Feb 04 2018

Creando energías y entes en grupos o covens.

estudiarEl término Mente de Grupo se ha utilizado algunas veces de manera
incorrecta por los ocultistas, como si fuese intercambiable con el de Alma de Grupo. No obstante, son completamente distintos. El Alma de Grupo es la materia prima de la mente, de la que, mediante la experiencia, se diferencia la consciencia individual, mientras que la Mente de Grupo se construye en base a
las aportaciones de numerosas consciencias individualizadas, que se
concentran en una misma idea.

Tomemos un ejemplo concreto que sirva para aclarar el concepto.
Durante su época de mayor popularidad, el mariscal Joffre visitó Inglaterra, y fue objeto de grandes ovaciones y aclamaciones. Mientras se dirigía en coche desde su hotel hasta la residencia de Mansión House, para ser recibido por el alcalde, su automóvil recorrió muchas calles. Los transeúntes le reconocían y le miraban, pero no se produjo manifestación alguna de júbilo. Sin embargo,
cuando llegó a la esquina con Mansión House, los policías pararon el tráfico y le saludaron, su nombre corrió de boca en boca, y en sólo unos instantes se desencadenó una verdadera ola de entusiasmo. Personas tranquilas y apacibles se vieron desbordadas por la emoción, y se encontraron de repente gritando y
agitando sus sombreros como locos. Obsérvese la diferencia entre el comportamiento de la masa cuando funcionaba como tal masa y el de los transeúntes aislados, por numerosos que fueran, y que se limitaron a
contemplar al mariscal Joffre con interés, pero sin demostrar emoción o excitación alguna.

Este incidente recuerda a otro ocurrido también delante de Mansión
House y que ilustra la psicología de las masas y lo que nosotros llamamos
mente de grupo. Hace muchos años, Abdul Hamed, el detestado sultán de
Turquía, visitó también Inglaterra. Al igual que Joffre, fue recibido por el
alcalde. Se repitieron las mismas escenas, pero con un contenido emocional
diferente: recorrió tranquilamente las calles llenas de gente, y los transeúntes
le miraron con la boca abierta, pero sin hacer manifestación alguna. No
obstante, cuando los policías pararon el tráfico en su honor en la esquina de
Mansión House, y la muchedumbre le reconoció, de sus gargantas surgieron
como por milagro insultos, y la multitud chilló como un solo hombre. Se salvó
de verse arrastrado de su vehículo sólo con grandes dificultades.

¿Cuál de todos aquellos apacibles empleados de la City londinense,
contentos con su empleo y forma de vida, hubiese atacado al anciano y
augusto Abdul Hamed él solo?. Ninguno. Y, sin embargo, atrapados por la ola
de emoción, todos ellos fueron capaces de lanzarse sobre él como fieras en
medio de una babel de gritos e insultos. Fue como si, por un momento, una
entidad obsesiva se hubiese apoderado de sus almas; un vasto Ente, un ser que
no era la simple suma de sus almas individuales, sino algo mucho más grande,
potente, feroz, vivo y consciente de sí mismo. El fenómeno resulta más
sorprendente si tenemos en cuenta que, en momentos normales, los numerosos
transeúntes que circulan por la zona se cruzan unos con otros casi sin mirarse,
absortos en sus propios pensamientos, indiferentes hacia sus semejantes. ¿Qué
fue lo que convirtió a esa masa de unidades apresuradas e indiferentes en un
grupo unido y organizado, arrastrado por el entusiasmo de un ideal, o en un
organismo capaz de desencadenar la más peligrosa de las violencias?.
La clave de la situación radica en la dirección de la atención prestada
por un determinado número de personas hacia un objeto común sobre el que
albergan sentimientos intensos y del mismo carácter. La dirección de la
atención hacia un objeto común, pero sin emoción, no provoca los mismos
resultados. Aunque son contempladas por un elevado número de transeúntes,
los anuncios luminosos de Piccadilly Circus no provocan la creación de una
mente de grupo.
Con la ayuda de estos datos, pasemos a considerar el problema en sus
aplicaciones ocultistas. ¿En qué consiste esa extraña “sobrealma”, que se
forma y dispersa tan rápidamente cuando los pensamientos de las personas
coinciden en un lugar y momento determinados?. Para encontrar una
explicación, tendremos que tener en cuenta la teoría de los Elementales
artificiales.
Un Elemental artificial es una forma de pensar animada por la esencia
Elemental. Esa esencia puede extraerse directamente de los reinos Elementales
o proceder de la propia aura del mago. Una forma de pensamiento construida
mediante la visualización y concentración continuadas, y sobre la que se siente
una emoción intensa, se “carga” con dicha emoción, y es capaz de una
existencia independiente fuera de la consciencia de su creador. Ese es un
factor sumamente importante en el ocultismo práctico, y la explicación de
muchos de sus fenómenos.

