que es más importante, no se desarrolló orgánicamente, sino que fue creada de manera artificial y metódica.

Por eso, en mi opinión, hablar de la Wicca tradicional es un oxímoron, y hablar de la Wicca ecléctica es un pleonasmo — la Wicca, desde sus comienzos en las décadas de los cuarentas y los cincuentas, ha sido una senda eminentemente ecléctica, que de hecho ejemplifica el significado de la palabra “eclecticismo,” o sea, una mezcla de elementos derivados de fuentes que no están directamente relacionadas para crear algo nuevo. Desde por lo menos los principios de los setentas, se sabe perfectamente que la Wicca, como la promulgó Gerald Gardner, es fundamentalmente una mescolanza de la magia ceremonial, fragmentos de folklore británico, la masonería, la mitología clásica, los anales de los juicios contra brujas, el hermetismo de la Orden del Alba Dorada, la biblia, el neoplatonismo, las obras de autores tan diversos como Margaret Murray, James Frazer, Charles Leland, Aleister Crowley, Rudyard Kipling, Pierre Louys, etc., y, aparentemente, hasta de una rama del escultismo. Por eso creo que cuando hablamos de diferentes vertientes de la Wicca, en realidad estamos hablando de grados o niveles relativos de eclecticismo.

El problema principal fue, por supuesto, que Gardner no presentó a la Wicca como su propia creación ecléctica y moderna (de haberlo hecho así, seguramente nunca se hubiera popularizado tanto), sino todo lo contrario, como una tradición antiquísima que se remontaba hasta la Edad de Piedra. Pero en los primeros años de los setentas, cuando muchos paganos comenzaron finalmente a comprender el verdadero origen de la Wicca y a descubrir las diversas fuentes que Gardner utilizó, se desencantaron mucho con él, y decidieron que, si él había fabricado todo eso por si mismo, no había razón por la cual ellos no podían hacer algo semejante, quizás algo mejor, y eso le abrió las puertas a un eclecticismo mucho más amplio. Y desde entonces, ese proceso se ha expandido descontroladamente, hasta que hoy en día encontramos un eclecticismo desmensurado y extremo, en el que se puede hacer cualquier cosa y darle el nombre de “Wicca” con impunidad. Eso, claro está, ha propiciado todo tipo de reacciones. Por ejemplo, tengo muchos amigos de la “vieja guardia,” practicantes de las formas de Wicca más fieles a lo que Gardner promulgó originalmente, que le han venido a dar a sus prácticas el nombre de “Wicca Tradicional Británica” para distanciarse de ese extremado eclecticismo. Pero el que se les dé ese nombre no significa que en realidad esas prácticas sean verdaderamente tradicionales, simplemente son menos eclécticas que el resto de lo que se encuentra por ahí.

Pero la cosa no es tan simplista como para decir que el tradicionalismo es mejor y el eclecticismo peor, que es como muchos “tradicionalistas” lo ponen. La preservación de una tradición tan solo por el hecho de ser tradicional es problemática, porque con mucha facilidad se calcifica, se vuelve inflexible, se degenera en la superstición o se obsesiona con mantener misteriosas “enseñanzas secretas” que ya se han conocido por bastante tiempo, y todo eso aumenta las posibilididades de que desaparezca del todo. Por otra parte, un eclecticismo juicioso, inteligente y creativo puede tener resultados maravillosos, como los que he encontrado entre ciertos grupos eclécticos aquí en los Estados Unidos.

Vale apuntar que una cosa que intensifica mucho esa “confrontación” entre el tradicionalismo y el eclecticismo es ese impulso que tanta gente tiene para tratar siempre de quedar por encima de los demás, de sentirse como el “pez gordo.” Eso se encuentra muy a menudo en grupos sociales relativamente pequeños y marginales, como es el paganismo. Por allá por los setentas, la cosa era sobre quién te había iniciado, hoy es sobre el nivel de tu eclecticismo, y ya se ha hecho popular ese sobriquete de “conejitos de peluche,” para burlarse de aquellos que son más eclécticos que uno: los wiccanos eclécticos se lo aplican a los paganos supereclécticos; los wiccanos de la “Wicca Tradicional Británica” se lo aplican a los wiccanos eclécticos; y los brujos tradicionales se lo aplican a todos los wiccanos de cualquier vertiente que sean. Para mi todo eso es una tontería que no tiene sentido, o propóstito constructivo. Esa necesidad de sentirse superior no es más que un síntoma de temores, de inseguridades, de una autoestima frágil. Podemos hablar sobre nuestras diferencias y podemos discutir problemas que existan en nuestras comunidades como personas inteligentes y maduras, sin tener que insultarnos o burlarnos los unos de los otros.

