El tambor chamánico

¿Por qué las tradiciones orales de muchas culturas indígenas dicen que la percusión en general y el ritmo de los tambores en particular facilitan la comunicación con el mundo espiritual? Nevill Drury, en The Elements of Shamanísm, escribe: «Hay algo que nunca deja de sorprenderme, y es que después de aproximadamente una hora de tocar los tambores, la gente normal de ciudad es capaz de conectar con realidades míticas extraordinarias con las que nunca han soñado.»

En la primavera de 1986, mientras realizaba los cursos de doctorado en el Instituto de Psicología Transpersonal, realicé mi primer «viaje de tambores». La asignatura se llamaba «Chamanismo», una síntesis de los principios universales que están presentes en la sabiduría de las culturas aborígenes, y lo daba Angeles Arrien, una antropóloga intercultural especializada en el folklore vasco. Me pidieron que decidiera qué mundo quería visitar, el superior o el inferior. Decidí viajar al mundo inferior en busca de mi animal de poder. Debía imaginar una entrada apropiada a ese mundo inferior y debía preguntar a cualquier animal que apareciera ante mí si era mi animal de poder. El animal de poder reaparecería tres o cuatro veces, o mantendría la conexión conmigo.

Para mí aquel viaje fue muy profundo. Experimenté imágenes visuales y somáticas muy vividas, que representaban temas clásicos del chamanismo y también temas arquetípicos. Me sentí intrigada. En mi paradigma no existía nada que explicase «el funcionamiento de aquel mundo» y las poderosas imágenes y reacciones emocionales que desataba en mí. Quiero decir que, después de todo, yo estaba en medio de un barrio residencial de Menlo Park, en California, en un aula con muchos otros estudiantes y eran las tres de la tarde. ¿Cómo podía haber ocurrido aquello? Y, por otra parte, ¿qué era el chamanismo exactamente?

Chamanismo y el viaje chamánico

Roger Walsh, en The Spirit of Shamanism, define el chamanismo como una «familia de tradiciones cuyos practicantes se dedican a entrar voluntariamente en estados de conciencia alterada, en los que experimentan que ellos, o sus espíritus, viajan a otros reinos a voluntad e interactúan con otras entidades para servir a su comunidad».

Los chamanes también son conocidos como los «técnicos de lo sagrado» y los «maestros del éxtasis». El chamán puede viajar al mundo superior o al inferior. Entre las imágenes tradicionalmente vinculadas con un viaje al mundo superior se encuentran: escalar una montaña, un promontorio rocoso, un arcoiris, subir a un árbol, a una escalera, etc.; ascender al cielo, volar y encontrarse con un maestro o guía. El viaje al mundo superior puede ser particularmente extático.

En el viaje al mundo inferior, el chamán puede experimentar imágenes y escenas en las que entra en la tierra a través de una cueva, un tronco hueco, un agujero en el agua, un túnel, o un tubo y se encuentra con su animal de poder y sus animales aliados. El mundo inferior suele ser un lugar de pruebas y desafíos.

Para realizar el viaje chamánico, el chamán entra en un estado de conciencia alterada específico que requiere permanecer alerta y cons¬iente. En este estado es capaz de moverse a voluntad entre la realidad ordinaria y la no ordinaria. Michael Harner lo ha denominado Estado Chamánico de Conciencia (ECC). Existen varias técnicas para entrar en el ECC, entre las que se cuentan la privación de estímulos sensoriales, el ayuno, la fatiga, la hiperventilación, el baile, el canto o recitación, tocar tambores, la exposición a temperaturas extremas, el uso de alucinógenos, y la disposición y los escenarios prescritos por las creencias y ceremonias rituales de la cultura.

