Arboles Mágicos

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Sería difícil, si no imposible, encontrar una religión o cosmovisión en la que no aparezca el símbolo del árbol, presente en los cultos más variopintos desde tiempos inmemoriales. Por toda la Tierra, las culturas primitivas escogieron la imagen del árbol para simbolizar el Cosmos y expresar la vida, la sabiduría y la inmortalidad. Los árboles cósmicos de la mitología germánica, los árboles de la vida mesopotámicos, los inmortales árboles asiáticos, el árbol de la ciencia del bien y de mal del Antiguo Testamento… Todos ellos presentan un denominador común: para poseer sus frutos hay que luchar contra el monstruo guardián, pasar con éxito una prueba iniciática de consecuencias radicales para la vida de quién la protagoniza.

Muchos sabios han atribuido a los árboles vida y sensibilidad similares a la humana.

Las doctrinas brahmánicas, taoístas, budistas, egipcias, platónicas o pitagóricas, coincidían en la existencia de espíritus vegetales, y así también lo afirmaron los filósofos Anaxágoras, Demócrito y Empedocles. El estudioso Percival afirmaba que los movimientos de las raíces son voluntarios, y Ludwing Smith y otros botánicos defendieron que pueden experimentar felicidad. Paracelso los elogió como la más perfecta de las especies vegetales, en la que se encuentran: “las influencias de las estrellas, de los elementos, del Spiritus Mundi y del Misterium Magnun”.

En su opinión las ramas. Emanaciones de su calor vital, son los gestos de los árboles que desean liberarse de su opresión y manifestar su voluntad de vivir con autonomía.

Por su parte, los druidas celtas consideraban inútil construir templos, ya que la propia Naturaleza ofrecía sus espacios sagrados, los bosques, donde celebraban sus rituales de sanación y búsqueda de la inmortalidad bajo los árboles mágicos, a los que creían habitados por un espíritu propio que actuaba como nexo entre los mundos. La influencia de los árboles era tan importante en su cultura que su alfabeto mágico, llamado ogham, estaba constituido por letras que eran las iniciales de sus árboles sacros, y Plinio barajó la posibilidad de una relación entre el nombre del roble -–Drus, el árbol mágico más emblemático para los celtas– y el de druidas.

Respetados como receptáculo de ciencia, misterio y vida, sobre su madera quedaron grabados los más antiguos signos célticos.

La recolección de sus frutos, raíces y cortezas con fines terapéuticos debía seguir pautas escrupulosas, algunas de las cuales han sido conservadas en un manuscrito de la Universidad de Montpellier denominado Praecatio onnium herbarum, en el que se recoge una invocación druídica a la Madre Tierra con el fin de solicitar permiso para utilizar sus productos.

No hay que viajar muy lejos para encontrarlos. Los árboles mágicos habitan en todos los lugares. Es imposible un repaso exhaustivo, pero de los que hablaremos, se caracterizan por ser frecuentes en nuestro entorno. Basta un paseo por el campo para encontrar a estos símbolos vivos de las más profundas aspiraciones de los hombres.

ÁLAMO: El padre de los chamanes

Según una leyenda urankhaia, el primer chamán de la especie humana, Bokhan, se enamoró de una doncella celeste. El fruto de su amor fue un niño divino al que la madre abandonó a los pies de un álamo para que éste lo alimentara con su savia. De éste álamo desciende la estirpe de los chamanes asiáticos, que han repetido durante siglos el ritual de subir los siete peldaños de un altar confeccionado con maderas de álamo.

ENCINA: La que habla

Símbolo de la justicia y fuerza, es junto al roble uno de los árboles sagrados más respetado en la península Ibérica y el mundo mediterráneo, objeto de culto para los celtíberos y los pueblos pastoriles. Los encinares sagrados, protegidos por numerosas normas y castigos para quienes osaran profanarlos, fueron frecuentes en nuestro país y el historiador Marcial menciona uno de ellos en el monte Burado y otro a los pies de la sierra del Moncayo, ambos en Soria.

Heraldos de justicia y fuerza, Tito Livio relata que en Grecia las nobles familias aqueas celebraban sus reuniones bajo una encina sagrada con el fin de encontrar la claridad para tomar decisiones importantes. También en Dodoma, junto al monte Tmaros, el más primitivo de los templos dedicados a Zeus tenía una encina sagrada que congregaba a los adivinadores de la época, quienes emitían sus vaticinios tras escuchar el murmullo del viento entre las hojas.

