El templo Interior

El templo interior es un lugar mental creado por uno mismo para meditar y trabajar de forma placentera en un entorno poderoso y absolutamente seguro. Es una especie de sancta sanctorum inviolable que te permite también evadirte, recuperarte y serenarte. En él, consigo limpiar mis cristales y recargarlos en a penas unos minutos (pero eso lo explicaré en otro artículo).

Voy a ser sincero. Crear el templo interior no es algo que se consiga a la primera (por lo general al menos). Puesto que lo que vas a usar para crearlo es la visualización, es muy posible que te cueste en un principio. Pero, con un poco de empeño, te aseguro que lo conseguirás.

Además, esto es un poco la pescadilla que se muerde la cola. Al usar la visualización para crear el templo, la vas a entrenar y desarrollar. Y, por eso mismo, cada vez lo tendrás más fácil al ir creando tu templo y este resultará más poderoso.

Lo más importante es encontrar un lugar donde estés seguro de poder estar tranquilo y en silencio. Lo ideal sería también poder disponer de un sillón, un cojín, una cama o colchoneta para estar cómodo pero no demasiado (tampoco se trata de quedarte dormido, eh). Ponte ropa cómoda y con la que estés a gusto. En un principio es más importante de lo que parece. Si te parece necesario, puedes poner una música suave o que te inspire e, incluso, crear todo un ritual para ello si te apetece (nunca insistiré lo suficiente en que lo rituales deben ser personalizados para ser realmente eficientes).

En la postura que más te convenga (sentado o echado), cierra los ojos y concéntrate en tu cuerpo. Regula tu respiración e imagina que empiezas un viaje fuera de tu cuerpo. No se trata de un viaje astral si no, simplemente, de una visualización.

Es importante intentar traer el máximo de detalles posibles. Intenta imaginar el cuarto en el que estás y también tu propio cuerpo. Empieza a subir lentamente, como si estuvieses levitando. Sal por la ventana o cruza la pared para dirigirte hacia arriba. Insisto en que hay que recrearse en los pequeños detalles, al menos las primeras veces. Eso te permitirá desarrollar mejor tu visualización y te ayudará a concentrarte. Nunca corras, ten paciencia y date el tiempo de vivir la experiencia.

Una vez fuera, al aire libre, sigue subiendo hacia el espacio. Una vez más, intenta ver tu edificio desde arriba (no importa si lo que ves es real o no), luego el barrio, la ciudad, etc.… hasta salir de la atmosfera y seguir tu viaje. Pero hazlo todo con tranquilidad, sin correr.

Cuando ya no veas el planeta, visualiza una burbuja trasparente en medio del espacio y acércate a ella poco a poco. Mira en su interior. En un principio no hay nada en ella, solo luz.

Es el momento de entrar en la burbuja. Siente cómo la atraviesas, cómo cruzas sus “paredes” y recréate en esa sensación. Una vez dentro, ya estás en tu templo interior. Solo que aún está vacío.

Ahora se trata de llenarlo. Pero ahí solo cuenta tu propio gusto. Lo único importante es que lo que haya dentro te agrade y te haga sentirte a gusto. Puede ser simplemente una recreación de tu cuarto o de un lugar que ya conozcas. Aunque lo mejor es crear un paisaje que sea ideal para ti.

He visitado (invitado) los templos interiores de varios amigos. Uno era un círculo de piedras, otro era un risco expuesto al viento y otro un camino que llevaba a varios lugares entre los que se podía llegar a una playa, un pueblo o un bosque.

Ya ves que el interior de la burbuja no tiene límites físicos. Puede ser tan pequeño o tan grande como quieras. El mío tiene un “vestíbulo” donde puedo recibir a mis invitados. Se trata de una hondonada en el claro de un robledal. A la izquierda hay una pequeña catarata que cae sobre un lecho rocoso, creando un “cuenco” y, luego, un riachuelo vivo. Cerca del cuenco hay una roca cubierta de musgo, es donde me siento para hacer algunos rituales o para relajarme. Una brisa eterna llena el lugar de un delicioso aroma a tierra húmeda, madreselva y jara, la temperatura siempre es cálida sin llegar a ser calurosa. Existen senderos secretos en mi templo que llevan a otros lugares que solo son para mí, claro*.

Lo que incluyas en tu templo es cosa tuya. No dudes, a medida que avances en su creación, en incluir todos los detalles que te apetezcan. Más tarde puedes también quitarlos para poner otros si lo deseas. Tú decides en todo.
Pero no quieras hacerlo todo en un momento. La primera vez, confórmate con crear lo básico, el terreno. En otras visitas, y a medida que se te vayan ocurriendo, añade las cosas que te gustan.

Ahora es el momento de volver a esta realidad. En el lugar por el que entraste, visualiza un portal de salida y crúzalo pensando en lo que dejas detrás. Vuelve a sentir la textura de la burbuja atravesando tu cuerpo. Una vez fuera, dirígete poco a poco hacia tu cuerpo físico haciendo lentamente el viaje al revés y recordando de nuevo los detalles hasta llegar a tu cuerpo físico. Abre los ojos y permítete volver tranquilamente a esta realidad.

Repito que cuesta bastante las primeras veces. Pero, si lo haces regularmente conseguirás, con el tiempo y la costumbre, entrar cada vez más fácilmente. Yo he llegado a hacerlo en plena calle, sentado en un banco, en a penas un minuto.

Fuente:  Manuel Fernandez Martin y está tomado de su blog unminotaurosesudo.blogspot.com

Tambien en : wiccanos.com

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