Y al hilo de estas preguntas, ¿Sería necesario según tu opinión, que el paganismo vuelva a sus raíces? ¿Qué debería cambiarse en el paganismo para volver a estas raíces? La brujería es un sistema antiguo de rituales, el paganismo una religión de hace muchos siglos, al menos en origen. ¿Crees que hay lugar en el siglo XXI para la brujería y para el paganismo? ¿Qué es lo que el paganismo puede aportar a la sociedad de hoy día? ¿Y la sociedad actual al paganismo y a su evolución?

El paganismo, en su significado más esencial, se refirió a tradiciones rurales, campestres, que se desarrollaron en culturas agrarias donde la gente vivía de manera muy íntimamente conectada con el mundo natural. El “paganismo” moderno es un fenómeno casi completamente urbano, que crece en un entorno artificial diseñado intencionalmente para crear una separación firme y permanente entre los seres humanos y la naturaleza. ¿Hasta qué punto se puede estirar el significado original de “pagano” para que encaje en un medio ambiente cultural que es precisamente la antítesis de su sentido esencial? Para mi, ese es el problema más grande que se encuentra en el paganismo de hoy — ¿cómo podemos reconectarnos más directamente con el mundo natural? ¿Cómo podemos experimentar la espiritualidad por medio de la naturaleza (que es lo que verdaderamente define al paganismo), no de manera puramente simbólica o imaginaria, sino de forma actual, real? Porque de no ser así, creo que solo somos paganos de nombre, y no de sustancia.

Mira, si quieres cultivar habas en una terraza con piso de cemento, y tan solo le pones una ligera capa de tierra por encima, y ahí las siembras, seguramente no sacarás buena cosecha, porque las raíces de esas plantas no pueden profundizarse en la tierra, les cuesta mucho trabajo penetrar ese cemento. Así que lo que hacen es que crecen lateralmente, se esparcen al nivel del piso, muy cerca de la superficie, se enredan y compiten entre si por la escasa nutrición disponible. Esas raíces se quedan débiles, inestables, y no pueden sostener a las plantas para que se alimenten y crezcan como deben. Eso es precisamente lo que pasa con el paganismo de hoy, que intenta germinar en el terreno inhospitalario de una cultura urbana y cristiana, pero a pesar de todos sus esfuerzos no logra establecer raíces lo suficientemente profundas, y lo que produce es un fruto que carece de la sustancia y la nutrición que debería tener. Pero si tomas un pico y rompes ese cemento, lo desmoronas para liberar a la tierra fértil que yace bajo él, y ahí siembras tus habas, esas raíces ya no tienen que competir entre si, ya pueden penetrar esa tierra suave y húmeda, y pueden crecer de manera debida, orgánicamente; y sin duda las habas que cosecharás serán deliciosas y nutritivas.

Creo que para que podamos alcanzar y manifestar el potencial latente en el paganismo moderno, primero que nada tenemos que quebrar el cemento de esa cultura cristiana, urbana y materialista en la que vivimos, y esforzarnos a ahondar nuestras raíces en el terreno fértil de la naturaleza, para que nos podamos nutrir lo más directamente posible de su sabiduría esencial, y para armonizarnos con su complejo balance.

Mi familia y yo vivimos por muchos años en los suburbios de Boston, en una situación semejante a la que vive la mayoría de los paganos de hoy. Pero hace más de doce años nos mudamos al campo, a vivir en una hacienda rodeada de bosque en los montes del oeste de Massachusetts, precisamente porque nuestras prácticas como brujos y paganos nos hacían sentir un impulso espiritual muy fuerte para que viviéramos en un entorno mucho más natural. Y ese cambio, por drástico y difícil que haya sido, nos ha dado una perspectiva mucho más compleja sobre el paganismo, sobre cómo podemos vivirlo plenamente, que la que teníamos antes. No estoy sugiriendo que todos los paganos urbanos deberían hacer lo mismo que nosotros y abandonar las ciudades, pero sí creo que les sería de muchísimo provecho conectarse con entornos naturales con mucha más frecuencia y continuidad.

Creaste un sistema de paganismo denominado Anamanta. Coméntanos algo sobre este sistema que habéis creado y sobre la relación que tiene con la brujería escocesa y con las brujas de Glenshire.

