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Ene 13 2014

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Los sueños chamánicos de curación y poder

descargaLos sueños Chamanicos y el chamanismo, cómo bien lo indica Mircea Eliade en su clásico tratado, es el conjunto de arcaicas técnicas del éxtasis y los conocimientos para navegar esas realidades sacras que se abren con estas técnicas. Una de las técnicas principales que se utilizaban (junto con psicotrópicos y trance mediante el baile y la música percusiva) era el sueño.

En estas culturas, existían dos tipos de sueños, cómo bien lo señala el antropólogo Michael Harner en su libro “El viaje del Chamán”. El sueño pequeño era el sueño normal, que uno tiene todos los días. Pero el gran sueño era un sueño que revestía un carácter sagrado, y tenía poder.

 

Pero todos los sueños de un chamán se consideraban importantes. De hecho, en muchas culturas chamánicas (cómo los Jíbaros, los Wichíes, los Guaraníes, los Warao, etc) se intenta no despertar al chamán dormido, o en cualquier caso, hacerlo de la forma más suave posible, para que no pierda su sueño. Es importante notar que algunos de estos sueños y métodos para conseguir el poder se dan en todas las formas de influencia chamánica, desde el tantrismo hindú hasta el trabajo con los espíritus del medioevo europeo.

 

Pero qué son los sueños chamánicos, y para que nos servirían?

 

Los sueños chamánicos son, en realidad, una parte de la experiencia chamánica (que sobrepasa la intención de este libro y de su escritor, en realidad) mediante la cuál uno puede ganar poder y control en el mundo de los sueños (qué en la concepción chamánica es parte del mundo de los espíritus) y consigue aliados, poderes y canciones mediante los cuáles el chamán afirma su control de esta realidad onírica.
Nosotros utilizaremos los métodos chamánicos para en primer lugar, ganar confianza en el mundo onírico, luego para ganar “aliados” (personajes oníricos recurrentes en nuestra obra a los cuáles uno les puede pedir ayuda) y finalmente, para ganar las “canciones” (pequeños parlamentos en nuestra obra que a veces toman forma de canción, pero otras de poema o de pintura y se reciben cómo un regalo, llamadas canciones por la tradición chamánica) que nos permiten incubar y establecer una mayor claridad en nuestros sueños, un paso indispensable para el capítulo próximo que trata sobre la creatividad de los sueños. Intentaremos llevar nuestra variable de “claridad” en el cuaderno, del grado 1 al grado 2, y trataremos con los personajes de nuestros sueños y sus acciones. Pero especialmente, generaremos, al enfrentar a los personajes desestabilizadores, una base sólida para que nuestras creaciones oníricas reflejen nuestra intención, y no se vea deformada por nuestro conflicto interno.

 

Veamos algunos ejemplos de sueños chamánicos:

Si bien son más famosos por el trato que recibieron a mano de los colonos y por su caza de los búfalos, los Lakota, de Estados Unidos tenían una rica tradición onírica. Cuándo un joven seguía el camino de un “hombre sagrado” (esto es, un chamán) y se acercaba a la edad de su iniciación, tras una ceremonia, se retiraba a una montaña, dónde pasaba entre tres y siete días solo, sobre una manta, rezándole a Wakan Tanka (el “gran espíritu”) para que este le enviara una visión o sueño. Es importante notar que para su cultura, el sueño o visión no tiene la categoría derogatoria que tiene en nuestra cultura (que se ha desacralizado hasta el punto en que está en crisis) sino que ontológicamente eran más “reales” que la realidad diaria. Cuándo este llegaba, Wakan Tanka le mostraba algo que simbolizaría el camino que llevaría cómo chamán. También le mostraba una canción, mediante la cuál, al ser cantada, podría curar y tener sueños “grandes” y la forma que tomara Wakan Tanka (que podía ser la de un búfalo, un conejo u otro animal, una persona, etc) era la de su primer aliado, al cuál tendría que convencer y hacer un pacto para que este le sirviera y le diera poderes. De ahí en más, el jóven se podría considerar un chamán.