El mismo proceso que conduce a la formación de un Elemental artificial
por un mago es el que se produce cuando un número de personas se
concentran con emoción sobre un único objeto. Producen un Elemental
artificial, vasto y potente en proporción a las dimensiones de la multitud y la
intensidad de sus sentimientos. Ese Elemental posee una atmósfera mental
marcadamente propia, y esa atmósfera influye poderosamente en los
sentimientos de los distintos individuos que participan de la emoción de la
multitud. Les ofrece una sugestión telepática, haciendo sonar en sus oídos la
nota de su propio ser, y reforzando así la vibración emocional que le dio
originalmente razón de ser; entre el Elemental y sus autores se produce acción
y reacción, un estímulo y una intensificación mutuos. Cuando más se
concentre la multitud en su objeto de emoción, mayor se hará el Elemental;
cuanto mayor se hace, mayor será la sugestión ejercida sobre los individuos de
que se compone la masa que ha creado; y ellos, al recibir esa sugestión, verán
cómo sus sentimientos se intensifican. De ahí que las muchedumbres sean
capaces de actos de pasión, ante los que todos y cada uno de sus componentes
individuales retrocederían con verdadero horror.
No obstante, un Elemental creado por la masa se dispersa con la misma
rapidez con que se forma, ya que la existencia de ésta carece de continuidad;
en el momento en que desaparece el estímulo de la emoción compartida, la
masa deja de ser una unidad y se convierte nuevamente en heterogeneidad. De
ahí que, por mucho entusiasmo que posean, los ejércitos indisciplinados sean
“máquinas de luchar” poco fiables; si no se ve continuamente estimulado, su
entusiasmo se evapora, se dividen en las partes de que se componen; es decir,
individuos diferenciados con intereses muy distintos y animados todos ellos
por el instinto de supervivencia. Para lograr una mente de grupo mínimamente
duradera y resistente hace falta encontrar algún método que asegure la
continuidad de la atención y de los sentimientos.

Cuando se consigue esa continuidad de la atención y de los
sentimientos, se forma una mente de grupo, o Elemental, que, con el paso del
tiempo, adquiere su propia individualidad y deja de depender para su
existencia de la atención y emoción de la multitud que le dio su razón de ser.
Cuando eso ocurre, la masa deja de tener el poder de retirarle su atención o
dispersarlo, ya que éste estará en poder del propio Elemental. La atención de
cada individuo se verá atraída y retenida aun en contra de su voluntad;
experimentará esos sentimientos dentro de él, aun cuando preferiría que no
ocurriese así.

iniciacionLos recién incorporados al grupo percibirán esa potente atmósfera, y o bien la aceptarán, y se verán absorbidos por el grupo, o bien la rechazarán, y
se verán rechazados ellos mismos. Ningún miembro de un grupo dotado de una atmósfera potente, de una mente de grupo, o Elemental (según el término
que prefiramos), gozará de libertad para pensar de forma imparcial sobre los objetos de concentración y emoción del grupo en cuestión. Esta es la razón de
que resulte tan difícil introducir cambios y reformas.
Cuanto más vasta sea la organización que necesita ser reformada, más difícil será de mover, y más vigorosa la personalidad capaz de emprender
dicha tarea. Pero una vez que la personalidad fuerte haya comenzado a crear una impresión, descubrirá con qué rapidez acepta la masa su liderazgo, y cómo esto crea a su vez un Elemental, así como el impulso que él mismo ha creado comienza a arrastrarle sin remedio. Cuando flaquee en su labor de liderazgo, el movimiento al que ha dado lugar le impulsará a seguir adelante.
Un individuo solitario puede detenerse de cuando en cuando a pensar en los momentos de duda y desánimo, pero no el líder de un grupo que siente una emoción fuerte: en cuanto afloja el ritmo, sentirá tras de sí la presión de la mente de grupo que le empuja aun en los momentos de mayor debilidad y oscuridad. También, si su plan ha sido incorrectamente concebido, puede empujarle a la derrota y aplastarle contra las rocas de una política equivocada,una política cuyo desacierto habría sido capaz de comprender si hubiese podido estudiar el tema racionalmente. Pero no hay forma de detener el impulso de un movimiento que avanza según las líneas o directrices de la evolución. La mente de grupo de los participantes forma un canal para la
manifestación de las fuerzas de la evolución, y el impulso adquirido es irresistible. Pero por vigorosa que sea la personalidad, por vastos que sean los recursos, por populares que sean los “slogans”, si el movimiento es contrario alas leyes cósmicas, será sólo cuestión de tiempo que se derrumbe; pues, en ese caso, el propio impulso creado será la causa de su destrucción. Si se le da a un falso movimiento de cuerda, terminará ahorcándose con ella, cayendo por su propio peso cuando haya crecido lo suficiente como para provocar un
desequilibrio.