En las muchas conversaciones que yo he tenido con paganos alrededor del mundo, la queja más común que he oído se relaciona con las dificultades que tantos encuentran cuando intentan vivir una vida pagana. Para mi, eso más que nada se debe a que en la era moderna, el paganismo ha sido presentado casi exclusivamente como una religión, cosa que siempre me ha parecido ser un gran error. El paganismo original nunca fue una religión como tal, sino un conjunto de culturas que contenían integradas dentro de si importantes elementos espirituales o religiosos. Esa es una diferencia muy significativa, porque la religión y la cultura tradicionalmente van mano a mano, son interdependientes. La religión le provee a la cultura un vehículo para conectarse con el cosmos, y le ofrece conceptos normativos de moral y ética. La cultura, a su vez, permite que la religión se propague y se perpetúe, y especialmente le da vivencia — un mecanismo por el cual los elementos espirituales se puedan integrar firmemente en la vida cotidiana de la comunidad.

Pero el desarrollo del paganismo de hoy como religión no ha sido acompañado por un desarrollo similar de cultura pagana moderna. Eso quiere decir que la gran mayoría de los paganos intentan practicar su religión a la misma vez que viven el resto de sus vidas dentro de la cultura occidental dominante, que está sumamente enraizada en ideas y actitudes cristianas. No es de extrañar que eso les presente un conflicto muy difícil de superar.

Anamanta es nuestro intento a ofrecer una solución para ese problema. La brujería escocesa de mis maestros, aunque ellos no le ponían esa etiqueta de “paganismo,” estaba muy formada por la cultura gaela de las Tierras Altas, que preservó muchísimos elementos precristianos hasta la era moderna, probablemente más que en cualquier parte de Europa que yo haya visitado, con la excepción de ciertas regiones de los países escandinavos y bálticos. Esos elementos indican claramente cómo y hasta qué nivel esa integración de cultura y espiritualidad pagana se manejó en la zona celta de Escocia. Lo que hemos intentado hacer con Anamanta es enfocarnos en esas supervivencias y organizarlas y adaptarlas de cierta manera para desarrollar una vivencia pagana que sea factible en el día de hoy. Y, mientras que hemos tratado de mantener bastante claridad sobre el origen de los conceptos, las prácticas y los valores que están incorporados en Anamanta, no le damos un énfasis cultural específico, con la intención de que así sea más accesible para personas de diferentes culturas.

Anamanta no es una senda pagana reconstruccionista, por un lado, porque trabajamos con cosas que han sobrevivido esencialmente intactas y que por lo tanto no requieren reconstrucción, y por el otro, porque estamos enfocados en ofrecer una práctica que se aplique con relativa facilidad al mundo moderno, y no en reconstruir algo arcaico, por “auténtico” que sea. Y tampoco es una senda ecléctica, porque no es una colección de elementos dispares de tradiciones diversas. Supongo que si tuviera que ponerle una etiqueta, la llamaría “orgánica.”

Como proyecto de vida, y como evolución de tu propia trayectoria, fundaste una comunidad pagana, EarthSpirit, hace ya años, en la que vives y trabajas. Háblanos por favor sobre sus orígenes, el porqué de su fundación, su misión, su crecimiento y sus planes de futuro. ¿Conoces otras iniciativas similares?

EarthSpirit — o Alma de Tierra, como la llamamos en castellano — es una organización que yo fundé en el 1977, con el objetivo de preservar y desarrollar espiritualidad, cultura y comunidad pagana. Por aquellos años, en los Estados Unidos habían muy pocos grupos paganos que se manejaran a nivel público, y aquellos que existían generalmente tenían un enfoque y un alcance muy estrecho. Yo pensé que era importante crear algún tipo de organización que intentara promover el paganismo de una forma mucho más completa, y que se extendiera de una manera u otra a alcanzar a todos los paganos que quisieran participar en ella. Empezamos con solo unas diez o doce personas, todas de Massachusetts, pero hoy tenemos más de 5,000 miembros a través de los Estados Unidos y 32 países del extranjero.

Alma de Tierra fue una de las primeras organizaciones paganas que específicamente se enfocó en el desarrollo de comunidad a través de una variedad bastante amplia de actividades y servicios. Desde un comienzo hemos ofrecido diversas clases y talleres sobre temas paganos; encuentros y congresos; ritos estacionales; eventos artísticos y culturales; ceremonias como bautizos, ritos de pasaje, enlaces de manos y funerales paganos; publicaciones; un servicio de contactos; un curso de educación espiritual para niños paganos, etc. Nuestro encuentro mayor, Rites of Spring (Ritos de Primavera) ha tomado lugar anualmente en mayo desde el 1979, y atrae a unos 500 – 600 paganos de todas partes de este país y del extranjero.

