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Dic 11 2013

Las saturnales romanas….

http://i2.wp.com/wiccaspain.es/blog/wp-content/uploads/2010/12/Saturnales-3.jpg?resize=300%2C164En la Antigua Roma, se celebraban una de las festividades populares más encendidas: las Saturnales. Y la Fiesta del Triunfo vinculada con la llegada de los generales romanos triunfantes luego de sus campañas exitosas. En las Saturnales la realidad social danzaba dentro de un juego de inversiones: el señor actuaba como esclavo, el esclavo como señor; lo antes prohibido era ahora permitido; lo que antes era restricción ahora estallaba en lujo o derroche. En la fiesta romana erupcionaba la vida sin diques de contención. Emergencia de un placentero, jubiloso caos. El regreso a lo caótico es recuperación del origen, del calor bullicioso de la primera vida, del mundo recién creado o manifestado. Y también el regreso al origen impelido por la fiesta era recuperación de un presunto paraíso inicial, donde los hombres vivían sin separaciones jerárquicas, sin opresión de unos sobre otros. Mediante una versión abreviada de una alocución de Klaus Brigmann nos acercaremos al pueblo embriagado de festiva alegría entre los templos y casas de la Ciudad Eterna.

La Fiesta del Triunfo

Las fiestas de la Roma antigua tuvieron su origen en la religión. Al igual que los demás pueblos de la Antigüedad, los romanos no conocían en su propia sociedad la diferencia entre fiestas religiosas y profanas ni la división de la sociedad en nexos personales políticos y eclesiales. Tal división llegó a ser una característica estructural importante de la sociedad de la Antigüedad tardía en Europa con la victoria del cristianismo y encontró una correspondencia clara en la coexistencia de fiestas eclesiásticas y profanas. La fiesta pública en Roma consistía en uno o dos días consagrados a los dioses. Su punto central estaba ocupado por el sacrificio o por otro rito, como por ejemplo una danza cultual. Tales actos se realizaban en nombre de la comunidad política, que era al mismo tiempo comunidad de culto. Culto y sacrificio servían para el mantenimiento de la paz con los dioses, siempre amenazada. Su alteración podía conmover los cimientos de la sociedad. Las deformaciones, epidemias del ganado, enfermedades, catástrofes naturales y derrotas en la guerra, en resumen, cualquier amenaza cuyo control superara las fuerzas humanas, era consecuencia del trastorno de la paz con los dioses. Aquella comunidad pequeña en origen, que habitaba en una estrecha franja de terreno y se veía obligada a defenderse de sus vecinos en todas direcciones, vivía temiendo constantemente la malevolencia de los poderes supraterrenales. Desde la siembra hasta la recolección, estas fuerzas debían ser aplacadas con sacrificios, oraciones y procesiones. En una palabra, mediante unos ritos bien meditados. Junto a la rica serie de fiestas que debían su aparición al ritmo del trabajo agrícola, surgieron aquellas otras fiestas y juegos instituidos por algún motivo especial, por ejemplo, catástrofes naturales y victorias o derrotas militares. En este contexto tienen también su fundamento los orígenes de los triunfos y las Saturnales. El triunfo fue, por su intención primera, cualquier cosa menos una exhibición profana de las victorias romanas. El caudillo triunfante, después de haber concluido victoriosamente una guerra, entraba en marcha solemne con el botín, los prisioneros y su ejército en el espacio amurallado de la ciudad, separado del hostil mundo exterior por una línea sagrada, el llamado pomerium. El ejército atravesaba esta línea al pasar por la puerta de triunfo. Se trata de un acto mágico y ritual por el que el ejército se purificaba de las culpas de sangre y la maldición de la guerra al penetrar en el espacio murado de la ciudad. El desfile del ejército terminaba en el Capitolio, donde el caudillo victorioso ofrecía los sacrificios. En aquel centro político-religioso de la comunidad, cumplía las promesas hechas en el momento de partida del ejército; este objetivo explica por qué el triunfo sólo podía celebrarse tras una guerra concluida victoriosamente.
Pero el triunfo no servía sólo para la purificación ritual del ejército y el cumplimiento sacral y jurídico de las obligaciones contraídas con los dioses, sino también para proteger mágicamente de las amenazas de malos demonios al vencedor en su regreso. Según una antiquísima idea, tales demonios acechaban de manera especial al hombre encumbrado por la victoria y el éxito; así, la persona del caudillo triunfante se protegía más que ninguna otra mediante amuletos colgados del carro triunfal y de su cuerpo, así como por otros medios para conjurar el mal. Sobre el carro triunfante, detrás del caudillo, iba un esclavo que decía en voz alta al triunfador, vestido con el traje etrusco de los antiguos reyes de Roma: “Recuerda que eres un hombre” y los soldados cantaban canciones burlescas referidas a su general que lo rebajaban a una escala humana absolutamente corriente. El mismo César tuvo que aceptar con motivo de su triunfo sobre los galos el año 46 a.C., que le insultaran llamándolo amante de un rey del Asia Menor de nombre Nicomedes: «César subyugó las Galias y Nicomedes a César; ahora César, que subyugó las Galias, celebra un triunfo ¡y Nicomedes, que subyugó a César, no lo celebra!
Esta costumbre sirvió en erigen para salvaguardar al caudillo de la envidia de los poderes infernales en el día más importante de su vida. Pero de ese modo, más allá de las consideraciones religiosas, se procuraba siempre relativizar las pretensiones de una grandeza sobrehumana mediante la broma de unas burlas divertidas o mordaces. César y los emperadores romanos tenían que aceptarlo y podían hacerlo.(1)