No hace mucho tiempo, todavía en el alto Aragón y en Cataluña existía la costumbre de bautizar un tronco de encina con vino, para después quemarlo durante la noche de Navidad. Las cenizas así obtenidas se empleaban para curar enfermedades, combatir las plagas agrícolas y proteger la vivienda de las tormentas. Sin olvidar unas de las muchas tradiciones españolas vinculadas a la noche de San Juan: la de tratar las hernias infantiles pasando a los niños, a las doce de la noche, junto al tronco de una encina hendida.

Un antiguo grimorio afirma que el polvo de cinco bellotas, recogidas de una encina en domingo y quemadas y machacadas, llevado en una bolsita de seda amarilla sobre el pecho, es un ayudante infalible en los negocios.

AVELLANOS: Adivinos

Regidos por el planeta Mercurio, con los ejemplares silvestres se fabrican las varitas adivinatorias, cortando una rama a la salida del Sol o con Luna llena cualquier día del mes de Junio. Estas varas son utilizadas por los zahoríes para encontrar agua o dinero enterrado o metales. La varita oscila cuando el buscador pasa cerca de estos elementos. Además, se considera eficaz para ahuyentar culebras y en general contra todo tipo de maleficios. Sus aplicaciones terapéuticas son notables y de su corteza y hojas frescas se extrae la poderosa tintura de Hamamelis.

CIPRESES, las agujas de la muerte

Como símbolo de muerte y justicia, sus ramas coronaban la frente del feroz Plutón. Los brujos han utilizado su madera para fabricar las mesas o altares en los que realizaban sus “responsos al revés”, o para quemarla junto a hierbas y ciertas drogas en la invocación de espíritus elementales. Su aroma se considera tranquilizador.

HIGUERA, la mala sombra

Sagrada desde la época romana, sus hojas coronaban la frente de Saturno, aunque los griegos la dedicaron a Mercurio, y los espartanos a Baco. Su sacralizad también está presente en la India, donde está consagrada a Vishnú.

La adivinación mediante sus hojas dio origen a la práctica de la sycomancia: la pregunta se escribía sobre una hoja mojada y según el tiempo que ésta tardara en secarse se interpretaba la respuesta. En cuanto a su sombra, mejor evitarla, porque tiene fama de causar depresión y tristeza.

Su corteza sirve para detener las hemorragias nasales y se dice que los higos secos calman las llagas bucales y curan los callos de los pies.

MANZANOS, los soñadores

Árbol consagrado a la diosa Ceres, se le incluye en el tratado de sueños de Artemidoro por ser portador de mensajes oníricos. Soñar con un manzano alude a la profesión del durmiente; comer manzanas dulces anuncia grandes éxitos; si son agrias, el augurio es negativo.

Símbolo de la inmortalidad, ayuda a entrar en el mundo subterráneo y actúa como un cebo para lo diabólico.

La pulpa del fruto asado, aplicada en forma de cataplasma, calma los orzuelos y su raíz combate los accesos de fiebre.

OLIVO, el portavoz de la paz

Signo de paz entre Dios y la humanidad y primer árbol que emergió tras el diluvio en la mitología bíblica. Para los egipcios, la única que conocía el secreto de su cultivo y uso era Isis, esposa de Osiris. La mitología griega señala que Atenea dio dos regalos a los primeros griegos: el don de la sabiduría y el olivo para mantener la vida.

En Roma, una leyenda atribuye su cultivo a Hércules, quién después de terminar sus “doce trabajos” llevó en su cuerpo las semillas del olivo para plantarlas en el Olimpo. Desde entonces éste árbol se convirtió en símbolo de fuerza y los atletas eran coronados con sus ramas durante las olimpíadas. Su aceite es sagrado para los católicos y utilizado en las ceremonias bautismales así como en numerosas operaciones mágicas. Dicen que la palabra Athena, escrita con tinta azul sobre una hoja de olivo y atada a la cabeza, elimina cualquier temor e inquietud.

PINO, el anciano

Favorito de Cibeles y del dios Pan, tiene fama de ser una de las entidades arbóreas más antiguas del planeta. Durante mucho tiempo su fruto, la piña, se utilizó para averiguar el número místico de una persona: desde que el Sol comienza a asomarse hasta que está visible por completo, el interesado da un paseo circular alrededor de un pinar. El número de piñas caídas que encuentre en su marcha será el que regirá su vida. Se utilizaba también para invocar al dios Pan en asuntos sexuales. Terapéuticamente, sus botones tienen propiedades diuréticas, excitantes, sudoríficas y anticatarrales.