También nos hemos enfocado en establecer relaciones entre nuestra comunidad y la sociedad en general; por ejemplo, diseminando información correcta sobre el paganismo a través de los diversos medios de comunicación, ofreciendo conferencias en universidades y otros centros académicos y culturales, haciendo abogacía para preservar los derechos civiles de los paganos en ámbitos políticos y legales, y a través del trabajo interreligioso que hemos llevado a cabo por muchos años. Alma de Tierra tiene reconocimiento legal a nivel federal como organización sin fines de lucro, tanto como entidad educacional, como religiosa; eso nos permite, por ejemplo, oficiar en enlaces de manos que tienen la misma validez legal que una boda en una iglesia católica.

Como parte de Alma de Tierra también tenemos un grupo de ejecución ceremonial llamado MotherTongue (LenguaMadre), que combina las artes rituales con otras formas artísticas como la música coral e instrumental, la poesía, la danza, los cuentos, las artes visuales y textiles, etc. LenguaMadre ha hecho varias grabaciones, y ha ofrecido presentaciones a través de los Estados Unidos y en el extranjero.

Alma de Tierra tiene su sede en Glenwood, una hacienda de 60 hectáreas en los boscosos montes Berkshires, al oeste de Massachusetts. Glenwood es una comunidad vivencial en la que yo resido, pero también sirve como un centro pagano de conferencias y ceremonias, que incluye una huerta orgánica, un círculo de piedras, un laberinto, un santuario dedicado a los ancestros, y otras instalaciones ceremoniales; al momento, estamos construyendo una casa de vapor estilo celta.

Alma de Tierra es coordinada por un grupo de unas treinta personas, que incluye a toda mi familia. La mayoría de mi trabajo a través de la organización tiende a ser como sacerdote pagano, no como brujo — para mi, esas dos funciones son bastante diferentes. Como te imaginarás, dado el tamaño y el alcance de Alma de Tierra, es una labor de plena dedicación, que no me deja tiempo (o energía) para ejercer otro tipo de empleo más normal, especialmente porque tengo que viajar con bastante frecuencia para dar talleres y conferencias, o para participar en foros interreligiosos.

Me preguntas si conozco otras iniciativas similares. Bueno, de que yo sepa, en este país solo hay dos o tres otras como la nuestra, que funcionan tanto a nivel local como regional, nacional, o hasta internacional, y que tengan, digamos, más de mil miembros. Probablemente haya una docena o dos que existan al nivel regional, y me imagino que habrán muchas docenas — si no varios cientos — de grupos paganos a nivel público, que se manejan con un alcance puramente local.

Aquí en los Estados Unidos el movimiento pagano ha existido por unas cuatro décadas, y durante ese tiempo hemos logrado organizarnos a un nivel que a veces seguramente le sonará exagerado o increíble a gente del extranjero. A menudo, cuando he hablado sobre Alma de Tierra con amigos paganos de países hispanos, me han dicho que les encantaría alcanzar logros similares en sus tierras, pero que no pueden imaginarse que tal cosa pudiera suceder. Yo entiendo bien que su situación es algo diferente, pero parte de nuestra misión se enfoca en ayudar a otros que quieran organizar comunidad pagana en sus propias regiones, y a mi me encantaría poder poner los recursos y la experiencia que hemos desarrollado aquí por tantos años al servicio de grupos en países de habla hispana que estén dispuestos a hacer ese tipo de trabajo.

Eres representante del paganismo en el Parlamento de las Religiones del Mundo, una iniciativa que pretende el diálogo interreligioso, el encuentro… Cómo ha sido aceptado el paganismo en esta institución. Se ha intentado enmarcar dentro de las religiones indígenas, presentándose como la religión indígena europea. ¿Ha sido aceptada así, tanto por religiones monoteístas, como por otras espiritualidades europeas? Cóméntanos cómo está siendo este proceso de reconocimiento.