En Europa, al mismo tiempo, un sacerdote maduro acaba de encontrar un libro prohibido. Puede ser elGrimorie Verum, el Lemegeton u otro libro que trate con la mal llamada “demonología” europea (qué en realidad, es una clasificación de espíritus). Lleno de terror, viaja a un cementerio, dónde sacrifica un cabrito a un demonio e inscribe con su sangre un símbolo de la intención de forjar un pacto (en si, una forma de incubación).
Hace esto por tres noches seguidas, temblando frente al prospecto de contactarse con los poderes infernales, y prontamente, un demonio aparece en sus sueños. Este le plantea un pacto, por el cuál el sacerdote hará sacrificios para él, y este le dará poder sobre los sueños y mentes de su rebaño. Para sellar el pacto, el demonio le obsequia unos salmos “satánicos”, versos mágicos que el sacerdote podrá repetir antes de dormirse, a fin de invocar su nuevo demonio “familiar”.

 

 

Pasemos a la India de ese momento. Un joven Brahmán, desesperado por vencer un grave caso de tartamudez, recurre a un yogi tántrico. Este le promete un resultado, pero el Brahmán (quién de común entraría en un frénesi de autopurificación con solo hablar con un yogui de casta baja) debe realizar una serie de rituales. Estos son la inscripción de de una serie de yantras (dibujos geométricos que representan la totalidad, lo que Jung llamaba el si-mismo) y tras realizarlos, Ghanesa (una emanación de Shiva) se aparece, y le obsequia un mandala (un dibujo circular de protección) que representa a una deidad menor, frente al cuál debe hacer puja (un acto devocional). Si realiza estas operaciones, el Brahmán se verá libre de su problema.

 

Un último ejemplo, que muestra una postura ligeramente diferente. En Malasia, los Senoi (una tribu descrita por Kilton Stewart, sobre la cuál hay algunas discrepancias) era un grupo de aborígenes con una gran inclinación al chamanismo onírico. Cada mañana, los integrantes de una casa se reunían, y se contaban los sueños en cuánto se despertaban (a fin de estimular el recuerdo onírico). Los padres y madres aconsejaban a los hijos dos direcciones puntuales: si una persona se encontraba frente a un peligro (por ejemplo, un tigre) se debía atacar al mismo, a fin de poder destruirlo. En este ataque, todos los aliados oníricos que una persona tuviera ayudaban, y si eran destruidos (o si la persona era destruida) sólo se reformarían en otro sueño. A fin de continuar la lucha, cuándo uno se despertaba por la noche debía visualizar sin pausa, mientras se dormía, la última escena del sueño en el cuál fue destruido. De esa forma, podría volver a tomar presencia en el mismo, y finalmente, derrotar al debilitado peligro. Una vez que este fuera derrotado, sería destruido, pero se reformaría al instante. Sin embargo, al reformarse sería un aliado de la persona que lo derrotó y lo ayudaría frente a los peligros oníricos. Más inmediatamente, le daría un regalo que podría ser un poema, una canción o una imagen, mediante la cuál esta persona ganaría fuerza en el mundo onírico. El segundo consejo de los padres era que si una persona estuviera en una relación placentera con un personaje, aunque este fuera parte de su familia, siempre se debía intentar llegar al máximo de placer, sea nadando, comiendo o llegándo al orgasmo en el medio de una relación sexual, para luego solicitarle un regalo. Es importante notar que estas afirmaciones van en contra de la concepción más Freudiana de nuestra sociedad, dado que era más que posible que un hijo le contara a su madre el orgasmo que había soñado que ambos compartieran en su sueño de la noche anterior.

Tampoco existe una simbología de lo sexual en la tradición Senoi: las casas ardientes son peligros (qué el durmiente debe apagar con agua) y el volar es una forma de representación de la claridad y lucidez mental (volveremos sobre la simbolización del vuelo cómo lucidez más adelante).

Más alla de las características sociológicas de esta remarcable tribu (según Stewart, no conocían el crimen, ni la enfermedad mental, características que hoy se encuentra en discusión) no quedan dudas sobre sus métodos de control onírico.