Viaje de tambores

Tres años y muchos viajes de tambores después, decidí aprender a tocar el tambor. Se me unieron varios amigos y nos juntábamos para practicar regularmente. En un momento dado yo me pregunté si sería posible poner música de tambor al I Ching. Sí, lo fue. El I Chíng, o Libro de los Cambios, es un antiguo libro de sabiduría china que consta de 64 hexagramas; cada hexagrama está relacionado con aspectos de las energías arquetípicas o universales. Cada hexagrama contiene seis líneas; estas líneas son continuas (—) o discontinuas (- -). Derivamos pautas de los hexagramas: las líneas continuas representaban una nota de tambor completa y las discontinuas media nota. Interpretamos musicalmente el I Ching, escribimos su música y llevamos a la gente de viaje. Pero la pregunta persistía: ¿por qué el sonido de los tambores facilita unas experiencias tan fuertes? ¿Cómo podría esta herramienta ser utilizada en psicoterapia? ¿En el trabajo con los sueños? ¿En la sanación?

A partir de mis propias experiencias subjetivas, me planteé la hipótesis de que entraba en un estado de conciencia alterada de algún tipo que estaba relacionado con la meditación, pero no era exactamente igual a ella. Si esto era cierto, entonces posiblemente podría comprobarlo midiendo la actividad eléctrica del cerebro en una máquina de electroencefalogramas (EEG). Charles Tart define el estado de conciencia alterada (ECA) como aquel estado en el que un individuo dado «siente claramente un cambio cualitativo en su pauta de funcionamiento mental; es decir, no sólo siente un cambio cuantitativo (más o menos alerta, más o menos imágenes visuales, más precisión o más opacidad, etc.), sino que también alguna cualidad o cualidades de sus procesos mentales son diferentes».

Me preguntaba qué pasaría si tomaba algunos sujetos inocentes, gente que no supiera nada de chamanismo ni de viajes con tambores, los introducía en un laboratorio de biorretroalimentación y los hacía experimentar el sonido de tambores. ¿Podrían asociarse ciertos ritmos de los tambores con pautas específicas de las ondas cerebrales? ¿Suscitaría la experiencia subjetiva de la percusión en general, y del ritmo de tambores en particular, imágenes o sensaciones con un tema común? Mientras escribía mi propuesta de disertación doctoral decidí que, si no era aceptada, llevaría a cabo el experimento por mi cuenta. Aquel tema de disertación «me había encontrado a mí».

Frecuencia de las ondas cerebrales y EEG

Para comprender los resultados de esta investigación es necesario conocer previamente algunos datos básicos sobre la frecuencia de las ondas cerebrales y los EEG. El EEG es un instrumento que produce un dibujo de las distintas pautas de las ondas cerebrales. Las ondas de los EEG se clasifican midiendo cuántas veces se repite una onda determinada en el período de un segundo; a esta medida se le conoce como frecuencia de onda. La frecuencia de las ondas se mide en ciclos por segundo, o hercios (Hz), que dependen de la longitud de onda. Por ejemplo, a una onda que complete tres ciclos por segundo se le llama onda de 3 hercios (Hz) o simplemente de 3 por segundo.

Nuestras ondas cerebrales muestran cuatro pautas o bandas de frecuencia fundamentales: delta, theta, alfa, y beta. Delta (por debajo de 4 Hz) es la onda más larga y lenta; se repite menos de cuatro veces por segundo. Esta onda está asociada con el sueño y con la inconsciencia.

Las ondas theta (de 4 a 8 Hz) están normalmente asociadas con estados de somnolencia cercanos a la inconsciencia, tales como el umbral que se atraviesa antes de caer dormido o antes de despertar. Este ritmo también está conectado con estados de ensueño y con imágenes hipnológicas, es decir, pertenecientes a los sueños. Estas imágenes suelen ser sorprendentes. A mucha gente le resulta difícil mantener la conciencia en estados theta sin contar con algún tipo de entrenamiento, tal como la meditación.

Las ondas alfa (de 8 a 13 Hz) están asociadas con estados de relajación y bienestar general. Este estado alfa aparece generalmente en la región occipital del cerebro (el córtex visual) cuando los ojos están cerrados. La conciencia se mantiene alerta pero sin estar enfocada, o se orienta hacia el mundo interno.