PALMERA: 360 maneras de servir

De esta antiquísima especie se afirma que proporciona al hombre 360 aplicaciones diferentes, bien sea como alimento, ropa o utensilios. Lleva en la tierra unos cinco mil años, desde los remotos tiempos de los caldeos, babilonios y asirios, quienes dejaron representaciones de ángeles besando las hojas de éste árbol emblemático. Íntimamente vinculado al hombre, se dice que apareció poco después de la creación de Adán. Se asemeja al hombre en su posición erecta y en su peso, en su doble sexualidad, ya que necesita el principio femenino para la polinización, y en la fibra que lo cubre, que recuerda a los cabellos humanos. Un ángel anunció a Adán que ambos habían sido creados de un mismo material. Según algunas versiones, una hoja de palmera cubrió a María durante su sagrado anunciamiento.

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Verticalidad, evolución y ascenso constituyen los atributos de los árboles sagrados de todas las culturas. Para los celtas fueron los robles, los fresnos para los escandinavos, el abedul para los siberianos o el banano para los hindúes…

Sea cual sea la especie elegida, todos ellos han sido respetados por sus importantes funciones en el mantenimiento del Cosmos. Estos son algunos de sus cometidos más importantes:

El árbol-eje del mundo: Puesto que sus raíces se hunden en el suelo y sus ramas tienden al cielo, los árboles vinculan ambos niveles de conciencia. En Bolivia y Haití se consideran una vía de comunicación entre lo divino y lo demoníaco.

El árbol de la vida: Sus frutos conceden la inmortalidad, como las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides o el himoragi japonés.

El árbol ancestro: Considerado el antepasado mítico de numerosas tribus de Liberia. En el Himalaya y entre los bosquimanos y los sioux norteamericanos se practicaba e matrimonio místico entre una mujer y un árbol.

El árbol demiurgo: El fresno escandinavo Iggdrasill tiene las funciones de un dios creador. Otros dioses como Adonis o Asesina moraban en árboles, el primero en la mirra y el segundo en el cedor y el nogal.

El árbol policía: Vigila el crecimiento de un pueblo y la prosperidad de sus miembros.

El árbol espiritual: Símbolo de la vida del espíritu en la tradición judeocristiana.

El árbol de la creación: En la tradición irania, el árbol mazdeo simboliza la creación a escala microcósmica.

TESTIGOS DEL MISTERIO

Abedul: Útil contra los malos espíritus y para realizar exorcismos. Las brujas cabalgaban sobre un palo de madera de éste árbol.

Acacia: Árbol sagrado egipcio, que para los francmasones simboliza la inmortalidad del alma. Tal vez la madera en que murió Jesucristo proceda de éste árbol. Se utiliza para trabajos mágicos de adivinación y trance y sus flores en magia amorosa.

Acebo: Proporciona suerte con el dinero.

Almendro: Propicia clarividencia.

Fresno: Aleja el rayo y las tormentas. Con su madera se fabrican varitas curativas.

Haya: La tierra que rodea su base es la puerta al mundo subterráneo.

Laurel: Símbolo de protección, puesto bajo la almohada propicia sueños agradables y encima de la puerta ahuyenta malas influencias. Era mascado por las sacerdotisas de Delfos para obtener visiones.

Tilo: Plantado en el día de la boda, asegura felicidad en el matrimonio. Sus hojas bajo la almohada proporcionan un sueño tranquilo.

1-arbolCÓMO OBTENER ENERGÍA DE LOS ÁRBOLES

Algunos pueblos como druidas (Tuatha de Danan) y celtas, consideraban a los árboles auténticos “templos” de la Naturaleza y, para recoger sus frutos, realizaban escrupulosos rituales. Hoy son muchos quienes siguen creyendo que es posible extraer energía de estas especies, pero para ello es necesario seguir unas respetuosas pautas.

La extracción de energía de la Tierra y las especies vegetales ha sido una práctica frecuente. En líneas generales las distintas tradiciones coinciden en los aspectos básicos del procedimiento, que podrían resumirse en los siguientes:

1.- Elige un árbol fuerte y sano y pídele, mental o verbalmente, permiso para extraer de él su energía sobrante.

2.- Pon las manos sobre el tronco y con los ojos cerrados concéntrate en las palmas mientras efectúas sucesivas respiraciones profundas. Visualiza y siente que la energía del árbol pasa a través de tus manos y sube por tus brazos. Es frecuente que mientras ejecutes el ejercicio notes cierto entumecimiento u hormigueo.

3.- Visualiza cómo dicha energía circula por todo tu cuerpo y llega a las zonas más debilitadas.

4.- Antes de marcharte, no olvides expresar tu gratitud al árbol “donante”..

Fuente http://tarotestrella.foroactivo.net/t802-rboles-mgicos

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