Las Saturnales

La Fiesta del Triunfo también le permitía al general triunfador ostentar y estimular el reconocimiento de sus proezas. En aquellas fiesta marcial participada el pueblo. En el año 46, Julio Cesar organizó una celebración de sus victorias sobre las Galias, Egipto, el Ponto y África durante diez días. Se obsequiaron muchos denarios, aceites y cereales. Se distribuyó gratuitamente  carne en un banquete público que se extendió a lo largo de 22.000 mesas.

La Fiesta del Triunfo fue, en definitiva, fagocitada por la voluntad de dominación política de los generales e imperatores de Roma. Pero la Fiesta del Triunfo sólo se consumaba en circunstancias excepcionales mientras que una festividad de regular realización…

…era la dedicada al dios Saturno, las Saturnales. Oficialmente se celebraban el día de la consagración del templo de Saturno en el Foro romano, el 17 de diciembre, con sacrificios y un banquete público festivo. Pero esta fiesta era tan apreciada por el pueblo, que de forma no oficial se festejaba a lo largo de siete días, del 17 al 23 de diciembre. Las autoridades estatales se vieron obligadas incluso a atender a la costumbre popular. A finales del siglo 1 d.C, las vacaciones judiciales se prolongaron definitivamente a cinco días. Las Saturnales eran, si se permite la comparación, Navidad y Carnaval a un mismo tiempo y el cristianismo victorioso de la Antigüedad tardía se las vio y deseó para acabar con la fiesta pagana. El calendario de Polemio Silvio del año 4.8 d.C. no denomina la fiesta, todavía viva, con el nombre del dios, sino que la llama “fiesta de los esclavos”, por su faceta más destacada, si bien es cierto que en sus orígenes no lo fue. Probablemente las saturnales fueron la fiesta de la finalización de los trabajos del campo, celebrada tras la conclusión de la siembra de invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo para descansar del esfuerzo cotidiano. En medio de las dificultades de la II guerra Púnica, cuando Aníbal se encontraba en Italia, la fiesta oficial del dios Saturno se rehízo de acuerdo con el ritual griego. Pero esta reforma  no afectó al carácter de la celebración popular, en la que todos se esforzaban por pasárselo bien.