Ya hace mucho tiempo que se ha mantenido un continuo diálogo interreligioso a nivel mundial que se remonta al primer Parlamento de las Religiones del Mundo, convocado en Chicago en el 1893. A través de ese diálogo, representantes de las diversas religiones y sendas espirituales intentan fomentar un entendimiento más claro y profundo de sus diversos puntos de vista, de sus diferencias tanto como de sus semejanzas. Esperan que ese entendimiento conduzca a un mayor respeto y aceptación mutua, y de ahí que les permita trabajar solidariamente para tratar de encontrar soluciones, desde el ámbito espiritual, a muchos de los problemas que hoy asedian al mundo — la destrucción de la naturaleza, la guerra, la pobreza, el hambre, la represión de los derechos humanos, etc. Ese diálogo ya también se conduce en numerosos países a nivel nacional y local, y es muy importante si tan solo por el hecho de que ciertas religiones han sido responsables — directa o indirectamente — por muchos de esos problemas.

Hoy en día existen varias organizaciones interreligiosas que manejan esos diálogos, pero el Parlamento es la más antigua, la más grande y la más importante. El Parlamento es convocado aproximadamente cada cinco años en una ciudad diferente (la vez pasada fue en Barcelona, este año será en Melbourne) y atrae de 8.000 a 10.000 participantes de todas partes del mundo. La primera vez que los paganos intentamos participar en ese evento, en el 1993, nos admitieron muy a regañadientes, con muchas dudas y reservas, pero hemos continuado participando activamente en cada Parlamento desde entonces. Y hoy, apenas quince años más tarde, habemos dos paganos — mi buena amiga Angela Buchanan y yo — que hemos sido elegidos como parte de las 35 personas que formamos el comité de directiva del Parlamento a nivel mundial.

Generalmente, los paganos somos incluídos en la categoría denominada “nuevos movimientos religiosos,” que es en realidad donde encajan la mayoría de las sendas eclécticas o reconstruccionistas como la Wicca, el neodruidismo, el Ásatru, etc. Pero por muchos años algunos de nosotros hemos hecho hincapié de que ciertas supervivencias del paganismo europeo tradicional — como se encuentran, por ejemplo, en Escocia, en Lituania, en la República de Georgia, en partes de Alemania y los países escandinavos, en Rusia, etc. — deben ser más apropiadamente incluídas entre las religiones y espiritualidades indígenas, y ya al fin han comenzado a ser aceptadas en esa categoría.

Para mi, es muy importante que los paganos participemos en esos diálogos interreligiosos a cualquier nivel o en cualquier categoría que sea. Hay mucho que podemos aprender y ganar a través de esas conexiones, y también hay mucho que podemos contribuir. Entiendo bien que, con el catolicismo tan arraigado que predomina en España y Latinoamérica, a los paganos de esos países se les hace difícil conseguir entrada a esos diálogos, pero no es imposible si se usa un poco de persistencia, de educación y de estrategia. Nuestra aceptación por parte de entidades interreligiosas nos da cierta credibilidad que a su vez puede ser utilizada para alcanzar logros más prácticos, como el reconocimiento legal de grupos paganos, ayuda para aquellos de nosotros cuyos derechos civiles hayan sido violados, más seriedad hacia el paganismo por parte de la prensa, etc.

El Parlamento, en particular, puede ayudarnos mucho en ese sentido, porque, al “viajar” de un país a otro, facilita que las entidades religiosas de cada lugar donde sea convocado puedan notar la aceptación y participación de los paganos a nivel internacional, y a su vez esa credibilidad se le puede transferir a los grupos paganos locales. Eso fue precisamente lo que ocurrió en Barcelona en el 2004. Los paganos que fuimos allá del extranjero pudimos incluir a varios de los paganos locales para que participaran en el Parlamento con nosotros, y así llamaron la atención de varios grupos interreligiosos locales, y pudieron conectarse con ellos. El año siguiente, cuando esos grupos se juntaron para organizar su propio Parlamento de las Religiones de Catalunya, incluyeron a los paganos desde un principio (y han continuado incluyéndolos desde entonces), cosa que aqui en los Estados Unidos nos tomó varias décadas para lograr.

En una ocasión me comentaste que cualquier espiritualidad en general, y por supuesto cualquier rama del paganismo, no es sino una preparación a la muerte. Por favor, hablanos sobre ello.