Este factor de la mente de grupo es una clave de la máxima importancia
para comprender los problemas humanos, y explica la irracionalidad del
hombre convertido en masa. Existen algunos libros sumamente interesantes
sobre el tema, en especial The Psichology of the Herd in Peace and War, de
Wilfred Trotter, y The Group Mind, de William McDougal. Su lectura
arrojará bastante luz sobre los problemas de la vida cotidiana y de la
naturaleza humana. El ocultista lleva la aplicación práctica de la doctrina de
mentes de grupo mucho más lejos que los psicólogos; en ella encuentra la
clave para explicar el poder de los Misterios. Si se estudia en relación con la
psicología de masas, está claro que el método de los Misterios y de las
hermandades secretas de todos los tiempos se basa en la experiencia práctica
de estos hechos. ¿Qué puede favorecer más la formación de una poderosa
mente de grupo que el secreto, los trajes especiales, las procesiones y cánticos
de un ritual ocultista?. Cualquier cosa que diferencie a un determinado número
de individuos de la masa y los convierta en grupo aparte creará
automáticamente lo que hemos dado en llamar mente de grupo. Cuanto más
segregado está un grupo mayor es la diferencia entre él y el resto de la
humanidad, y más fuerte la mente de grupo engendrada. Tomemos, por
ejemplo, en consideración la fuerza de la mente de grupo de la raza judía,
diferenciada por medio de los rituales, de las costumbres, del temperamento y
de la persecución. No hay nada como la persecución para dotar de vitalidad a
un grupo. Es cierto que la sangre de los mártires es la simiente de la Iglesia,
pues es lo que le da unión y cohesión.

Esta es la razón de que no se deba desvelar nunca del todo el secreto de
los Misterios. Por mucho que se dé a conocer, deberá mantenerse siempre algo
en reserva; pues eso será lo que, al no ser compartido por los demás y
constituir el foco de atención del grupo, creará el núcleo del mismo y le dará
cohesión; es para él como el granito de arena para la perla que se forma en el
interior de una ostra. Si no hubiese granito de arena, no habría perla. Si se
elimina lo que diferencia al iniciado del resto de los hombres, el grupo al que
pertenece se derrumbará en pedazos.

La potencia de los ceremoniales físicos no descansa únicamente en su
atracción para la entidad invocada, sino también en su atracción para la
imaginación de los participantes. Un adepto que funcione solo adoptará un
ritual de invocación de imágenes en el plano astral sin alejarse de su postura
meditativa, y dicho ritual resultará efectivo para fines de invocación. Pero si
desea crear una atmósfera en la que sus discípulos o alumnos avancen y
evolucionen, o si desea elevar su propio nivel de conciencia hasta situarlo por
encima de las limitaciones normales, hasta trascender su propia fuerza de
voluntad y superar su visión individual, tendrá que utilizar los poderes del
Elemental de grupo desarrollado por medio del ritual.
Esta mente de grupo, o Elemental ritual, actúa sobre los participantes en
la ceremonia exactamente igual que actuó sobre los pacíficos habitantes de la
City de Londres cuando vieron al mariscal Joffre. Se ven elevados por encima
de sí mismos, y, de momento, se convierten en algo más que humanos; pues si
está creado e impulsado por la emoción adecuada, un Elemental de grupo es
tan capaz de elevar la conciencia hasta el nivel de los ángeles como de
descenderla hasta el de los animales.