Vivir y dejar vivir era el lema de la fiesta y el 17 de diciembre, según cuenta el poeta Cátulo, su mejor día. Catón el Viejo, que por lo demás calculaba con un rigor sin compasión los costos y utilidad del trabajo de los esclavos de sus posesiones rurales, les concedía en las Saturnales una racióm extra de 3,5 litros de vino. Las mismas escuelas, que en otras ocasiones no prestaban atención alguna a las numerosísimas fiestas del calendario romano, cerraban sus puertas en estas fechas. Lo que de ordinario esta prohibido, se autorizaba en estos días locos. Las leyes contra el lujo permitían en las Saturnales gastar en comidas una cantidad mayor que en los días corrientes y quien no aprovechaba la oportunidad para cogerse una melopea resultaba desagradablemente llamativo. Como mucho, se condescendía con las rarezas del erudito que buscaba inútilmente un refugio en su cuarto de estudio para huir del guirigay ruidoso y alegre que llenaba toda la casa. Pero, en especial, en el interior de la familia se eliminaban todas las barreras que separaban al esclavo del hombre libre. El juego de los dados, estrictamente prohibido en fechas normales, aunaba a señores y siervos.

La representación de gráfica de las Saturnales en el calendario de Fiocalo (del año 336 d.C.) nos muestra, entre otros motivos, una mesa de juego con dados y cubilete y debajo la siguiente inscripción: “Ahora, esclavo doméstico, puedes echar una partidita con tu señor”. Esto podía entenderse en sentido estrictamente literal. Sabemos que en las Saturnales el esclavo tenía licencia para “dar la vuelta a la tortilla” y decir a su señor verdades incómodas. El mundo quedaba patas arriba y podía ocurrir que los señores sirvieran a sus propios esclavos.

…En las Saturnales se jugaba al mundo al revés y se caricaturizaban leyes y cargos públicos. La dignidad de rey de las Saturnales, que presidía aquel enloquecido ajetreo provisto de la autoridad suprema, se echaba a suertes. Luciano a vuelve a darnos una idea de su gobierno burlesco poniendo en boca del dios Saturno estas palabras en alabanza de su fiesta: “Y una vez que los dados te dan la suerte de ser rey, sólo en virtud de esa dignidad tienes el derecho a que no se te impongan órdenes ridículas, mientras que tú puedes ordenar a uno que declare algo vergonzoso de sí mismo, a otro que baile desnudo, a un tercero que cargue con la flautista y la lleve a hombros tres veces por toda la casa; todo ello es, sin duda, una prueba de que puedo repartir dones importantes.”

Pero las Saturnales no eran sólo el carnaval de los romanos; en muchos aspectos se parecían, por ejemplo, a la costumbre de encender velas y hacerse regalos, a nuestra fiestas populares de Navidad. En un principio era habitual regalarse velas y muñecos de barro -donativos rituales en origen, cuyo sentido es muy debatido. Luego, en parte por influencia griega, fue común agradecer con alguna pequeña atención o con un regalo en dinero a los amigos y a todas las personas a quienes se debía algo por algún servicio prestado. Las Saturnales tenían también en este sentido sus propias perfidias: nadie estaba a salvo de convertirse en víctima de algún regalo bromista y muy calculado.

…La eliminación de la división social entre libres y esclavos daba pie a diversas especulaciones sobre la esencia de la fiesta de las Saturnales. ¿Sería, quizá, un reflejo de la Edad de Oro, de aquellos felices comienzos de la humanidad, cuando bajo la égida de Saturno manaban leche y miel y no había ni señores ni esclavos? La utopía social se apoderó de la antigua fiesta campesina cuyos orígenes estaban lejos de una cultura urbana y cosmopolita que la interpretó como una reliquia de aquella época de justicia social en la que nadie era esclavo y no existía la propiedad privada. Pero, si la justicia social era un sueño y no podía restablecerse (pues, en definitiva, Saturno hubo de ceder su soberanía a Júpiter), había que hacer todo lo posible para que la semana puesta bajo el gobierno de Saturno ofreciera un reflejo de la antigua gloria. (2) (*)

(*) Fuente de todas las citas: Klaus Bringmann, El triunfo del emperador y las Saturnales de los esclavos en Roma, en La fiesta. De las saturnales a Woodstock, Ed. Alianza

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Dic 09 2013

Mitra la luz del mundo

Estatua del dios solar Mitra matando al toro, (actualmente en el Museo Británico).