Bueno, todo lo que hacemos, sea lo que sea, es preparación a la muerte, ¿no? Esa es la gran paradoja de nuestra existencia como seres humanos: que en el momento preciso que comenzamos a vivir, igualmente comenzamos a morir. Estamos concientes de nuestra existencia propia, es lo que más conocemos, lo que más nos importa — somos seres vivientes, todo lo que somos procede de esa realizacíon. Pero esa misma conciencia que la vida nos da, nos hace percibir la muerte, que, a juzgar por las apariencias, es el fin de nuestra existencia — somos seres murientes y, desde cierto punto de vista, más murientes que vivientes, porque cada día que pasa es un día menos de vida, es un día que nos acerca más a la muerte. Y como si eso no fuera lo suficiente para volvernos locos, ni tan siquiera podemos saber con certeza cómo, dónde y cuándo nos vamos a morir.

Es un dilema existencial que no tiene resolución porque es un misterio, no podemos verdaderamente expresarlo, mucho menos explicarlo. Instintivamente, tememos lo desconocido — es uno de los instintos más fuertes, uno de los temores más profundos, quizás el más profundo de todos. La inevitabilidad de la muerte nos pone cara a cara con lo desconocido; la tememos porque lo que conocemos es la vida, no la inexistencia. Si supiéramos con toda certeza que la vida continúa más allá de la muerte, seguramente no la temeríamos tanto, porque ya la conoceríamos. Esa confrontación inevitable con lo desconocido nos causa todo tipo de sentimientos desagradables — miedo, ansiedad, confusión, pánico, angustia, desesperación, impotencia — que nos pueden paralizar, que nos pueden destruir.

Lo que hacemos, por lo general, es pretender que ese dilema no existe, que en realidad no experimentamos todos esos sentimientos. Somos muy adeptos a la negación, a la evitación, a la creación de ilusiones falsas, o de diversiones que nos quiten la mente de lo que nos disgusta. Así que tratamos de cubrir, de enterrar todo eso para que no nos moleste. Y la religión — ya sea cristiana, pagana, o cualquier otra — es un vehículo muy útil en esa empresa, porque típicamente invoca una “autoridad superior” para consolarnos, para asegurarnos, para decirnos precisamente lo que queremos oir: que no solo hay vida después de la muerte, sino que es una vida muchísimo mejor, un paraíso placentero, sin dolores o temores, que todos podemos alcanzar si tan solo hacemos lo que esa religión nos diga. Y así, a ciegas, aceptamos esas creencias — o por lo menos nos convencemos de que las aceptamos — y, hasta cualquier punto, aceptamos también los dictados que las acompañan.

Pero todo eso en realidad no nos prepara a la muerte, porque ni tan siquiera nos prepara a la vida. El mero hecho de que no estemos concientes de ese dilema existencial y de todos esos sentimientos opresivos no quiere decir que hayan desaparecido, que estén resueltos. Tan solo los hemos internalizado, pero continúan existiendo y afectándonos a un nivel inconciente, que en realidad es peor, porque ni tan siquiera nos damos cuenta del impacto que tienen en nuestra vidas, del vasto conjunto de conflictos y problemas que nos causan — depresión, ira, soledad, atontamiento, desconfianza, vacuidad, incertidumbres, timidez, adicciones, todo tipo de padecimientos físicos, etc.

Eso suena como un catálogo de traumas sicológicos, pero la sicología en si, aunque puede ayudar mucho, no tiende a ser suficiente, porque el problema es espiritual, no sicológico. Para verdaderamente resolver esos conflctos hay que confrontarlos en su punto de origen, y su fuente no es la psiquis, sino el alma. La espiritualidad, definida como el proceso de relacionarnos directamente con una realidad que trasciende la condición humana, es la senda que nos puede llevar más directamente a la fuente de ese dilema, y a resolver el conflicto con mayor efectividad.

A nivel personal, esa actitud hacia la muerte fue parte de mi entrenamiento como brujo. Ya te conté que mis primeras experiencias del Mundo Invisible fueron en si como una muerte en vida, pero además de eso, una de las cosas que mis maestros me inculcaron fue que contemplara mi muerte por lo menos una vez al día, que me imaginara cómo serían las cosas si en cualquier situación o momento me diera cuenta que estaba a punto de morirme. Creo que desde que me dijeron eso, no ha pasado un solo día en el que no haya hecho ese pequeño ritual.

A veces, cuando he hablado sobre ésto en público, he encontrado personas a quienes les ha parecido una práctica muy morba, muy deprimente, muy negativa. Pero para mi, al contrario, la conciencia constante de la muerte, no como posibilidad futura, sino como una realidad presente en cada momento, me ha ayudado a disfrutar, a experimentar y a apreciar mi vida de una manera muy llena y gratificante.

© 2009, Andras Corban Arthen

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