Las ondas beta (más de 13 Hz) están asociadas con la atención activa y enfocada hacia el mundo exterior, tal como ocurre en las actividades diarias. Las ondas beta también son propias de estados de tensión, ansiedad, miedo y alarma.

Las investigaciones realizadas han confirmado que las prácticas espirituales como el yoga y la meditación producen cambios en la actividad eléctrica del cerebro, que llevan a aumentar la presencia de los ritmos alfa y/o tetha, y se ha descubierto que el ritmo tetha caracteriza a los meditadores veteranos. Estos meditadores son capaces de mantener su autoconciencia intacta y de permanecer alerta en este «estado crepuscular de conciencia».

Teoría y especulación

No fui la única que se había preguntado por la conexión existente entre los tambores y el reino espiritual. Otros investigadores, como el antropólogo R. Needham, se planteaban cuestiones semejantes. Él declaró que «la descripción más común, que se encuentra una y otra vez en la literatura etnográfica, dice que el chamán toca el tambor para establecer contacto con los espíritus», y «se ha descubierto que en todo el mundo la percusión, cualquiera que sea la forma en que se produzca, permite y acompaña la comunicación con el otro mundo». Needham se pregunta: «¿Cómo puede uno encontrar sentido a la asociación entre la percusión y el mundo espiritual?», y afirma: «Esta pregunta parece que no ha sido planteada… simplemente, ¿por qué se toca el tambor y por qué ese sonido rítmico es esencial para poder comunicar con los poderes espirituales?»

Éste es un fenómeno universalmente observado y está bien documentado, pero aún no se le ha encontrado explicación. Sin embargo, existen muchas teorías y especulaciones: ¿son causados los efectos de los tambores por elementos del condicionamiento cultural, por la imaginación, por la superstición? ¿Se trata del ritmo, de la monotonía? ¿Existe también un proceso fisiológico paralelo? Hasta la fecha, hay una cantidad muy limitada de investigaciones científicas sobre los efectos fisiológicos y neurológicos de los tambores. La estimulación acústica producida por los tambores no había sido estudiada hasta los trabajos pioneros de Andrew Neher. Supuestamente, sus investigaciones confirmaron la teoría de que el ritmo de los tambores puede actuar como un mecanismo de direccionalidad auditiva que pone al cerebro en una frecuencia que resuena con los estímulos auditivos externos; sin embargo, algunos piensan que sus descubrimientos no son fiables porque no tuvo en cuenta las distorsiones relacionadas con la movilidad de los sujetos sometidos al experimento.
Wolfgang Jilek, cuando investigaba las frecuencias contenidas en las danzas rituales de los indios salish, descubrió que la frecuencia predominante en el ritmo de los tambores era de cuatro a siete ciclos por segundo, la misma frecuencia de las ondas tetha en el cerebro humano. Propuso la hipótesis, como lo había hecho Neher antes que él, de que esta frecuencia sería la ayuda más eficaz para entrar en un estado de conciencia alterada.

Una enorme cantidad de literatura etnográfica cita los muchos y variados usos del tambor dentro de las actividades seculares y religiosas de muchas culturas. Los usos específicos de este instrumento son tan diversos como las culturas que los emplean. Entre estos usos se incluyen los rituales y las ceremonias relacionados con ciertas celebraciones anuales, como la cosecha y la siembra, curaciones y sacrificios, observaciones celestiales como el solsticio y el equinoccio, ritos de paso (como el nacimiento, la muerte, la iniciación, el matrimonio), procesiones, ritos lunares, preparaciones para la caza o la guerra, etc. Cada cultura tiene sus propios ritmos que se incorporan a los rituales y ceremonias.