Todavía existen en Occidente numerosas fiestas populares que son reminiscencias de los taurobolios que los legionarios romanos celebraban en honor de Mitra, un antiquísimo dios de origen persa. Del culto mistérico que se le rendía, y que se extendió como la pólvora por todos los dominios del Imperio, especialmente entre el estamento militar, llegó a decir el filósofo francés Ernest Renan:

Si el Cristianismo hubiera sido detenido en su desarrollo por alguna enfermedad mortal, el mundo habría sido mitraísta.

Mitra fue una divinidad nacida de una roca que luego hendió con sus flechas, abriendo en la peña la caverna sagrada y liberando el agua lustral que manó de ella. Después de peregrinar por un mundo que estaba aún en formación, apresó al toro primordial creado por Ahura-Mazda, cuya cola estaba compuesta por tres espigas, lo arrastró a la caverna y lo sacrificó. El perro le lamió la sangre, que era el alma universal que se le escapaba por la herida, y la serpiente devoró su médula, mientras el escorpión trataba de evitar que se le vertiera el semen para que no se engendrara la vida a partir de él. De la

Las representaciones de Mitra, tocado con un gorro frigio y en el acto de dar muerte al toro (Taurobolio), estaban presentes en los mitreos, donde se reunían sus adeptos y tenían lugar las iniciaciones. Junto a él aparecían las figuras de Cautes y Cautopates, seres gemelos que representaban al mismo dios en su doble aspecto de Sol que nace y muere cada día y de astro que atraviesa los cielos en su ciclo anual. En sus paredes se representaban también el Sol, la Luna, los doce signos zodiacales, los vientos, las estaciones y los siete planetas, a través de los cuales Mitra conduciría a los muertos para que fueran despojándose en cada uno de ellos de los rasgos que adquirieron en su camino de ida a la Tierra cuando tuvo lugar su nacimiento. Y a lo largo del recinto había un banco reservado para los fieles donde se celebraban en privado los ritos de iniciación y donde tenían lugar los ágapes, compuestos de pan y agua, que suponían la participación de los elegidos en la eucaristía sagrada que les identificaría con la sacralidad esencial de la que se hacían partícipes a través del proceso iniciático.

Orígenes del mitraísmo

Según Franz Cumont, en su estudio publicado a comienzos del siglo XX, el origen del mitraísmo se encuentra en el antiguo Irán. De hecho, Mitra es una divinidad indoirania cuyo origen puede remontarse hasta el II milenio a. C.: su nombre es mencionado por primera vez en un tratado entre los hititas y los mitani, escrito hacia el 1400 a. C.

En la India, figura en los himnos védicos como dios de la luz, asociado a Váruna. En los Avesta iranios es un dios benéfico, colaborador de Ahura Mazda, y recibe el sobrenombre de «juez de las almas». Es posible que su culto llegase a Occidente desde Irán gracias a la difusión del zoroastrismo, del que sería una especie de herejía. Sin embargo, los estudios actuales del mitraísmo tienden a considerar que no puede admitirse una filiación directa entre el Mitra indoiranio y el del mitraísmo, al que a veces denominan Mitras o Mithras, usando la forma griega de su nombre para diferenciarle del primero.

El dios Mitra romano

Durante el Imperio romano, el culto a Mitra se desarrolló como una religión mistérica, y se organizaba en sociedades secretas, exclusivamente masculinas, de carácter esotérico e iniciático. Gozó de especial popularidad en ambientes militares. Obligaba a la honestidad, pureza y coraje entre sus adeptos.