2011_02_wicca_02Cuando nuestra emoción se encamina con fuerza y vigor hacia un objeto, emanará de nosotros una forma de fuerza sutil pero también potente. Y si esa emoción no es algo puramente ciego y visceral, sino que se transforma en la idea de hacer algo; y, sobre todo, si esa idea provoca la aparición en la mente de una imagen mental vigorosa, la fuerza emanante se formulará en forma de pensamiento; la imagen mental se verá animada por la fuerza emanante y se materializará en el plano astral. Esa forma de pensamiento comenzará entonces a dar lugar a vibraciones, y esas vibraciones, que obedecerán a la ley de inducción de la vibración por simpatía, tenderán a
reforzar los sentimientos de la persona cuya emoción las provocó y a inducir sentimientos similares en los demás individuos presentes, cuya atención se encauza hacia el mismo objeto, aun en el caso de que, hasta ese momento, hayan sido sólo espectadores pasivos y desinteresados.
Se comprobará que estamos relacionando la teoría de la mente de grupo
con la doctrina de la autosugestión, tal como fue formulada por Baudouin, y
esos dos conceptos psicológicos establecidos se ven ampliados y enriquecidos
gracias a su asociación con el concepto esotérico de telepatía. Si unimos estos
tres factores, tendremos no sólo la clave de los fenómenos propios de la
psicología de masas, sino también del poder aún inexplorado de los rituales,
sobre todo cuando son realizados en una logia oculta.
Estudiemos qué es lo que ocurre cuando se practica uno de esos rituales.
Todos los presentes concentran su atención en la dramaturgia con que se
realiza la ceremonia. Todos y cada uno de los objetos dentro de su campo de
visión simbolizan la idea que se está expresando por medio de la ceremonia.
Ninguna circunstancia capaz de elevar el grado de concentración y emoción se
ve negada o rechazada. Como consecuencia de todo ello, se construye un
grupo altamente concentrado y con grandes dosis de energía.
Como hemos visto, cuando uno piensa en un objeto con emoción, se
genera energía. Si un determinado número de personas piensan en el mismo
objeto con emoción, con la atención concentrada y con sus sentimientos
exaltados por el ritual de la ceremonia, estarán depositando en una reserva
común considerables dosis de fuerza sutil, pero potente. Esa fuerza constituye
la base de la manifestación de la potencia que se esté invocando.
En las religiones que permiten la libre representación en forma pictórica
o escultórica de sus dioses o santos, la imaginación de los fieles está
acostumbrada a verlos tal como los ve representados, trátese del dios egipcio
Horus, con cabeza de halcón, o de la Virgen María. Cuando se reúne un grupo
de fieles devotos, y sus emociones se concentran y exaltan por medio del
ritual, al tiempo que todos tienen la misma imagen en su imaginación, la
fuerza emanada por los presentes se transforma en un simulacro astral del ser
tan intensamente evocado; y si ese ser es la representación simbólica de
alguna fuerza de la Naturaleza – lo que en el fondo son todos los dioses -,
dicha fuerza encontrará una vía o canal para manifestarse a través de la forma
de ese modo creada; la imagen mental existente en la imaginación de cada uno
de los participantes en la ceremonia se les aparecerá a todos ellos como algo
vivo y objetivo, y sentirán cómo afluye a ellos la fuerza o poder que han
estado invocando.
Cuando este proceso se repite con regularidad a lo largo de
considerables períodos de tiempo, las imágenes construidas permanecerán en
el plano astral, exactamente igual que cuando, mediante la realización repetida
de una misma acción, se termina creando un hábito o costumbre mental. De
ese modo, la fuerza natural permanece permanentemente concentrada. Como
consecuencia de todo ello, los fieles que vienen a continuación apenas tienen
dificultades para formular el simulacro, ya que lo único que tienen que hacer
es pensar en el dios en cuestión y sentir su poder. De esta manera se han ido
creando todas las representaciones antropomórficas de Dios. Si nos paramos a
reflexionar unos instantes nos daremos cuenta de que el Espíritu Santo no es
ni una llama ni una paloma; al igual que el aspecto o lado maternal de la
Naturaleza no es ni Isis, ni Ceres ni la Virgen María. Todas ellas no son sino
las formas físicas a que recurre la mente humana para captar todas esas cosas;
cuanto más primaria y menos evolucionada sea la mente, más ruda y
esquemática será la forma elegida.
Quienes poseen un cierto conocimiento de los aspectos menos
comprendidos de la mente humana – sea un sacerdote egipcio, un hierofante de
Eleusis o un ocultista moderno -, utilizan ese conocimiento para crear
condiciones en las que la mente humana individual pueda ser capaz de
trascenderse a sí misma y superar sus limitaciones para ascender a esferas más
elevadas.

Dion Fortune, (Magia Aplicada)

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