El uso de tambores durante el «viaje chamánico» es algo diferente de los demás usos, y los practicantes afirman que los tambores son imprescindibles para su trabajo chamánico. Dicen que utilizan los tambores para entrar en un estado alterado de conciencia y viajar a otros reinos y realidades, interactuando con el mundo de los espíritus en beneficio de su comunidad. Según su testimonio, van montados en el tambor para viajar por el aire; es su «caballo», su «puente arco iris» entre el mundo físico y el mundo espiritual. Mircea Eliade, autor de Shamanism: Ardíale Techniques of Ecstasy, destaca el hecho de que «el tambor chamánico se distingue de todos los demás instrumentos en que producen ‘la magia del sonido’ precisamente por el hecho de que permite la experiencia extática». Los tambores chamánicos, en la mayoría de los casos, marcan un ritmo constante y monótono de entre 3 y 4,5 golpes por segundo

Dentro del laboratorio
Mis investigaciones fueron llevadas a cabo con ayuda de la tecnología en biorretroalimentación del MindCenter Corporation. Este sistema multiusuario está compuesto de cuatro módulos, cada uno de los cuales está diseñado para bloquear los estímulos externos y la luz. Los participantes permanecieron tumbados, que es la postura tradicionalmente utilizada en el viaje. Cada módulo contiene un sistema de sonido. Desde estos módulos, se hace un seguimiento de las ondas cerebrales theta, alfa y beta en cuatro lugares diferentes del córtex. Los canales bipolares (izquierda y derecha) fueron registrados por medio de electrodos situados en los cuatro emplazamientos corticales: lóbulos parietotemporales izquierdo y derecho, y lóbulos parietocentrales izquierdo y derecho.

Se dividió a los doce participantes en tres grupos y se hizo un seguimiento de sus respuestas en el EEG a tres cintas de tambores diferentes, que yo y mis compañeros habíamos grabado en un estudio de sonido comercial. Estas cintas contenían: sonido de tambores chámanicos, con un ritmo de aproximadamente entre 4 y 4,5 golpes por segundo; sonido de tambores expresando el I Ching, al ritmo aproximado de entre 3 y 4 golpes por segundo; y sonido de tambores libres, sin ritmo fijo. A cada participante se le efectuó un seguimiento de los cuatro emplazamientos corticales, las áreas bilaterales parietotemporales y parietocentrales, durante tres sesiones. No se propuso ninguna preparación para los «viajes»; se pidió a los participantes que se relajaran, que escucharan las cintas de tambores y que trataran de estar quietos, ya que cualquier movimiento corporal probablemente crearía distorsiones.

Al final de las sesiones, cada participante preparó un breve resumen escrito de su experiencia subjetiva y seguidamente se le realizó una entrevista que fue grabada en una cinta. A continuación, estas experiencias subjetivas fueron clasificadas en función de los temas recurrentes y de los asuntos de consenso

Resultados

Esta investigación confirma las teorías que sugieren que el uso de tambores en rituales y ceremonias por parte de las culturas indígenas tiene efectos neurofisiológicos específicos y es capaz de suscitar cambios temporales en la actividad eléctrica cerebral y, por tanto, facilita la aparición de imágenes y una posible entrada en un estado de conciencia alterada (ECA), especialmente en un estado chamánico de conciencia (ECC).

El ritmo de entre 4 y 4,5 golpes por segundo es el que mejor induce las ondas tetha. Siete de los doce participantes mostraron patrones de ondas tetha en diversos grados durante la exposición al sonido de los tambores chamánicos.

El sonido de tambores en general y el sonido de tambores rítmicos en particular, a menudo induce imágenes de contenido ceremonial y ritualista y es una herramienta eficaz para entrar en un estado de conciencia alterada (ECA), incluso cuando se desvincula del marco del ritual cultural y de la intención ceremonial. Es interesante señalar que los doce participantes percibieron algún tipo de imágenes visuales y/o somáticas. Para ocho de estas personas las imágenes fueron vividas. Este hecho demuestra claramente la fuerza del sonido de tambores en general, y de los ritmos chamánicos e í Ching en particular, a la hora de inducir y potenciar la capacidad de percibir imágenes. Proponemos la hipótesis de que el aumento en la capacidad de percibir imágenes es un resultado directo de la mayor presencia de la frecuencia theta.