Las excavaciones iniciadas en 1857 bajo la iglesia de San Clemente, en Roma, mostraron que estaba construida sobre una iglesia paleocristiana del siglo IV, y esta a su vez sobre un templo dedicado a Mitra. Por los hallazgos arqueológicos se sabe que es una religión de origen persa, adoptada por los romanos en el año 62 a. C., que compitió con el cristianismo hasta el siglo IV.

De acuerdo a lo que argumentan algunos autores cristianos, los textos más antiguos encontrados acerca del mitraísmo datan del siglo II, siendo tardíos respecto a los del Nuevo Testamento, por lo que la hipótesis de que los relatos evangélicos fueron copiados de los del mitraísmo no tendría fundamento historiográfico. Sostienen que mientras no se encuentren documentos “mitraístas” más antiguos, los existentes hasta el momento sugieren que el mitraísmo adoptó algunos de los mitos del cristianismo mientras coexistieron.

Sin embargo el erudito musulmán contemporáneo Yousuf Saleem Chishti en su libro “Qué es el Cristianismo”, escribe:

La doctrina Cristiana de la expiación fue grandemente colorida por la influencia de las religiones del misterio, especialmente el Mitraísmo, el cual tuvo a su propio hijo de Dios y la Madre virgen, y su crucifixión y su resurrección después de expiar los pecados del género humano y finalmente su ascensión al 7mo cielo.

…Si usted estudia las enseñanzas del Mitraísmo una al lado de la otra con aquellas del Cristianismo, de seguro usted se quedará asombrado de la afinidad cercana que es visible entre ellas, tanto que muchos críticos están constreñidos a concluir que el Cristianismo es el facsímil o la segunda edición del Mitraismo”.

(Citando a Norman Geisler S Baker Encyclopedia of Christian Apologetics Pg. 490, y su cita de Y.S. Chishti, ¿Qué es el Cristianismo?, Pg. 87.)

También cabe destacar que, como en todas las religiones mistéricas, los adeptos estaban obligados a mantener en secreto los rituales del culto. Por todo ello, la documentación escrita concerniente al mitraísmo es prácticamente inexistente.

El estudio de esta religión se ha basado sobre todo en la iconografía que decoraba los mitreos.

tierra bañada por la sangre del toro nació la vid, de la médula el resto del mundo vegetal y del esperma todos los seres animados, incluidos los humanos.

Similitudes con el cristianismo

Existen ciertas semejanzas entre creencias del mitraísmo y enseñanzas cristianas:

  • Tras su nacimiento, Mitra fue adorado por pastores.
  • El tránsitus (viaje de Mitra con el toro sobre los hombros) recuerda al relato evangélico del camino de la cruz.
  • El mitraísmo era una religión de salvación: el sacrificio del toro a manos de Mitra tiene como finalidad la redención e inmortalidad de los adeptos.
  • El banquete ritual de los fieles de Mitra tiene similitudes con la eucaristía cristiana.
  • El día sagrado del mitraísmo era el domingo, y no el sábado.
  • El nacimiento de Mitra se celebraba el 25 de diciembre.
  • Los atributos del pater —máximo nivel de iniciación en el mitraísmo— eran el gorro frigio, la vara y el anillo, muy similares a la mitra, el báculo y el anillo de los obispos cristianos.