Y qué podemos sacar en conclusión de estos ejemplos históricos? Que es posible ganar un cierto control sobre los aspectos del mundo onírico mediante el uso de los aliados espirituales, los demonios familiares, los aliados oníricos, etc, etc. Nosotros los llamaremos los personajes de nuestra obra. Para conseguir su ayuda, es necesario o convencerlos o vencerlos totalmente. Es necesario aclarar que simbológicamente, la reformación ontológica del personaje de enemigo a aliado es la misma, sea esta efectuada mediante la discusión o mediante la violencia. Una vez que se consiguió la transformación, se debe solicitar un regalo, por el cuál uno podrá encontrar al mismo personaje en los sueños.

Y cómo debemos proceder para poner en términos prácticos esta forma de proceder? Deberemos proceder cómo una incubación, pero con algunos agregados. Imaginemos que tenemos un sueño (incubado o no) dónde somos perseguidos por un animal (para seguir el ejemplo anterior, digamos que es el tigre, bello símbolo de lo oculto en la selva, lo otro terrible). En el sueño, el tigre nos persigue hasta que nos despertamos jadeando.

Esto se repite un par de veces, por lo que decidimos que necesitamos una “curación” al estilo chamánico. Incubamos un sueño con el tigre (siguiendo los pasos del capítulo anterior) y en cuánto lo percibimos, podemos proceder de dos formas: mediánte la dialéctica o mediante el ataque. Personalmente, dejo que la situación dicte la respuesta (no necesariamente por lo antropomórfico del personaje…en sueños, uno dialoga con tigres y se encuentra con mudos que lo persiguen) pero cualquier método que parezca apropiado puede adoptarse.

 

Probablemente lo deberemos incubar junto con el sueño (es decir, cuándo armemos la frase, poesía, etc de incubación debemos incluir la intención de dialogar o atacar, dado que aún no tenemos la lucidez onírica para elegir concientemente y volveremos a experimentar la acción que queremos cambiar, cómo sería huir) y si no tenemos mucho control, seremos derrotados y volveremos a despertarnos, en cuyo caso si nos concentramos en la última imagen que tenemos del sueño, mientras nos volvemos a dormir (que si sucede en el medio de la noche, llevará solo unos segundos) para retomar el combate en el punto en que fuimos derrotados.

 

Este proceso de muerte simbólica y renacimiento es común a toda experiencia chamánica. Mediante este proceso, la persona deja su carácter profano y se transforma en un ser sacro; dicho de otro modo, al morir y renacer, participamos del mundo onírico con una confianza y fuerza renovada.
Al derrotar finalmente a nuestro adversario, o conseguir que sea parte de nuestro grupo de aliados, le solicitamos un regalo. Este símbolo, que deberemos anotar con cuidado especial, puede ser una canción, una imagen o una poesía. Utilizando este símbolo (primero en la incubación de los sueños, y cuándo alcancemos la lucidez, de forma conciente dentro del mundo onírico) podremos conseguir habilidades especiales en ese mundo (cómo volar, respirar agua, leer historias en los árboles) y nos permitirá invocar a nuestro aliado en caso de que lo necesitemos para defendernos de un ataque de otro personaje. Al pasar el tiempo, nuestros aliados son tantos personajes que ningún personaje que nos ataque dura más que unos momentos hasta que se transforma en nuestro aliado, y enriquece nuestros sueños.

 

En el caso de estar frente a una situación placentera que no hayamos podido consumar (por despertarse bruscamente, etc) se debe incubar un sueño en el cuál se continúe la relación o situación hasta su final. Una vez que se haya conseguido, se le puede solicitar un regalo al personaje (de nuevo es bueno recordar incubar estas intenciones en la frase que da nacimiento al sueño) con lo cuál el personaje será un aliado nuestro, si bien los aliados conseguidos por este método son principalmente útiles para vivir situaciones placenteras, creativas y sensuales.

 

Para finalizar este capítulo, querría mencionar una cierta práctica que realizan tanto los chamanes Senoi cómo los budistas tántricos Tibetanos (los principales adeptos oníricos de la historia). El chamán o yogui que quiere incrementar su seguridad y estabilidad incuba o persigue un sueño en el cuál se realice todo lo más horroroso que puede concebir o tenga relaciones tántricas con la visión más sensual y hermosa que pueda imaginar. Al ganar de aliados a sus más terribles pesadillas y consortar con sus visiones más sensuales, el yogui o chamán aumenta cada vez más su seguridad en el mundo onírico y en el mundo vespertino.

 

Fuente: http://www.plantasagrada.com/

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