El ritmo de los tambores, expresado en golpes por segundo, puede correlacionarse con los cambios temporales ocurridos en la frecuencia de las ondas cerebrales (expresada en ciclos por segundo) y/o en la experiencia subjetiva, siempre que el ritmo de los tambores se mantenga al menos entre trece y quince minutos. En muchos casos, el ritmo de aumento o disminución de la frecuencia se acelera en el minuto nueve, siendo este efecto más perceptible en los casos de las ondas tetha y alfa. Según las observaciones de campo y los informes subjetivos, el período de tiempo que la mayoría de los sujetos necesitan para ser afectados/inducidos por el sonido de tambores parece estar entre los trece y los quince minutos. Generalmente, se percibe un rápido aumento o disminución de las ondas theta y/o alfa hasta el minuto quince, y se mantiene a continuación un aumento o disminución gradual hasta el minuto veinte. Estos datos confirman lo descubierto por las investigaciones realizadas en el campo de la meditación en cuanto al tiempo requerido para la respuesta fisiológica óptima y, según Angeles Arrien, también se corresponden con las enseñanzas orales de algunas culturas indígenas en lo que respecta a la estimulación auditiva.

El sonido de tambores suscita experiencias subjetivas e imágenes que tienen temas comunes. Las primeras doce categorías son los temas comunes, tal como han sido sintetizados a partir de los informes orales y escritos realizados por los participantes después de sus experiencias en una o más sesiones con el sonido de los tambores. Éstos incluyen:

Pérdida del continuum temporal (PCT)
Siete de los doce participantes fueron conscientes e informaron de que habían perdido su continuum temporal, por lo que no tenían una sensación clara de la duración de la sesión.
Sensaciones de movimiento

Esta categoría incluye las experiencias en el campo de las sensaciones corporales:

el cuerpo o partes del cuerpo vibran y se expanden

se siente presión sobre el cuerpo o sobre ciertas partes del cuerpo, especialmente en la cabeza, la garganta y el pecho

movimientos de energía en forma de olas a lo largo del cuerpo

sensaciones de volar, de girar en espiral, de bailar, de correr, etc

Diez de los doce participantes experimentaron «sensaciones de movimiento» de uno o varios tipos

Energización
Nueve de los doce participantes mencionaron específicamente que se habían sentido energizados durante y/o inmediatamente después de la sesión de tambores.
Fluctuaciones de temperatura (frío/calor)
Seis de los doce participantes experimentaron cambios repentinos de temperatura (escalofríos, sentirse inundados por una sensación de calidez, sudor).
Relajación, agudeza/claridad
Cinco de los doce participantes notaron que se sentían particularmente relajados, agudos y claros. Esta sensación correspondía a una falta de emotividad.

Incomodidad
Cinco de los doce participantes mencionaron específicamente que experimentaban distintos grados de incomodidad emocional o física.
Experiencias de salida del cuerpo (ESC)/Visitaciones

Tres de los doce participantes declararon haber tenido la experiencia de salir del módulo o de ser visitados por una presencia o persona durante la sesión. Esta categoría se diferencia del «viaje» porque las imágenes chamánicas tradicionales no estaban presentes.

Imágenes

Imágenes vividas: Los doce participantes percibieron imágenes. Ocho de ellos comentaron haber experimentado imágenes vividas, visuales o sensoriales (somáticas).

Aborígenes: Nueve de los doce participantes vieron o sintieron aborígenes africanos, tahitianos, esquimales o americanos. Generalmente, estos aborígenes estaban participando en rituales y/o ceremonias que incluían el baile, los cantos o recitaciones, la caza o tocar tambores

Animales/Paisajes: Siete de los doce participantes informaron de una gran variedad de animales y de imágenes de paisajes.