Fuente: MysteryPlanet y Wikipedia

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Dic 07 2013

Símbolos Navideños

A MODO DE INTRODUCCIÓN:

Muchos de nosotros, en estas fechas de celebración, acostumbramos decorar nuestro hogar con guirnaldas verdes, luces, adornos rojos, cintas, coronas navideñas, ponemos el arbolillo, etc… pero desconocemos su significado y su origen, hoy daré a conocer algunos de los muchos significados que se les da a estos elementos navideños, que en un comienzo formaban parte de tradiciones de invierno germánico y céltico que con la aparición del cristianismo se mezclaron y dieron origen a lo que conocemos hoy en día. como siempre, una extraña mezcla entre la iglesia católica, tradiciones paganas, y la industria, el mercado, que sacan provecho de esto e insistan a la gente que compre, compre y compre en exceso, la gente ni siquiera sabe por que lo hace, simplemente compra y desconoce la profundidad y la riqueza que hay detrás de todo. yo creo que hay que ver mas allá. no tener esa vision consumista y superficial en exceso que se vive hoy en día. donde todo es desechable, y nada perdura en el tiempo. bueno… me descargué y dí mi opinión jeje :P

 

CORONA DE NAVIDAD

El anillo o corona de ramas de árbol perenne decorado con velas era un símbolo en el norte de Europa mucho antes de la llegada del cristianismo, que al igual que con otras tradiciones acabó siendo integrado en su simbología. El círculo es un símbolo universal relacionado con el ciclo in-interrumpido de las estaciones, mientras que las hojas perennes significan la persistencia de la vida en mitad del duro y oscuro invierno. Algunas fuentes sugieren que la corona, re-interpretada como un símbolo cristiano, era de uso común en la Edad Media, mientra que otras consideran que no se estableció como tradición cristiana hasta el siglo XVI en Alemania. El uso como calendario previo al día de Comienzo de año. Como ya se ha mencionado, la simbología original es bastante universal y primitiva, relacionada con la muerte y renacimiento del sol en invierno. El círculo como símbolo del tiempo reflejado en el ciclo de las estaciones; las ramas, significando la persistencia de la vida a través del elemento vegetal y la adoración al Sol como origen y fuente de la vida mediante la luz de las velas.

 

 

MUÉRDAGO

Era costumbre adornar las casas con hiedra, por dentro y por fuera, y poner guirnaldas de acebo y muérdago, para protegerse de visitas no deseadas. (color rojo para los malos espíritus y hadas malignas) El muérdago era sagrado para los antiguos druidas, un bien para todo mal, se le atribuía el poder de proteger y curar de forma mágica. Era además considerado como un poderoso amuleto protector. Según una antigua superstición, se colgaba sobre las cunas de los niños, para evitar que las hadas los robasen y los sustituyeran por otros. Se utilizaba con profusión en las festividades asociadas al final del año celta y del solsticio de invierno. Con la aparición del cristianismo, entre el pueblo, siguió siendo considerado un buen augurio para sus poseedores, siempre que se hubiera cortado con la debida reverencia.

 

ÁRBOL DE NAVIDAD:

La historia del árbol de Navidad se remonta a tiempos antiguos, cuando los germanos acostumbraban vestir los árboles “desnudos”, que perdían sus hojas tras el otoño. Ellos creían que de esta manera los espíritus buenos que en ellos habitaban regresarían pronto y les permitirían dar sus frutos en primavera. para los celtas era un tronco de árbol que se quemaba la noche del solsticio, para festejar el renacimiento del sol y para atraer la prosperidad. Además se decoraban los árboles con ofrendas y regalos, en los días de fiesta. (Hay que recordar que para los celtas los árboles eran motivo de veneración) Cuando los celtas adoptaron esta costumbre, hacia el 1100 a.c., recogían un leño después del solsticio y lo guardaban hasta que, unos días antes de la festividad, lo adornaban con piñas de conífera, acebo, hiedra y otras plantas siempre verdes, lo que parece que puede ser uno de los orígenes de la costumbre actual de adornar un árbol.

el abeto en la actualidad está considerado como símbolo de la navidad, pero en realidad está ligado a tradiciones germánicas y escandinavas y lo que simboliza con sus luces es el firmamento, así como las almas de los antepasados muertos, cuyo recuerdo sigue aún vivo en el hogar en tan entrañables fiestas…

 

FUENTE: wikipedia,revista mas allá n°121 año 1999, http://kuwalden.blogspot.com/

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