Personas: Nueve de los doce participantes vieron imágenes de sus amigos infantiles o de personas importantes de su pasado, maestros «sin rostro», no-aborígenes tocando el tambor, rostros no identificados, etc.

Viaje: Cinco de los doce participantes incluyeron en sus descripciones imágenes típicas de los viajes chámamicos, tales como atravesar un agujero o cueva, salir disparado a través de un tubo o de un túnel que dibujaba una espiral hacia arriba o hacia abajo, ser iniciado, escalar un árbol invertido, la aparición de animales de poder y de aliados ayudantes.

Estados no ordinarios o estados de conciencia alterada (ECA)

La mayoría de los participantes, en una o más de las sesiones, fueron conscientes del hecho de que había tenido lugar un cambio cualitativo en su funcionamiento mental, y los doce temas sintetizados de los informes orales o escritos de los participantes mantienen una correlación con los rasgos descritos por Ludwig, que suelen ser característicos de los ECA. Ocho de los doce participantes experimentaron al menos un episodio que fue un viaje, una salida fuera del cuerpo, o una visita; los datos proporcionados sugieren que en estos casos alcanzaron estados de conciencia alterada (ECA). Hubo un total de trece episodios de este tipo dentro de las treinta y cinco sesiones individuales

Honrar todos los caminos

Parece que las tradiciones orales que vinculan el sonido de tambores con las realidades no ordinarias son válidas. ¿Cuántas otras tradiciones espirituales disponen de herramientas que podemos usar para sanar nuestro cuerpo, mente y espíritu? Ya no podemos permitirnos descartarlas como productos de una imaginación exaltada, de la superstición o directamente de la psicopatología y la charlatanería

La mayoría de las culturas indígenas no separan los procesos psicológicos de los espirituales. Charles Tart destaca el hecho de que «muchos pueblos primitivos… creen que casi todos los individuos adultos son capaces de entrar en trance y ser poseídos por un dios; el adulto que no es capaz de hacerlo está tarado psicológicamente». Michael Harner afirma lo siguiente: «Es extremadamente difícil que se emita un juicio imparcial sobre la validez de las experiencias en estados de conciencia alterada… Las personas que tienen más prejuicios contra el concepto de realidad no ordinaria son las que nunca la han experimentado.»

Ha llegado el momento de tender un puente entre disciplinas separadas y a menudo aisladas como la medicina, la psicología, la religión, la antropología, la etnomusicología, la ciencia, la sociología, etc. Si los investigadores de cada una de estas áreas siguen trabajando en el vacío de su propia disciplina, puede que nunca se llegue a descubrir la naturaleza exacta de ciertos fenómenos que están siendo indicados insistentemente.

A modo de conclusión.

Está científicamente demostrado que escuchar el ritmo monótono de los tambores facilita la producción de ondas cerebrales de rangos alfa y theta Muchos americanos nativos se refieren al sonido del tambor como a “el latido de la tierra”. En este aspecto, es de destacar que la frecuencia de la resonancia electromagnética de la tierra, que ha sido medida en 7,5 ciclos por segundo, resulta equivalente a las ondas cerebrales theta. Parece que el sonido del tambor permite a los chamanes alinear sus ondas cerebrales con el latido de la tierra.

Para propiciar un estado mental que ayude a realizar el viaje chamánico, es necesario escuchar un sonido rítmico de 205 a 220 golpes por minuto. Este ritmo induce al cerebro a producir ondas cerebrales lentas, de entre 7 a 4 ciclos por segundo, o menos.

Los chamanes describen el sonido del tambor como “la voz de los espíritus”. Mitológicamente, el chamán realiza la caja del tambor con un trozo del Árbol de la Vida, del Axis Mundi, proporcionado por sus guías. Así pues, cada vez que el chamán toca el tambor, accede al Eje del Mundo. Posteriormente, el chamán anima el espíritu del tambor y entablando una relación personal con el hombre-medicina que es su dueño.

Fuente: http://www.vibracionalterapias.com

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